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Transparencia y abogacía, un reto institucional 

Transparencia y abogacía, un reto institucional 
Juan Gonzalo Ospina considera que la nueva Junta de Gobierno está suspendiendo en transparencia desde el minuto uno de la nueva Junta de Gobierno.
20/1/2023 06:50
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Actualizado: 19/1/2023 23:11
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Nos recuerda Plutarco, en su obra «Vidas paralelas», como uno de los grandes males de las democracias griegas eran los sicofantes.

Y, precisamente, para combatir el mal de esos alertadores profesionales –la mayoría de veces anónimos y cuya finalidad era el propio beneficio–, fue irrumpiendo en el proceso ese antiguo brocardo que decía: “quien oculta su rostro para acusar, también es capaz de ocultar la verdad en lo que acusa”.

Se trataba el de los sicofantes, en definitiva, de un problema de transparencia (literalmente “aparecer a través de”), pues no podía verse quién o qué realmente había detrás de una denuncia.

La falta de transparencia -parafraseando a Cela– es como esa vaga nubecilla que, a veces, habita en las instituciones y que no nos deja ver lo que, de otro modo, tendría que aparecer con claridad. Por eso hoy voy a hablar sobre la transparencia y dedico este post a los valientes y soñadores; y siendo consciente de la crítica, motivada o no, que despertará en los lectores, pero con la confianza de que algún día columnas así no existirán porque quienes nos gobiernen actuarán siempre con la máxima transparencia, pulcritud, y decoro.

No se ha cumplido ni un mes desde que el día 20 de diciembre la abogacía madrileña diera su confianza al nuevo decano y a su Junta de Gobierno. Ni un mes y ya vemos los mismos gestos de siempre. Nuevo gerente y nueva directora de comunicación.

Algunos dirán que es normal, que el nuevo decano tiene que designar gente de confianza, aunque a mí todo esto me suena más a aquello de “to the victor go the spoils” (al vencedor le va el botín) que era la forma en la que los partidos políticos que llegaban al Gobierno se distribuían los cargos institucionales entre militantes y simpatizantes.

Como colegiado del ICAM no me gusta esto. Como colegiado creo que el gerente y sus trabajadores no responden al Decano como si fuera un “jefe”, sino que han de responder a la institución.

Pero más allá de los juicios de valor de la idoneidad o no, de los profesionales que desempeñan el cargo, cuya valía no cuestiono y aprovecho para desearles lo mejor, la crítica nuclear, como jurista y colegiado no es nunca a la personas, sino al fondo y a las formas de quien acaba de llegar a Decano del ICAM, que en su día le tendí la mano y no recibí contestación. 

¿Aspectos de fondo?

¿Conocerá la abogacía madrileña los términos de estas contrataciones? En particular el sueldo, al parecer de seis dígitos anuales. Es decir, no ha transcurrido ni un mes y ya se designan cargos cuyos sueldos anuales son superiores al del presidente del Gobierno de España o al del presidente del Consejo General del Poder Judicial.

Pero no menos grave –creo– es la falta de absoluta transparencia en las formas: ¿se aprobaron estas contrataciones en una Junta de Gobierno y en su caso, en cuál, ya que a fecha de hoy 20/01/2023 no aparecen en la web del Colegio (algo habitual)?

¿Esa junta aprobó por unanimidad esos salarios?

¿Qué opinaron los amigos de ALTODO fieles defensores de la pulcritud institucional de este nuevo aparente dedazo o es la devolución de un favor?

Se siguieron las normas de mérito, capacidad y publicidad, que recoge la propia web del ICAM o como tantas otras cosas, estás sólo están para decorar. 

Para hablar claro: ¿publicarán en la Intranet el orden del día de la Junta de Gobierno y el acuerdo que se tomó?

O aparecerá el típico resumen como hasta ahora, y que no es claro ni concluyente con la realidad de todo lo acordado, cómo si molestara ser transparente y gobernar de manera modélica.

Me cuesta creer que, con la celosa probidad de algunos de los Diputados, resulte que todos se hayan quedado callados, mirando hacia otro lado. 

Puedo imaginar las razones de la callada por respuesta, y aunque no comparto el silencio lo respeto porque están en su derecho, pero porque el ICAM es mi Colegio yo también tengo el derecho a alzar mi voz y denunciar la falta de transparencia, que nos afecta a todos y que hace, que la abogacía de base sienta que se ríen de nosotros. 

Por eso, como un amante de esta institución y de esta profesión que sólo podrá abordar sus problemas unida, y gestos como estos no sólo nos debilitan sino que nos dividen como Colegio, no me resignaré a callar.

No voy a mirar a otro lado y decir como he escuchado por ahí: “no te busques enemigos gratis”.

Que le voy a hacer, si creo, “que no hay mayor enemigo que la indiferencia”.

Esa indiferencia que precisamente nos ha traído hasta aquí. A una gestión opaca. Una gestión que da cuentas a medias. Una gestión que no informa con detalle. En definitiva una gestión que acaba de empezar y ya gobierna de espaldas al colectivo, exactamente como en tiempos no tan lejanos.

Nuevos tiempos exigen nuevas obligaciones

Y aunque sea difícil y el “sistema” aplauda estas prácticas, renuncio a creer que la mayoría de la abogacía acepta que se despilfarre su dinero sin dar cuentas. Renuncio a creer que tenemos que quedarnos callados. Renuncio a creer que tenemos que ser cómplices en el silencio de los abusos con el dinero de todos.

¿Es justo un sueldo que cifran en seis dígitos al año cuándo los compañeros del turno de oficio no cobran ni 3 euros de media a la hora? 

La transparencia como forma de entender la vida y, sobre todo, principio que impregna todas las facetas de la gestión pública, me llevan a pensar que esta situación no se prolongará mucho más tiempo, si alzamos la voz. 

Por ello, quiero dedicarle esta columna a todos los valientes y soñadores de una gestión transparente porque si conseguimos que la transparencia venza a la opacidad, independientemente de quien nos gobierne, ganarán las ideas frente a las personas.

Ganaremos todos, y estoy seguro de que tendremos un Colegio a la altura de las circunstancias y del que toda la abogacía esté realmente orgullosa. 

Y creo, que este es el único camino para vencer ante los retos de la profesión. Perseverar en este desiderátum, porque si paramos y no hacemos nada el polvo del abandono cubrirá una institución que está llamada a brillar en la sociedad civil y la administración de justicia.

Por ello, ahora más que nunca no desvanezcamos, cojamos fuerzas, y llenemos de valentía para esa crítica fácil que llegará, ya que parece que el camino, en la búsqueda de la excelencia, no ha hecho más que empezar.

Y, ¿tú?, querido lector, ¿en qué lado estás?

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