Nunca escribo sobre política, no me dedico a ello, pero hoy he sentido la necesidad de escribir unas líneas dedicadas a un conflicto que, entre otras cosas, es político. Una guerra, que, como todas, es injusta e injustificable. De lo que voy a tratar en realidad en estas líneas es de Derecho Penal Internacional, y en particular de Israel y Palestina.
Eso sí me apasiona.
Soy un operador jurídico, soy abogada, y entre mis funciones está hacer que se velen y respeten los derechos fundamentales de las personas, y yo me pregunto…
¿Qué nos pasa a los abogados que no nos pronunciamos, rebelamos, manifestamos, hacemos oír nuestra voz en todo esto que está pasando desde hace más de un año?. En realidad, mucho más tiempo, porque el conflicto entre ambos países viene de largo.
Estamos ante un conflicto que se origina a finales del siglo XIX intentando facilitar la convivencia entre judíos y árabes en la franja de Gaza y Cisjordania, en el que Gran Bretaña estuvo muy presente en este proceso, llegando a emitir la Declaración Balfour durante la Primera Guerra Mundial, cuyo propósito era apoyar un “hogar nacional” para los judíos en Palestina.
Esta Declaración no fue bien recibida por la comunidad árabe, que consideraba que favorecía más a los judíos. Una potencia mundial como era Gran Bretaña en ese momento, apoyaba al sionismo, (derecho de los judíos a establecerse en Israel), movimiento organizado por el austrohúngaro Theodor Herzl.
De acuerdo con el judaísmo la Tierra de Israel o “Sion” es la Tierra Prometida por Dios para los judíos.
1947, AÑO CERO
Con los años, concretamente en 1947, la ONU propuso un Plan de Partición, para dividir Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe, con Jerusalén bajo administración internacional.
Nuevamente, los árabes no estaban a favor, pues seguían creyendo que se favorecía más a los judíos. Un año después, en 1948, se proclamó el Estado de Israel, lo que desató una guerra con los países árabes vecinos. Israel consolidó su territorio y se estableció como un estado independiente, pero cientos de miles de palestinos fueron desplazados durante este conflicto.
Desde entonces, las guerras no han cesado.
Este es solo un breve resumen de la historia entre Palestina e Israel. Lo sucedido es mucho más complejo y tiene dimensiones políticas, religiosas y sociales mucho más profundas.
Pero llegamos a 2025, y tenemos a un nuevo presidente de Estados Unidos, que lo es por segunda vez, que se ha posicionado a favor de Israel, ha reducido su ayuda a la Autoridad Palestina y a organizaciones internacionales que trabajaban con los palestinos, como la UNRWA (Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos). Ha afirmado, faltando a la verdad, que el pueblo palestino no está dispuesto a negociar la paz, ha defendido la guerra y el exterminio de los palestinos, y ahora pretende llevar a cabo una “limpieza étnica”, desplazando a dos millones de palestinos a países vecinos.
Este mismo presidente apoya a otro sobre el que pesa una orden de arresto internacional emitida por la Corte Penal Internacional (CPI) desde noviembre de 2024: Benjamin Netanyahu, perseguido por crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y genocidio, tras ser denunciado por la República de Sudáfrica, Bangladesh, Bolivia, Comoras y Yibuti, que invocaron la prerrogativa para referir la situación en Palestina al Fiscal de la Corte, es decir, denunciaron ante la Justicia Internacional al Primer Ministro de Israel.
EL PAPEL DE LA CORTE PENAL INTERNACIONAL
La Corte Penal Internacional, el máximo referente del Derecho Penal Internacional, ha perseguido prácticamente solo a líderes africanos. En los últimos años, ha comenzado a recibir críticas de los países más poderosos, que nunca querrán rendir cuentas ante este tribunal.
Esta Corte se creó con la entrada en vigor del Estatuto de Roma en 2002, a raíz de los tribunales ad hoc para los crímenes de Ruanda y de la antigua Yugoslavia, con el objetivo de perseguir los crímenes contra la humanidad.
La CPI no forma parte de las Naciones Unidas y tiene su sede en La Haya, Países Bajos.
Entre los 124 países que firmaron el Tratado, se encuentra Estados Unidos, pero lo firmó sin ratificarlo después.
Bill Clinton autorizó la firma del Estatuto de Roma por parte de su país un día antes de ceder el poder a George W. Bush, quien adoptó una postura agresiva contra la Corte Penal Internacional, apoyando la entrada en vigor en 2001 de la Ley de Protección de Funcionarios y Personal Estadounidenses (American Service Members Protection Act, ASPA), que limitaba la cooperación de Estados Unidos con la CPI y contemplaba sanciones a los países que ratificaran el Estatuto de Roma.
A día de hoy, Estados Unidos no forma parte de la misma.
La CPI es un tribunal de jurisdicción voluntaria, lo que significa que para ejercer su autoridad sobre un caso, los Estados Parte deben aceptar su jurisdicción.
¿Qué ocurre aquí?
Que Israel no firmó ni ratificó el Estatuto de Roma, pero Palestina es parte integral de este tratado.
El Estatuto de Roma reconoce dos condiciones bajo las cuales la CPI puede ejercer su jurisdicción: la conexión territorial y la conexión por razón de nacionalidad. Por tanto, la Corte tiene jurisdicción para juzgar a los acusados si el crimen se ha cometido en el territorio de un Estado que ha ratificado el Estatuto de Roma, o si el acusado es nacional de un Estado Parte.
NO HAY DUDA: LA CPI TIENE JURISDICCIÓN PARA PERSEGUIR A NETANYAHU
No hay duda, por tanto, de la jurisdicción de la CPI para perseguir al líder de Israel. Y si Europa y los demás países que han ratificado el Estatuto de Roma no respetan y hacen cumplir la decisión de este Tribunal, se derrumbaría toda la estructura del Derecho Internacional.
Estados Unidos, China y Rusia son grandes detractores de la CPI, considerándola una amenaza a su soberanía. Sin embargo, la Corte ha contado con el apoyo de muchos países, especialmente africanos, y ha juzgado a decenas de líderes africanos.
Pero precisamente, Vladimir Putin es uno de los líderes no africanos perseguidos por la CPI desde su creación. En marzo de 2023, tras la invasión de Rusia a Ucrania, se dictó una orden de arresto contra él, y varios líderes europeos, incluso Estados Unidos con Joe Biden, mostraron su apoyo a esta medida.
El 7 de octubre de 2023, los terroristas palestinos de Hamás y la Yihad Islámica Palestina llevaron a cabo un atentado contra Israel, que respondió con los bombardeos más destructivos de nuestra historia moderna y con la invasión de Palestina 20 días después.
Desde entonces, se calcula que alrededor de 50.000 palestinos han muerto a causa de esta guerra, de los cuales cerca de la mitad son niños, y miles de niños más han quedado huérfanos.
Así, a esta lista de personas perseguidas por la Corte Penal Internacional se suma hoy Netanyahu. Veremos qué futuro le espera y cuál será la respuesta de los países que lo apoyan.
Cantantes como mi admirado Marwan, hijo de un refugiado palestino, y cientos de actores, tanto estadounidenses como españoles, algunos de los cuales vimos ayer en la gala de los Premios Goya reivindicando la paz, no cesan de denunciar en sus redes y públicamente este terrible genocidio.
Son gestos dignos de admiración porque son rostros muy visibles, pero no solo ellos deben pronunciarse en favor de la paz y de Palestina.
Los juristas no estamos haciendo lo suficiente por denunciarlo. España es uno de los firmantes del Estatuto de Roma y no estamos contribuyendo lo suficiente para resolver el conflicto.
Cuando los españoles hemos querido, nos hemos unido y nos hemos hecho oír. Somos un pueblo multiétnico y solidario, y lo demostramos siempre que podemos.
o debemos bajar el nivel. Apoyar a un pueblo que está siendo masacrado y devastado no implica ponerse en contra de Israel, ya que no todos los israelíes apoyan la guerra.
Sin embargo, sí debemos mostrarnos favorables a que se sancione a los responsables de los crímenes contra la humanidad, y para eso se creó la Corte Penal Internacional.