Resulta que en España hay tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial.
Resulta que en España hay un poder que parece sentir la imperiosa necesidad de cambiar los fundamentos, la naturaleza y el ser del otro poder: el ejecutivo. Resulta que en España hay un poder que es garantía y defensa de los derechos de todos los ciudadanos: el judicial.
Resulta que en España hay un poder que quiere cambiar desde dentro a otro, para hacerlo más permeable a sus intereses, más dominable: el ejecutivo.
Todos conocemos esa frase mítica “un anillo para gobernarlos a todos”.
Con estos mimbres se está tejiendo, más rápido que lento, la cesta de la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial, Proposición de Ley orgánica -autor: el Gobierno, o sea, el Poder Ejecutivo-, que el pasado día 22 de mayo tuvo entrada para el inicio de su tramitación -por el procedimiento de urgencia, cuanto más rápido, mejor- en el Congreso de los diputados.
También sabemos sumar dos más dos y conocemos el concepto mayoría absoluta. Al poder ejecutivo la aritmética del poder legislativo le viene de perlas.
No vamos a detenernos artículo por artículo; solo con la Exposición de motivos tenemos bastante.
ACABAR CON LA MOLESTA INDEPENDENCIA DEL PODER JUDICIAL
El objetivo es claro: acabar con la molesta independencia del poder judicial. Se aplica para ello un principio básico de ‘El arte de la guerra’ de Sun Tzu: “Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas”.
Manos a la obra, cambiemos la composición desde dentro de la carrera judicial, para que, para sorpresa de nadie, cuando seas tú, el político, el investigado, el juez te deba directamente su puesto de trabajo y salario.
Estómagos agradecidos.
Apelemos a normativas y sentencias europeas, que nada dicen de abuso en la contratación temporal de jueces sustitutos, para revestir la reforma contra el poder judicial de glamour.
Laminemos la independencia judicial desde dentro, para así conseguir el objetivo final: la dependencia del poder judicial del poder ejecutivo.
Y en medio, los ciudadanos, que pagarán cara la cuenta de la reforma contra el poder judicial.
El poder judicial, el juez que juzgará tu caso, será menos independiente.
La garantía de tus derechos fundamentales, será menos eficaz. Porque ahora, quien pasa sus horas de estudio y penurias en una silla, nada debe a nadie.
En el futuro, así será; quizás, esa justicia dependiente del ejecutivo incline su balanza a favor del poderoso, sea o no político.
El poder judicial, al que pertenezco, será independiente. O no será poder judicial.