Opinión | La nueva guerra fría económica: por qué Trump ha perdido la paciencia con China

Jorge Carrera, abogado, exmagistrado y exjuez de enlace de España en Estados Unidos, analiza la cancelación de la reunión entre Trump y Xi Jinping y sus implicaciones en la nueva guerra comercial global. Sobre estas líneas, Donald Trump y Xi Jinping.

12 / 10 / 2025 05:40

En esta noticia se habla de:

¿Qué ha llevado al presidente más impredecible de la historia moderna de Estados Unidos a cancelar abruptamente su reunión con Xi Jinping y amenazar con aranceles del 100 % sobre todos los productos chinos?

La respuesta no está en las declaraciones públicas de Donald Trump, sino en una realidad económica que se ha vuelto insostenible para Washington: China ha decidido jugar con las mismas reglas despiadadas que Estados Unidos, y eso ha cambiado completamente el tablero geopolítico mundial.

Lo que presenciamos hoy no es una simple escalada más en la guerra comercial entre las dos superpotencias. Es el momento en que Trump se ha dado cuenta de que su estrategia de presión económica contra China no solo ha fallado, sino que ha provocado una respuesta simétrica que amenaza con neutralizar por completo la hegemonía industrial estadounidense.

El detonante: China devuelve el golpe

El jueves 9 de octubre, Beijing anunció nuevas restricciones a la exportación de tierras raras que van mucho más allá de cualquier medida anterior. No se trata solo de controlar la venta de estos minerales esenciales para la fabricación de semiconductores, vehículos eléctricos y tecnología militar.

China ha decidido exigir licencias de exportación incluso para productos que contengan trazas de estos materiales, convirtiendo efectivamente su control del 90 % del procesamiento mundial de tierras raras en un arma geopolítica de alcance global.

La reacción de Trump fue inmediata y reveladora de la verdadera dimensión del problema. En lugar de las habituales amenazas vagas, el presidente estadounidense anunció aranceles adicionales del 100 % sobre todos los productos chinos a partir del 1 de noviembre, además de controles sobre la exportación de software crítico estadounidense.

Pero lo más significativo fue su decisión de cancelar la reunión con Xi Jinping prevista para finales de octubre en la cumbre APEC de Corea del Sur, declarando que “ya no ve motivo para hacerlo”.

La lógica implacable del espejo

Lo que realmente ha irritado a Trump no es que China esté jugando sucio, sino que esté jugando exactamente con las mismas reglas que Estados Unidos estableció. Desde 2018, Washington ha usado sistemáticamente la dependencia tecnológica como arma de presión, bloqueando el acceso chino a semiconductores avanzados, software crítico y tecnologías de inteligencia artificial.

Ha presionado a países aliados para que impongan aranceles punitivos sobre productos chinos, especialmente en sectores estratégicos como vehículos eléctricos y energía solar.

China, después de años de intentar negociar y absorber estas presiones, ha decidido aplicar la misma lógica de manera simétrica. Si Estados Unidos puede usar su dominio en semiconductores y software como herramienta geopolítica, China puede hacer lo mismo con su monopolio casi absoluto sobre el procesamiento de tierras raras.

Si Washington puede presionar a terceros países para que se alineen con sus políticas comerciales, Beijing puede enviar sus propias “cartas hostiles” exigiendo el cumplimiento de sus nuevas regulaciones de exportación.

La diferencia fundamental es que China ha aprendido a ser más eficiente en el uso de sus ventajas estratégicas. Mientras Estados Unidos necesita construir coaliciones complejas y costosas para presionar a China, Beijing puede paralizar cadenas de suministro globales con una simple decisión administrativa sobre las tierras raras.

El colapso de la estrategia trumpista

La cancelación de la reunión Trump-Xi revela el fracaso fundamental de la estrategia económica estadounidense hacia China. Durante años, la lógica de Washington ha sido que la presión económica suficiente obligaría a Beijing a capitular ante las demandas estadounidenses.

Esta premisa se basaba en la creencia de que China tenía más que perder en una guerra comercial prolongada debido a su dependencia de las exportaciones al mercado estadounidense.

Pero la realidad de octubre de 2025 demuestra lo contrario. China ha logrado diversificar suficientemente sus mercados de exportación y, más importante aún, ha desarrollado la capacidad de responder simétricamente a la presión estadounidense.

Las nuevas restricciones sobre tierras raras no solo afectan a Estados Unidos, sino que crean disrupciones en cadenas de suministro globales que obligan a empresas europeas, japonesas y de otros países a tomar partido en el conflicto sino-estadounidense.

El momento decisivo llegó cuando Trump se dio cuenta de que cada escalada estadounidense genera ahora una contraescalada china equivalente o superior. Los aranceles del 60 % propuestos por Trump durante la campaña ya no son una amenaza creíble cuando China puede paralizar la producción de tecnología avanzada controlando el suministro de materiales críticos.

La trampa de la interdependencia simétrica

Lo que hace particularmente frustrante esta situación para Trump es que China ha logrado crear su propia versión de “interdependencia simétrica”. Durante décadas, la relación económica sino-estadounidense se basó en una división aparentemente clara: China fabricaba productos manufacturados baratos para el mercado estadounidense, mientras que Estados Unidos proveía tecnología avanzada, servicios financieros y propiedad intelectual.

Esta división asimétrica daba a Washington ventajas estratégicas claras. Estados Unidos podía amenazar con cortar el acceso a tecnologías críticas, mientras que China solo podía responder con medidas que dañarían principalmente a sus propios exportadores.

Pero el “China Shock 2.0” ha cambiado fundamentalmente esta ecuación. China ya no se limita a exportar productos de bajo valor agregado. Domina ahora sectores estratégicos como vehículos eléctricos, baterías de iones de litio y paneles solares, mientras que controla simultáneamente los materiales críticos necesarios para estas industrias.

Esto significa que puede infligir dolor económico a Estados Unidos sin dañar necesariamente su propia economía, especialmente si logra mantener el acceso a mercados alternativos.

Las consecuencias de la escalada inevitable

Los aranceles del 100 % anunciados por Trump representan una escalada que va más allá de cualquier precedente en la historia comercial moderna. No buscan modificar el comportamiento chino ni generar ingresos fiscales; buscan hacer económicamente inviable cualquier producto chino en el mercado estadounidense. Es una declaración de guerra económica total.

Las consecuencias inmediatas ya son visibles en los mercados financieros. El Dow Jones cayó 400 puntos tras el anuncio de Trump, mientras que el S&P 500 perdió un 1,3 % y el Nasdaq se desplomó un 1,9 %.

Estos movimientos reflejan no solo la preocupación por una nueva escalada comercial, sino el reconocimiento de que la interdependencia económica global puede desintegrarse mucho más rápidamente de lo que se había anticipado.

Pero el impacto real se sentirá en los consumidores estadounidenses, que enfrentarán aumentos drásticos en el costo de productos electrónicos, componentes industriales y bienes de consumo.

Un arancel del 100 % sobre productos chinos no solo duplicará su precio, sino que creará escasez en sectores donde no existen alternativas inmediatas a la producción china.

El nuevo orden económico bipolar

La cancelación de la cumbre Trump-Xi marca simbólicamente el fin de la era de engagement económico entre las superpotencias y el comienzo de una nueva etapa de “desacoplamiento estructural”. No se trata ya de ajustar balanzas comerciales o negociar términos más favorables, sino de reorganizar la economía global en bloques económicos separados y potencialmente hostiles.

China responderá a los aranceles del 100 % no solo con medidas simétricas contra productos estadounidenses, sino acelerando la construcción de cadenas de suministro alternativas que excluyan componentes y tecnologías occidentales.

Las restricciones sobre tierras raras son solo el comienzo de una estrategia más amplia para usar el dominio chino en materiales críticos como palanca para obligar a terceros países a elegir entre el acceso al mercado chino y la alineación con las políticas comerciales estadounidenses.

La paradoja del poder económico

La gran ironía de la situación actual es que Trump, quien llegó al poder prometiendo restaurar la dominación económica estadounidense, puede haber acelerado inadvertidamente la transición hacia un orden multipolar donde Estados Unidos ya no puede dictar unilateralmente las reglas del comercio global.

Cada escalada de la guerra comercial ha obligado a China a desarrollar capacidades de respuesta más sofisticadas y a construir alianzas económicas alternativas. Las restricciones estadounidenses sobre semiconductores llevaron a China a intensificar sus inversiones en capacidad doméstica de chips.

Los aranceles sobre productos manufacturados chinos han acelerado la diversificación de los mercados de exportación chinos hacia el Sur Global. Ahora, las amenazas sobre tierras raras han llevado a China a weaponizar completamente su control sobre estos materiales críticos.

El resultado es que Estados Unidos se encuentra en una posición donde cada ejercicio de poder económico genera una respuesta que reduce su capacidad de ejercer ese poder en el futuro.

Es una dinámica que recuerda peligrosamente a las espirales de escalada que caracterizaron las crisis de la Guerra Fría, pero trasladada al ámbito económico, con consecuencias potencialmente más devastadoras para la prosperidad global.

La cancelación abrupta de la reunión Trump-Xi no es solo una táctica negociadora; es el reconocimiento implícito de que la estrategia estadounidense de presión económica ha llegado a un callejón sin salida.

Lo que viene después será una reconfiguración fundamental del orden económico global, con consecuencias que se extenderán mucho más allá de la relación bilateral sino-estadounidense y que definirán el panorama geopolítico de las próximas décadas.

Opinión | Artemis, el poder que se proyecta y el Imperio que se desmonta

Opinión | La guerra de Irán desata una fractura interna que puede costarle al trumpismo su mayoría en el Congreso

Opinión | ¿A dónde vas, Donald Trump?: La aritmética implacable de una guerra que no se puede ganar desde el aire

Opinión | Donald Trump, el presidente que no sabe salir de su propia guerra

Opinión | Por qué la negativa europea a seguir a Trump en Irán no es debilidad, sino racionalidad estratégica

Opinión | La toma de Cuba: Trump, la Helms-Burton y lo que España tiene en juego

Lo último en Firmas

Nómina

Opinión | La nómina: claridad, justicia y reconocimiento profesional

Salarios

Opinión | Los sueldos salen a la luz: Europa pone fin al secreto del salario

Carlos III en el Capitolio

Opinión | El discurso del Rey de Inglaterra en el Capitolio: Lo que la Casa Blanca debería haber entendido

teniente coronel balas(1)

Opinión | Un binomio lapidario: «Al final, el que paga manda»

Trump y el eje chino-ruso-iraní

Opinión | China, Rusia e Irán, el Eje que Trump no supo ver