José Luis Ábalos ha prescindido de su abogado defensor cuando apenas faltan 48 horas para su declaración en el Tribunal Supremo. El exministro de Transportes ha notificado al magistrado Leopoldo Puente que rompe su relación profesional con José Aníbal Álvarez, alegando «diferencias irreconducibles» que hacen «inviable el mantenimiento de la asistencia letrada».
En el escrito presentado por su procurador, Ábalos reconoce que estas discrepancias «lejos de constituir una circunstancia puntual en el tiempo, se han convertido en una constante». El resultado: ha tenido que preparar solo su comparecencia del próximo miércoles.
Lo más llamativo es que el diputado del Grupo Mixto no informa al tribunal quién asumirá su defensa. Una omisión significativa que probablemente obligará al instructor a aplazar la declaración.
Una estrategia que ahora queda en suspenso
Hasta ahora, Ábalos había mantenido una línea clara ante el juez: responder a su abogado y al magistrado, evitando el silencio. Un planteamiento distinto al de Koldo García, su exasesor, que ya va por su tercer letrado.
La citación de este miércoles tiene un objetivo concreto: interrogar al exministro sobre el último informe de la UCO. Los agentes han detectado «consistentes indicios» de que los patrimonios de Ábalos y Koldo presentan «significativas zonas de intersección».
En cristiano: Koldo habría pagado regularmente gastos de Ábalos. La lista es extensa y reveladora: pensión alimenticia de uno de sus hijos, nóminas de su empleada doméstica, regalos a amistades, cuotas hipotecarias, viajes y otros desembolsos personales. Todo ello «alcanzando un importe verdaderamente significativo», según destaca Puente en su auto.
El agujero patrimonial
El magistrado va más allá. Del análisis de las cuentas de Ábalos «no resulta la existencia de contrapartidas» hacia García que justifiquen esos pagos. Dos posibilidades, según Puente: o Koldo asumía los gastos «sin contrapartida explícita alguna», o Ábalos le devolvía el dinero «en metálico o de otro desconocido modo».
La conclusión del instructor resulta contundente: considerando los ingresos regulares de Ábalos y sus gastos reales, es probable que «pudiera haberse beneficiado de alguna fuente irregular de ingresos». Esto encajaría con «las recepciones ilícitas de dinero en metálico que indiciariamente se le atribuyen».
Una versión que choca frontalmente con lo que Ábalos declaró en junio ante el Supremo. Entonces aseguró que su relación con Koldo «no pasaba de la ordinaria entre un ministro con uno de sus varios asesores». Difícil de sostener cuando ese asesor paga tu hipoteca y la pensión de tu hijo.
El magistrado sospecha ahora que ambos podrían haber mantenido «métodos no transparentes de comunicación de sus respectivos patrimonios, recibiendo indistintamente ingresos irregulares y opacos», posiblemente derivados de los delitos investigados.
Por ahora, Ábalos mantiene la prohibición de salida del país, pasaporte retirado y comparecencias periódicas. Y busca abogado.