Opinión | CDL: Ventriloquía y testigos en Inglaterra y Gales (I)

Josep Gálvez, «barrister» en las Chambers de 4-5 Gray’s Inn Square en Londres y abogado español, cuenta en esta nueva columna que en Inglaterra y Gales los testigos tienen que hacer una declaración por escrito antes de testificar en el juicio oral. Foto: JG.

7 / 10 / 2025 05:44

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Cuando éramos críos y llegaba el fin de semana, en las televisiones de toda España mandaba José Luis Moreno con su troupe y, sobre todo, con Rockefeller, el cuervo vestido de frac con sombrero de copa.

Pero también el inquietante Monchito, aquel chavalín de madera que opinaba más que un cuñado en Nochebuena.

Era todavía un país en blanco y negro que iba virando al color, y Moreno llenaba teatros, platós y las noches con la misma soltura con la que repartía pullas con sus muñecos.

Si uno cerraba los ojos, juraría que la voz era ajena al señor de la mano enguantada.

Abrías los ojos y, bueno, ya se veía el truco, pero a nadie le importaba: el espectáculo era el espectáculo.

En el Reino Unido la cosa era bastante parecida, aunque mucho antes, la radio encumbró a Peter Brough y a su muñeco Archie Andrews, estrella de ‘Educating Archie’.

¿Y por qué empezar hablando de Monchito, Rockefeller y Archie?

Pues porque en los pleitos de Inglaterra y Gales, con ‘barristers’ impolutos y vieja liturgia de peluca y toga,  uno de los pecados capitales es precisamente la ventriloquía jurídica.

Es decir, cuando es el abogado quien habla a través del testigo.

Con este telón de fondo, les traigo una interesante sentencia de la ‘High Court’.

Concretamente, de la División de Propiedad, ‘Trusts’ y Sucesiones, donde el tribunal abordará la tentación de la ventriloquía procesal y pone a los testigos en su sitio.

LOS HECHOS DEL CASO “TIMOTHY FULSTOW V JEREMY FRANCIS”

La historia arranca en Swindon, esa Inglaterra de ladrillo rojo y cielo rascado por grúas, con un proyecto mayúsculo llamado “New Eastern Villages”.

Según la publicidad, es “la mayor regeneración urbana del Reino Unido” con hasta 12.000 viviendas si la cosa llega a puerto.

Dos amigos, Timothy Fulstow y Robert Woods, se reúnen con el promotor llamado Jeremy Francis, quien, al parecer, les prometió una parte en la empresa Capital Land (EDA) Swindon Limited, que es la que tiene los terrenos para construir.

Esto pasa a mediados de 2015 y nuestros amigos ponen pasta en el proyecto en noviembre de ese mismo año con la esperanza de sacar tajada al asunto.

Así, el promotor les envía unos correos donde viene a decir: “Cuando llegue el dinero a la cuenta, os reservo un porcentaje de las acciones y preparo los papeles”.

A ojos de los dos inversores, eso suena a trato hecho.

Después hay una reunión en un pub llamado Home House donde, según los dos amigos, se pacta absolutamente todo con el promotor, estando todos los flecos cerrados.

Pero para Jeremy Francis, esto es más bien un primer paso para que los dos amigos se impliquen de verdad y suelten las perras, aportando más financiación para el proyecto gordo que viene detrás.

Según él, aún faltan muchas cosas por acordar y aquello no era para nada un acuerdo cerrado.

Y claro está, las discrepancias se convierten en un follón que, a su vez, se vuelve en un pleitón.

La batalla, por tanto, está en qué compra de verdad ese dinero invertido y si la intención era conseguir alrededor de un millón de libras de inversión para el buen fin del proyecto.

El asunto sube a la ‘High Court’ y se celebran cinco días de audiencias en junio de 2024 ante David Stone, sentado como ‘Deputy High Court Judge’.

Pero antes de entrar al tajo probatorio, hay un prólogo procesal que importa mucho para nuestro caso.

LOS ‘WITNESS STATEMENTS’, LA PUERTA DE ENTRADA DEL TESTIGO

En España, los testigos aparecen por primera vez en el pleito el día de la vista y es para someterse a las preguntas de los abogados.

Y del juez, si le quedan ganas. 

Pero en Inglaterra y Gales a los testigos se les hace intervenir antes a través del famoso ‘witness statement

¿Y esto qué demonios es?

Pues sencillamente, la declaración del testigo por escrito y que se aporta antes del juicio.

Por tanto, ni es un alegato del abogado ni un artículo de opinión.

Es el propio testigo quien cuenta, en primera persona, lo que vio, hizo o entendió.

Además, está firmada con un ‘statement of truth’, que es una fórmula solemne por la que el testigo asegura que lo dicho es verdad.

Y es que, a diferencia de otros países donde las trolas salen gratis, en Inglaterra y Gales si el testigo miente se expone a un buen lío de narices.

Muy al contrario, según dicen, de algunos juicios en España, donde si usted pone bien el oído, se puede escuchar al testigo decir aquello de “Toma, Moreno”.

Pero resulta que, en la jurisdicción mercantil británica, el régimen es todavía más ceñido por obra y gracia de la ‘Practice Direction’ 57AC, una regla que gobierna los ‘witness statements’.

En efecto, desde abril de 2021, el propósito de PD57AC es “erradicar” (el verbo no es casual) el uso indebido del testigo como vehículo de la narrativa del abogado, como comentario e incluso opinión.

Así, la cascada de resoluciones que interpretan esta norma ha dejado claro que se acabó el “copia-pega” de cronologías con glosa e incluso poética no precisamente aristotélica.

Total que, cuando se llega a la vista correspondiente al juicio, el ‘witness statement’ no se lee en sala de cabo a rabo como si fuera un discurso.

Bien al contrario, se da por bien conocida y se pasa directamente a las preguntas del abogado contrario en el famoso “cross-examination”, precisamente con fundamento en su declaración por escrito.

Así evitamos que el testigo reitere machaconamente la misma cantinela y se vaya directamente al turrón.

Además, para que ese papel no se convierta en el Conde de Montescrito, las reglas inglesas obligan a que el texto sea concreto, breve y que diga qué documentos fueron utilizados para refrescar la memoria.

Además, el ‘solicitor’ debe certificar que ha seguido las reglas y que no ha seguido el “dictado” del abogado, como José Luis Moreno a Monchito.

¿El objetivo?

Pues primero, un evidente ahorro de tiempo y, sobre todo, evitar las “reconstrucciones creativas” del pasado.

Y si, a pesar de todo lo anterior, el ‘witness statement’ se ha escrito como si fuera un informe del abogado, el juez puede hacer varias cosas.

Por ejemplo, ordenar que se corrija o incluso tachar párrafos enteros.

Pero si no es suficiente, darle poco o ningún peso a la testifical o incluso excluirla.

Y no es postureo, es la práctica diaria.

Otra cuestión interesante es que en Inglaterra y Gales no hay diferencia entre las testificiales de la propia parte y de un tercero supuestamente ajeno a la disputa.

Todos son testigos a los ojos del juez, aunque unos más convincentes que otros, lógicamente.

Dicho de otra manera, cuando el juez ve la mano del abogado dentro del muñeco, le baja el volumen o directamente lo deja sin cabeza.

Con eso en mente, volvamos a nuestro caso de los inversores contra el promotor.

Y es que, en el arranque de las audiencias, el ‘barrister’ de la defensa del constructor pidió que se borraran del mapa los ‘witness statements’ de los demandantes por incumplir de cabo a rabo la regla procesal PD57AC.

Pero el juez declinó dejar a los actores sin base testifical, lo que habría alargado el juicio con probables recursos contra esta decisión, pero avisó de que la sanción sería de peso.

Es decir, cuanto menos cumplan las reglas procesales, menos credibilidad tendrán las testificales.

Y ahí empezó la procesión que seguiremos viendo la semana que viene.

Hasta entonces, mis queridos anglófilos.

Josep Gálvez es «barrister» en las Chambers de 4-5 Gray’s Inn Square en Londres y abogado español. Está especializado en litigios comerciales complejos y arbitrajes internacionales. Interviene ante los tribunales de Inglaterra y Gales, así como en España, y actúa también como ‘counsel’ y árbitro en disputas internacionales en las principales instituciones de arbitraje.

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