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Opinión | «El caso Sloane»: manipulación, poder y presión a través de los «lobbies» del Capitolio

Opinión | «El caso Sloane»: manipulación, poder y presión a través de los «lobbies» del Capitolio
02/6/2024 06:35
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Actualizado: 02/6/2024 13:33
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«El caso Sloane» ofrece una representación incisiva y perturbadora del mundo de los «lobbies» en Washington, un ámbito complejo y frecuentemente poco transparente donde las estrategias de influencia pueden llegar a distorsionar los principios de la democracia.

De reuniones secretas hasta la manipulación mediática, pasando por el espionaje y la compra de influencias, todo sirve a estos grupos de presión para moldear la política a su favor, a menudo en detrimento del bien común.

Y lo que es aún más preocupante, todas estas prácticas subrayan una verdad incómoda sobre la política estadounidense: el poder real a menudo reside no en los elegidos públicamente, sino en aquellos que operan detrás de escena.

La película gira en torno a Elizabeth Sloane (Jessica Chastain) una reconocida lobista, conocida por su astucia, determinación y falta de escrúpulos cuando se trata de asegurar la victoria para sus clientes, haciendo buena la frase «El fin justifica los medios».

Una convincente Jessica Chastain, en el papel de la «lobbista» Elizabeth Sloane, sostiene la tensión de toda la trama.

Ello le ha permitido convertirse en una de las personas más poderosas de cuantas operan entre bastidores en Washington. Un trabajo que ella define así, cómo bien le explica a su abogado, Daniel Posner (interpretado por David Wilson), durante la preparación de un proceso al que tendrá que enfrentarse por las tácticas empleadas en su trabajo.

Elizabeth Sloane: Hacer ‘lobby’ requiere previsión. Anticiparse a los movimientos del adversario y diseñar el contrataque. El que gana va siempre un paso por delante de la oposición. Y juega su baza, justo después de que ellos jueguen la suya.

Daniel Posner: Bueno, eso mejor no lo digas.

Elizabeth Sloane: Consiste en lograr sorprenderlos y que no te sorprendan a ti.

Al principio, Sloane trabaja para una poderosa firma de «lobbies» Cole Kravitz & Waterman, dirigida por George Dupont (Sam Waterston), que representa intereses de grandes corporaciones, incluidos los fabricantes de armas.

Pero tras reunirse con Bill Stanford, máximo representante de los fabricantes de armas, quien quiere contratarla para oponerse a la aprobación de la ley Heaton-Harris, que permitirá a las autoridades ampliar los controles a la hora de adquirir armas, ella no lo ve claro.

Tras un desencuentro con su jefe por ese asunto, decide cambiar de bando. No está de acuerdo en el tema de las armas y como ella misma le dice: «Yo trabajo por causas en las que creo».

Abandona la firma junto a casi todo su equipo, solo se queda su ayudante principal Jane Molloy, para unirse a Peterson Wyatt, un «lobby» mucho más idealista y vinculado al mundo de las ONGs, que está a favor de imponer controles más estrictos sobre la venta de armas de fuego.

Elizabeth Sloane junto a los compañeros de su equipo que deciden abandonar la firma de lobbies Cole Kravitz & Waterman.

Estrategias de presión

Elizabeth Sloane, como buena «lobbista», utiliza todas las técnicas y estrategias a su alcance, desde la indirectas (utilización y manipulación de los medios de comunicación o la construcción de alianzas estratégicas, que le permiten amplifica su influencia, captar fondos o diversificar los puntos de presión sobre los políticos).

Igualmente, a lo largo de la película, vemos como Sloane y su equipo realizan un intenso trabajo de campo, reuniéndose directamente con senadores y representantes para persuadirlos individualmente, adaptando sus mensajes a las preocupaciones y prioridades de cada legislador, llamadas telefónicas, análisis detallado de datos para anticipar las acciones y reacciones de sus oponentes…. Todo lo que haga falta para conseguir su apoyo, teniendo en cuenta, que su mayor motivación es el dinero.

Elizabeth Sloane: Mientras vosotros dais el callo [le dice a su nuevo equipo], yo me camelaré a los senadores influyentes que puedan atraer votos…. Ese es nuestro segundo frente.

El tercero, es identificar quien tiene influencia en los Estados que nos interesan: empresarios, colectivos de trabajadores… No os limitéis a entrar en el despacho de un senador y soltarle el rollo. Averiguad en quién confía, a quién no le conviene cabrear. Convencer a esa persona de que abogue por vosotros…. Así es como ganaremos.

Y así comienzan su batalla para conseguir los 60 votos necesarios para conseguir su propósito y para ello disponen de 84 días. Se observa en las pizarras del despacho cómo van consiguiendo lentamente ir ganando adeptos para su causa.

Y lo mismo hace el «lobby» contrario, quien no duda en chantajear a un senador, perteneciente a otro grupo de presión, «El Blue Dog» (que forman 6 senadores), con no apoyar la carrera de su hijo, sino cambiar de criterio.

Sloane recurre a un equipo de apoyo externo, exagentes de la NSA [con los que ya ha trabajado en otras ocasiones] para realizar prácticas ilegales de videovigilancia y geolocalización o cucarachas cibernéticas (capaces de acceder a cualquier lugar) para chantajear a un senador.

Sin embargo, el jefe del despacho Peterson Wyatt, Rodolfo Schmidt (interpretado por Mark Strong) le dice que «era alucinante, ingenioso, moralmente reprobable y del todo inaceptable».

Y le recuerda que «Nuestro despacho tiene determinados valores a los que no estoy dispuesto a renunciar».

Le pide que «busque otra manera».

Finalmente, el equipo decide recurrir una táctica más creativa, y persiguen al senador Hank Badgley por las calles de Michigan con una carroza gigante en forma de rata por su posible cambio de criterio. Finalmente, el senador se mantiene en la postura inicial contra las armas, dejando a un lado la carrera de su hijo.

Miembros de la poderosa firma de «lobbies» Cole Kravitz & Waterman, dirigida por George Dupont (Sam Waterston, en el centro de la imagen) conspirando para «destrozar» a su antigua «campeona del mercado libre».

Comisión de investigación «ad hoc»

Sloane continúa su estrategia, espiando a sus colaboradores, traicionándolos al descubrir sus secretos en público y sobre todo, recaudando muchísimo dinero para su causa. Lograr más de 15 millones de dólares en un trimestre.

Eso provoca que su anterior despacho, ante la posibilidad de que logre tumbar al todo poderoso «lobby» de las armas, inicie una campaña de desprestigio contra ella.

Lo primero que se les ocurre es manipular a una periodista para que realice una entrevista agresiva contra ella y hacerla parecer como una persona «sin principios», dispuesta a saltarse cualquier regla [algo que ha hecho para ellos durante los más de 11 años que ha trabajado en ese despacho]

Posteriormente, logran con la «ayuda» –más bien soborno, del senador Ron M. Sperling (genialmente interpretado por John Lithgow)– crear una Subcomisión en el Senado, alegando que ha infligido el código ético que regula el trabajo de los «lobbies».

George Dupont: La cosa no pinta muy bien para tí en este ciclo, Ron. En mi opinión, vas a tener que gastar mucho en publicidad.

Ron M. Sperling: No te he pedido tú opinión.

George Dupont: A ver, ¿quién podría financiar esos preciados anuncios en televisión?

Ron M. Sperling: He prometido mi apoyo a la ley Heaton-Harrys. No puedo votarla con una mano y estrangularla con la otra.

George Dupont: Puedes, si lo disfrazas de imparcialidad. Tú ya has criticado a los que hacen «lobby» otras veces. Dirigirás una Comisión de Investigación sobre los asuntos de Sloane en respuesta a la creciente presión mediática por su lista de fechorías.

Ron M. Sperling: Esas comisiones se pagan con el dinero del contribuyente.

George Dupont: Ron, nuestros clientes te han señalado a ti como el hombre capaz de hacer esto. Si te niegas, no podré impedirles que te asedien con financiación en tu contra. No pararán hasta aniquilarte. ¿Sabes de dónde viene la palabra «aniquilar»? Del latín. Significa «reducir a la nada». Eso es lo que harán contigo, Ron.

Ron M. Sperling: ¿Y qué hago?, ¿aceptar una mordida de Bill Sandford? ¿Liderar el ataque a la ley Heaton-Harrys como su defensor más destacado? ¡Hasta un niño podría atar los cabos!

George Dupont: Podemos crear una estructura para ofuscar la fuente. Tu mordida llegará en forma de donativos procedente de entre ocho o doce entidades, sin ninguna relación con las ramas.

Ron M. Sperling: ¿Cómo de grande sería la mordida?

George Dupont: Lo bastante como suponer la diferencia entre la posibilidad de poder seguir ejerciendo tus funciones como senador y la reducción de tu carrera a la nada.

Sloane se somete a un auténtico escrutinio público en su paso por la comisión del Senado.

Como suele ocurrir en estos casos, el avance de la comisión investigadora ha puesto de relieve la intensidad con la que el poder, incluso aquel legitimado por vías democráticas, puede actuar al sentirse amenazado.

Más que buscar la clarificación de los hechos o proponer ajustes normativos para prevenir futuras incidencias, el proceso parece centrarse en desacreditar personalmente al investigado.

En este marco, detalles privados como sus condiciones médicas —padece de insomnio crónico y utiliza medicamentos para mantenerse alerta—, así como aspectos de su vida íntima, incluyendo su posible relación con un trabajador sexual, son expuestos públicamente.

Este enfoque sugiere un uso del escrutinio público no como herramienta de justicia, sino como estrategia para minar la credibilidad de su posición política, o en el caso que nos ocupa minar la firma y sus métodos o, simplemente, desviar la atención.

«Una «lobbista» de principios no puede confiar solo en su capacidad para ganar»

Cuando alguien como la protagonista lleva muchos años en el complicado mundo de la política, y más concretamente, de la trastienda política, sabe que no hay que confiarse. Y nada mejor que escuchar su alegato final, para comprender esa oscura y desconocida trastienda.

Elizabeth Sloane: Creo que el proyecto de ley Heaton-Harris es justo. Pero también reconozco que esto no fue lo que me motivó. Cuando me ofrecieron el puesto en la campaña me pareció un reto fascinante.

Mi decisión de aceptarlo se basó en mi deseo de ganar. La mayor victoria que jamás habría tenido. Está claro que mi conducta ha dejado mucho que desear en lo que a principios éticos se refiere. He sobrepasado límites con consecuencias desastrosas llevada por mi obsesión. He traicionado a las personas más cercanas a mí. He puesto vidas en peligro. Por eso merezco mucha más censura que por cualquier irregularidad administrativa.

Cuando se vote el proyecto de ley Heaton-Harris desearía que todos los parlamentarios siguieran, no mis pasos, sino los del grupo de personas que están detrás de mí, quienes han hecho grandes sacrificios para luchar por lo que ellos creen que es justo.

Desearía que esos parlamentarios emitiesen su voto movidos no por el interés de su ascenso político, sino por lo que ellos creen que es lo justo para su país.

Pero sé que mi deseo es en vano y que esto nunca ocurrirá porque nuestro sistema está corrupto. No recompensa a los políticos honrados que votan en conciencia. Recompensa a las ratas, dispuestas a traicionar a su país con talo de seguir chupando del bote.

No se equivoquen: esas ratas son los auténticos parásitos de la democracia estadounidense. [Hace una breve pausa para beber agua, ante la atenta mirada de un presidente de la comisión cada vez más incómodo].

El presidente de la comisión de investigación, Ronald Michel Sperling, magníficamente interpretado por John Lithgow.

En ese momento, Elizabeth Sloane, narra como ella ya previó que pudiera producirse un ataque contra su persona para frenar el empuje de su campaña y dañar su credibilidad. Y vuelve a recordar el alegato que preparó con su abogado al inicio de la película: «Hacer ‘lobby’ requiere previsión, anticipar lo movimientos del adversario y diseñar el contaataque».

Mientras ella sigue con su argumentación su ex ayudante Jane Molloy, presenta su dimisión ante uno de los directivos de la firma Cole Kravitz & Waterman, alegando que lo suyo «es más el campo académico». [Y abandona la sala de vistas].

Elizabeth Sloane: Cuando me fui de Cole Kravitz & Waterman, dejé a uno de mis colaboradores en sus filas. Se urdió un plan para financiar una investigación trampa a petición del ‘lobby’ de las armas [imágenes de secuencias anteriores]. Mandé espiar a George Dupont hasta que se reunió con un parlamentario que mostró la suficiente corrupción moral como para unirse a la conspiración. Dicho parlamentario es el senador Ronald Michel Sperling.

Ron M. Sperling: ¡Silencio! No puede usar este estrado para lanzar acusaciones difamatorias.

Elizabeth Sloane: Tecleen la siguiente dirección IP en su navegador [recita un listado de números]. Y descarguen un archivo llamado «Terremoto» [allí se ve el soborno y todos los periodistas empiezan a levantarse y el secretario de la comisión levanta la sesión].

En definitiva, «El caso Sloane» desmitifica la política idealizada en producciones como «El Ala Oeste de la Casa Blanca», con mi admirado Aaron Sorkin, y explora las sombrías tácticas de manipulación en Washington D.C.

Realiza una representación cruda y sin concesiones que pone ante el espejo la moral en ruinas y el oportunismo depredador que caracterizan a ciertos sectores del poder político, destacando el sacrificio personal extremo que algunos hacen por su carrera, consumidos por el juego del poder.

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