La IA es la innovación decisiva de nuestro tiempo, pero también es la supertecnología cuyo liderazgo es objeto de porfiada lucha entre Estados Unidos y China.
La IA es, por tanto, geoestratégica. Las dos superpotencias están expandiendo activamente las esferas de su respectiva influencia tecnológica con el fin de explotar estratégicamente las dependencias los demás países. Europa, mientras tanto, mantiene una posición secundaria de mero consumidor de soluciones que no desarrolla.
Por eso, no basta con considerar la IA como un mero avance tecnológico. Europa debe desarrollar con urgencia sus propias soluciones de IA y la infraestructura necesaria para ellas. Tal prioridad debe reconocerse como un componente central de los intereses geopolíticos de Europa y, por lo tanto, también de España.
Se trata nada menos que de la formación de una nueva «mentalidad sobre la IA».
España debería acumular su propia experiencia y no perder la oportunidad de ejercer su liderazgo gracias a sus anteriores pasos clave como la aprobación de la Carta de Derechos digitales en 2021 o la puesta en marcha del sandbox regulatorio de la IA en 2024.
Y es que Estados Unidos ha declarado el liderazgo tecnológico mundial en IA como objetivo de seguridad nacional. Se persiguen con ello dos objetivos: primero, dominar el mercado global de IA a través de los estándares estadounidenses, y segundo, limitar el desarrollo de la IA china.
Las empresas estadounidenses están liderando el desarrollo de la IA en todo el mundo en software, hardware e infraestructuras en la nube, con un fortísimo apoyo específico para su industria nacional de IA con el fin de asegurar cuotas de mercado globales en chips, software y modelos de uso general.
Al mismo tiempo, Estados Unidos busca frenar el desarrollo de la IA en China. La regla de difusión de IA introducida bajo Joe Biden, que excluye por completo a China de los chips estadounidenses, está siendo revisada actualmente por la Administración Trump.
Estados Unidos lleva tiempo exigiendo garantías de seguridad a empresas y gobiernos extranjeros para adquirir sus chips de IA. La Administración Trump también podría incrementar las exigencias, como decretar obligatoria la participación de empresas estadounidenses en centros de datos extranjeros.
China, por su parte, está trabajando para construir una IA independiente y controlable en su propio ecosistema.
«El gobierno español debe desarrollar una brújula de IA en clave geopolítica. Habrá que establecer unos pocos objetivos concretos en una dirección que asimismo implique sinergias con Latinoamérica, e integrar también las iniciativas que ya están desarrollando algunas comunidades autónomas como Galicia, Aragón, Comunidad Valenciana o Extremadura».
ESPAÑA Y EUROPA, EN RIESGO DE SER DEPENDIENTES DE EE.UU.
Europa se ve directamente afectada por la competencia de la IA, pero hay una falta de comprensión geoestratégica generalizada en muchos Estados miembros y las propias instituciones de la Unión.
Nuestras dependencias a través de la infraestructura, los modelos de IA de uso general y su licenciamiento crean nuevas estructuras de poder geopolítico. Mientras que Europa todavía sigue discutiendo el futuro deseado, los hechos tecnológicos y de mercado están siendo creados por otros actores.
En efecto, ya se están desarrollando sofisticados modelos de IA para fines militares y la IA se está integrando en las arquitecturas de seguridad. Sin embargo, las grandes superpotencias no desarrollan estas capacidades en modelos abiertos.
España y Europa corren el riesgo de convertirse en nuevos dependientes, probablemente de Estados Unidos, a pesar de los compromisos con la soberanía europea a través de la regulación y la innovación abierta inclusiva.
Por ejemplo, la start-up francesa de IA Mistral ya ha suscrito un acuerdo de cooperación con Microsoft, lo que tiene sentido, ya que Europa por el momento no puede ponerse al día con los gigantes tecnológicos estadounidenses, pero surge la cuestión de si Europa podría desarrollar sus propias soluciones.
La competencia directa no tiene por qué ser el leitmotiv, sino la resiliencia selectiva. La dependencia de Europa de la tecnología estadounidense en el sector de la nube ya supera el setenta por ciento. Las economías de escala y los efectos de bloqueo son demasiado grandes para logar una plena soberanía estratégica en toda la Unión. Por eso, las relaciones con los ecosistemas tecnológicos globales son inevitables.
TODAVÍA HAY ESPACIO PARA LOS MODELOS DE IA PROPIOS
Sin embargo, se deben considerar en paralelo las áreas críticas, por ejemplo, los modelos de IA propios y los centros de datos que se necesitan en defensa, infraestructuras críticas, servicios públicos o salud.
Para ello, habrá que tomar en serio las dimensiones de la competencia mundial, en la que España compite con Estados Unidos, China, pero también con Gran Bretaña, Francia o los Estados del Golfo.
Por lo tanto, el gobierno español debe desarrollar una brújula de IA en clave geopolítica. Habrá que establecer unos pocos objetivos concretos en una dirección que asimismo implique sinergias con Latinoamérica, e integrar también las iniciativas que ya están desarrollando algunas comunidades autónomas como Galicia, Aragón, Comunidad Valenciana o Extremadura.
En el Reino Unido, por ejemplo, cuentan con el AI Security Institute (AISI), donde más de 50 expertos investigan desarrollos globales, algunos de ellos de gigantes de la IA como Open AI.
El gobierno de España también debería aumentar su capacidad operativa real de manera específica, por ejemplo, en el nuevo Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, y contratar personal del sector privado e investigador.
Un equipo de este tipo sería ideal para cumplir dos tareas: seguir la evolución de la política geopolítica y de seguridad de la IA y asesorar al Presidente del Gobierno de forma continua en cuestiones pendientes de resolver, como, por ejemplo, si el acceso y propiedad de los centros de datos debe regularse para terceros y de qué manera.
Del mismo modo, se necesitan urgentemente inversiones en capacidad computacional. Aquí se pueden establecer incentivos fiscales, y nuestras Administraciones públicas central, autonómicas y locales deben actuar como clientes poderosos en clave geoestratégica.
Existen naturalmente otros aspectos que hay que mejorar, como el acceso a la energía. Pero ya se podría empezar con un replanteamiento: la IA debe entenderse como una dimensión geoestratégica prioritaria de España.