Opinión | Así entendía la jueza Ruth Bader Ginsburg la independencia judicial

Ruth_Bader_Ginsburg
Yolanda Rodríguez recupera en su columna la figura de la desaparecida jueza del Tribunal Supremo estadounidense, referente mundial en la lucha por la igualdad, quien consideraba la independencia del poder judicial la piedra angular de la democracia.

24 / 01 / 2024 06:31

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A lo largo de su larga carrera judicial Ruth Bader Ginsburg, la ya fallecida jueza del Tribunal Supremo de Estados Unidos, impartió múltiples conferencias por todo el mundo abordando grandes cuestiones jurídicas: entre ellas, por supuesto, sobre la independencia judicial.

Un tema del que últimamente también se está hablando y mucho en España.

Ruth Bader Ginsburg sostenía que “cualquier país que se precie de tener un Estado de Derecho necesita poder contar de forma imprescindible con un poder judicial independiente: es decir, contar con jueces que no estén sometidos al control del político y, por tanto, pueden hacer cumplir la ley con imparcialidad”.

Igualmente señalaba que “la independencia judicial puede sufrir ataques, e incluso puede ser destruida si la sociedad a la que sirve la ley no la protege lo suficiente”.

Para afianzar su defensa de la independencia judicial, la jueza del Tribunal Supremo recurría a varios ejemplos recogidos en el libro “Mis propias palabras”, escrito por ella y sus biógrafas Mary Hartnett y Wendy W. Williams, donde se recopilan una colección de discursos y escritos suyos.

Uno de los que más me ha llamado la atención es la propuesta que el presidente Franklin Delano Roosevelt realizó para copar con partidarios suyos el Tribunal Supremo cuyos miembros se habían opuesto al programa New Deal, declarando inconstitucionales dieciséis leyes federales en materia social y económica en un lapso de tiempo de trece meses.

Ruth Bader Ginsburg señalaba que “frustrado por no haber podido sustituir a los “nueve ancianos” que entonces formaban el Supremo, el presidente Roosevelt envió al Senado un proyecto de ley para forzar cambio.

«Propuso añadir un magistrado por cada miembro del Tribunal que ya hubiera formado parte de él durante diez años o más y que no se hubiese jubilado seis meses después de haber cumplido los setenta años.

«De haber sido aceptada, la propuesta del presidente habría producido un aumento en el número de magistrados del Supremo: de nueve habría pasado a ser quince.

«La propuesta de Roosevelt fracasó por la movilización ciudadana que se produjo en contra del intento de secuestro del Supremo por parte del presidente, así como por la toma de conciencia entre los magistrados de la necesidad de tener en cuenta criterios en asuntos de política social y económica».

Y es que, como subraya con toda la razón la jueza Ruth Bader Ginsburg, “los ciudadanos a quienes de verdad les preocupa la buena salud de nuestro sistema consideran que colocar en el Tribunal a muchos magistrados que obedezcan al Congreso y al presidente erosionaría gravemente el estatus del poder judicial como uno de los tres poderes fundamentales del Estado”.

Ginsburg solía concluir las ponencias sobre la citada independencia con las palabras de dos juristas estadounidenses con ideologías políticas opuestas: Bruce Fein, conocido por ser conservador y, Burt Neuborne, famoso por ser progresista.

Ambos coincidían en señalar que “la independencia judicial consolida la libertad bajo un orden, la seguridad dentro del Estado, el Estado de Derecho y los valores democráticos de los Estados Unidos… Sería una locura dilapidar esta inestimable herencia constitucional para sofocar las ansias de unos cuantos políticos ignorantes”.

Seguro que muchos de nuestros lectores estarán de acuerdo con todas y cada una estas magistrales palabras de jueza Ruth Bader Ginsburg.

Ahora solo queda pasar se las palabras a los hechos y conseguir que la independencia judicial no quede cuestionada un día sí y otro también ante la opinión publica.

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