Elisa Mouilaá, actriz de las que llenan platós y alfombras rojas con la facilidad de quien ya se ha acostumbrado a los focos, soltó este jueves una bomba que dejó temblando a más de uno: «Hola, yo soy víctima de acoso sexual por parte de Íñigo Errejón y quiero denunciarlo».
Así, sin anestesia ni rodeos, lo lanzó en lo que antes llamábamos Twitter, ahora una especie de X que solo sirve para que la indignación corra más rápido que los hechos.
La presentadora no se anduvo con medias tintas, y en otro tuit dejó claro que no lo había dicho antes porque tenía miedo. Como si el miedo fuera algo novedoso en este país, donde lo único que sorprende es que alguien todavía se atreva a hablar.
Lo curioso no es tanto la denuncia —en los tiempos que corren, ya nada sorprende—, sino la forma en que lo hizo: mencionando de paso a Ramón Espinar, otro que salió de la política antes de que le salpicara más barro del que podía soportar.
Y no se quedó ahí. Hizo desfilar a varios medios, desde TVE hasta La Sexta, como si llamarlos a testificar en la plaza pública fuera a hacer más ruido. Y claro, hizo.
Errejón, fiel a ese tono suyo de filósofo de barrio, tampoco tardó en responder. A mediodía, con la misma red social que ahora parece juzgado y verdugo, anunció su retirada de la política mientras su formación política ya lo estaba investigando.
Lo de siempre: que el personaje y la persona, que la contradicción, que ha tocado fondo. Que necesita cuidarse y trabajar en sí mismo, dijo, como si la política fuera una especie de trinchera en la que todos se quedan heridos.
«Para avanzar en mi proceso personal», rezaba el comunicado, «debo dejar la política institucional». Y uno se pregunta si el psicólogo de turno cobra por horas o por tramas enteras.
La actriz, famosa por su paso por series como ‘Águila Roja’ y otros programas que rellenan la parrilla con más ruido que nueces, no perdió el tiempo. Poco después de publicar su acusación, según informó el periodista Carlos Quílez, ya estaba en camino a la comisaría, dispuesta a dejar constancia oficial del asunto.
Porque no basta con que la noticia circule por las redes, hay que darle forma legal para que esto no quede en el limbo de las habladurías.
El periodista Manu Marlaska, siempre en primera fila cuando el escándalo es fresco, se hizo eco de la situación en TardeAR: “Tengo constancia de que hay más casos”, decía, como si el acoso sexual fuera una plaga silenciosa a punto de desbordar.
Mouilaá, con tono firme, aseguraba que no pretendía convertirse en el centro de la tormenta mediática, aunque las redes ya la hubieran colocado en ese lugar.
«No quiero salir haciendo declaraciones. Con lo que he dicho en X es suficiente», añadió, dejando en el aire la esperanza de que otras mujeres siguieran su ejemplo. Porque, según la actriz, hay más, muchas más.
Así que aquí estamos, otra vez, viendo cómo se desmoronan los personajes de cartón piedra que la política y la televisión nos han vendido. Errejón, el niño prodigio de la izquierda, desmoronándose bajo el peso de sus contradicciones, y Mouilaá, la actriz valiente que alza la voz en un mundo donde lo más fácil es callarse y seguir actuando.
Y mientras tanto, la vida sigue, como siempre, con su ironía habitual y sus tragedias disfrazadas de noticia del día.