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Mujeres de derecho y por derecho

Mujeres de derecho y por derecho
La columnista Lourdes Pulido es abogada.
09/3/2023 22:23
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Actualizado: 10/3/2023 10:32
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La Revolución Industrial supuso un momento de gran transformación, no solo económica, sino también en la forma de entender el trabajo. Los movimientos obreros, fueron una puerta para que las mujeres pudieran entrar en las reivindicaciones que se hacían, en un momento en el que no existía ley alguna que las reconociera y defendiera. La mujer trabajaba, pero, ni tenía derecho al voto, ni a tener una cuenta, ni acceso a formación.

Criaba a sus hijos y trabajaba, e incluso su esperanza de vida era menor que la de los hombres.

El 8 de marzo de 1857, las mujeres de Nueva York, que trabajaban en la industria textil, pidieron mejores salarios y condiciones laborales, organizando una huelga, creando poco después un sindicato. Años después, el 8 de marzo de 1908, las mujeres volvieron a las calles de Nueva York, con el lema “Pan y Rosas” exigiendo el derecho al voto, la prohibición del trabajo infantil y reivindicaciones laborales.

Ya en 1910, en la conferencia internacional de Copenhague, Clara Zetkin propuso conmemorar el día de la mujer a nivel internacional, que se celebró el 19 de marzo de 1911, reuniendo a más de un millón de personas en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, exigiendo, además del derecho al voto y poder optar a cargos públicos, el derecho al trabajo de la mujer, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

La formación ha sido siempre un elemento que a la mujer le ha impedido acceder a puestos de trabajo. Sin formación, hemos seguido desempeñando trabajos inferiores, sin una mujer que pudiera estudiar, que se pudiera formar, era imposible la igualdad.

Soy muy agraciada y agradecida, porque he podido viajar, y en muchos países he visto a mujeres, acarreando a su bebé a la espalda y en la cabeza llevando un saco de cemento, un montón de ladrillos, un balde agua o un fardo de leña.

La mujer del tercer mundo, ha sido y sigue siendo una madre solitaria y una trabajadora infatigable.

Yo estudié, me formé, he podido acceder a un trabajo y ello me ha permitido poder decidir en mi vida sin depender de nadie. Pero muchas mujeres, hoy en día, se ven no solo con dificultades para poder acceder a los más elementales estudios, sino que incluso se les prohíbe ir al colegio.

Ahí empieza la dependencia de la mujer respecto del hombre.

Hoy, la ONU llama a todos y a todas, a unirnos bajo el lema “Por un mundo digital inclusivo: Innovación y tecnología para la igualdad de género”. Es obvio que la tecnología es importantísima en la actualidad, y por ello la mujer debe y tiene que estar presente en la formación y en los puestos de trabajo y desarrollo de todo lo relacionado con ella.

La mujer se quedó atrás en siglos pasados, en este siglo no puede volver a mirar como los hombres siguen subiendo peldaños a otro ritmo que el nuestro.

La realidad, que tenemos delante, y que no podemos negar, es que aún existe una brecha de género en el acceso digital, que impide a las mujeres disfrutar plenamente del potencial de la tecnología.

Así, la ONU refiere que “Su infrarrepresentación profesional y académica en las disciplinas de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas («science, technology, engineering, math»; STEM) sigue siendo un importante obstáculo para su participación en la gobernanza y el diseño de la tecnología.

Y la omnipresente amenaza de la violencia de género en línea —combinada con la falta de amparo legal— las obliga demasiado a menudo a abandonar los espacios digitales que ocupan.”

Hay dos palabras que, si no tenemos presentes, tardaremos muchos más años en lograr esa inclusión y esa igualdad que aún no existe, y son educación y participación.

La educación desde la infancia es fundamental. Y nos lo demuestra, que, en los últimos años, los jóvenes tienen comportamientos con las chicas que vuelven al pasado. Y eso no es tolerable, ni desde luego supone un atisbo de que las cosas vayan a mejorar.

SIN EDUCACIÓN NO DAREMOS PASOS HACIA LA IGUALDAD Y HACIA EL RESPETO

La participación de los hombres en este camino es también importante. Sin su efectiva y real cooperación, tardaremos mucho más. Las mujeres ya sabemos que somos iguales, ya sabemos lo que valemos, somos capaces, somos resolutivas y queremos nuestro sitio en la sociedad, en toda la sociedad.

Pero, cuando un hombre prefiera que un puesto lo ocupe un igual a él, en vez de una mujer, con la misma valía y preparación, debe haber otro hombre que le diga, ¿por qué?

Debemos de forma conjunta, incluidos los hombres, cuestionar e impedir, cualquier elemento de discriminación de la mujer, porque el mensaje no llega igual si lo expresa una mujer o un hombre.

Llega desde otro posicionamiento. Y necesitamos que los hombres, también, hablen de igualdad en su entorno, y en todos los momentos y lugares, cuando están tomando una caña y cuando están en un consejo de administración de una empresa del IBEX.

En el ámbito jurídico, las mujeres no tienen que demostrar absolutamente nada. Y como estamos aquí, a base de esfuerzo, queremos que se nos reconozca nuestro derecho a estar en puestos representativos, a acceder a los altos puestos de la magistratura, de la fiscalía, de la abogacía del estado y de los grandes despachos, de las grandes empresas, de la política y en general, que no se nos sigan poniendo palos entre las piernas, sin justificación alguna.

El día de la mujer, y todos los días, los hombres nos tienen que mirar asintiendo con la cabeza, reconociendo que estamos a su lado, abriendo puertas que antes nos han cerrado.

En la abogacía madrileña, no fue hasta 1920 cuando pudimos participar. Los estatutos de nuestro colegio, por Real Orden de 27 de abril, establecía en su artículo 1º que “Para ejercer la profesión es necesario estar incorporado al Colegio de Abogados de Madrid y pagar la contribución correspondiente. Las mujeres podrán ser admitidas al ejercicio de la profesión”.

Un colegio que ha cumplido más de 425 años para los hombres, admitía a las mujeres no hace tanto, y en ese corto espacio de tiempo hemos hecho mucho.

Esas abogadas pioneras, Victoria Kent (la primera colegiada del ICAM), Clara Campoamor, Matilde Huici, Carmen Cuesta del Muro o Concepción Peña, merecen todo nuestro reconocimiento y admiración.

Victoria Kent dijo: “Hasta ahora hemos vivido las mujeres al margen de la ley; nos hemos nutrido de las migajas del Derecho, tan comprensivo y amplio, tan humano y progresivo para el hombre, pero tan mezquino y triste, tan carcomido y duro para la mujer.” Sus palabras hablan por sí solas. Ya no queremos miajas.

Y por ello, se debe entender por todos, que la mujer ha tenido que acelerar sus pasos para llegar donde está ahora, porque, hemos llegado tarde a muchas cosas.

Pero, que nadie se confunda, porque, haber llegado después que los hombres, no puede llevar a pensar que necesitemos muchos más años para estar al mismo nivel, sería un grave error.

Hoy, las mujeres, somos más el 48 % en el ICAM, con una tendencia al alza. La presencia de la mujer en el Derecho es imparable y fundamental. Nuestra visión de las cosas, de la vida, del Derecho, es necesaria e imprescindible, y por ello, las mujeres del derecho seguiremos luchando por la igualdad, con voz firme y contundente.

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