El pequeño Nicolás se hacía famoso hace años. Y sus aparentes mentiras y falsedades ahora le han llevado a ser condenado por el más alto tribunal de la Justicia española.
Así pues, la Sala Penal del Tribunal Supremo ha confirmado la condena de 1 año y 9 meses de prisión y multa de 2.700 euros al pequeño Nicolás, Francisco Nicolás Gómez Iglesias, por un delito de falsedad en documento oficial.
Una decisión que condena al joven por haber procedido a poner en su DNI la foto de otra persona para que ésta última se presentará por él a la prueba de selectividad en septiembre de 2012.
En concreto, en la sentencia 920/2023, la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo desestima los argumentos de la defensa del pequeño Nicolás.
Así pues, desde el alto tribunal se desestima íntegramente los argumentos del escrito de adhesión presentado por Gómez Iglesias al recurso presentado por otra de las acusadas. El citado acusado reprochaba a la sentencia no contar con suficiente motivación y proporcionalidad, así como vulneración del derecho de defensa y a un juicio justo con todas las garantías y a la tutela judicial efectiva.
El Supremo sí estima el recurso de la funcionaria implicada
Sin embargo, la sala, compuesta por los magistrados Julián Sánchez Melgar, Antonio del Moral García, Carmen Lamela Díaz, Leopoldo Puente Segura y Javier Hernández García sí se ha pronunciado positivamente a favor de la funcionaria implicada en esta falsificación.
Por tanto, el Supremo sí estima el recurso presentado por la funcionaria del Ministerio del Interior que llevó a cabo la “refabricación por deterioro” del DNI de Gómez Iglesias.
Una operación en la que se incluyó la foto de la persona que iba a presentarse por él en la selectividad. Del mismo modo, el alto tribunal anula su condena de multa de 2.700 euros por el delito de falsedad en documento oficial cometido por funcionario público por imprudencia grave.
En los hechos probados, se destaca que no había quedado acreditado que la mujer se hubiese percatado de que la foto no era del pequeño Nicolás sino de la otra persona, ni que se hubiera concertado con el primero ni directamente ni por persona interpuesta, ni que ésta obrara a sabiendas de la falsedad del documento emitido.
Para el Supremo, “no considerados probados los hechos que las acusaciones presentan (en nuestro caso, la existencia de un concierto previo para falsificar un documento de identidad), los hechos fundantes del alternativo delito de imprudencia, desligándose de los invocados por las acusaciones (tales como el eventual parecido entre el aspecto que presentaba Francisco Nicolás el día de los hechos con la fotografía que aportó o las posibilidades de las que la acusada disponía para descubrir la añagaza), puedan ser incorporados al relato de los probados por la sola iniciativa del propio Tribunal, supliendo así indebidamente las funciones que corresponden a la acusación, con los demoledores efectos que ello proyecta sobre el derecho de defensa”.
El pequeño Nicolás lo negó todo
En el arranque del juicio, Gómez Iglesias negó los hechos asegurando que fue él quien se examinó de Selectividad. «Me presenté yo los tres días», dijo. Lo cierto es que obtuvo un 8,25 en la prueba cuando su nota media en Bachillerato apenas superaba el 5.
Según su versión, quien se presentó por él ni siquiera era su amigo, sosteniendo que le conoció a raíz de las actuaciones judiciales. En todo caso, apuntó, podría ser uno de los «entre 3.000 y 4.000 contactos» que tendría entonces en su teléfono móvil como «director de salas de discoteca».
El acusado de hacerse pasar por ‘El Pequeño Nicolás’ negó igualmente que llegara a acuerdo alguno con el joven para reemplazarle en Selectividad. Aseguró que se enteró de que había un DNI falso con su cara porque una amiga le avisó de que salía en las noticias. La fotografía, argumentó, pudo haberse obtenido de sus redes sociales.
La Audiencia Provincial consideró que ese relato no resultaba convincente. En primer lugar, porque Gómez Iglesias tuvo una «participación directa» en la expedición del DNI falso; en segundo, porque dio por probado que ambos se conocían; y, por último, porque un compañero de clase que testificó en el juicio dijo que Francisco Nicolás avisó en un chat a los alumnos de que alguien iría por él a Selectividad, llegando a pedir que le ofrecieran cobertura –que «lo acogieran en el grupo»– a cambio de ayudarles en el futuro.