Opinión | La nueva huida del Derecho Administrativo

Javier Junceda, abogado, jurista y profesor de derecho administrativo, reflexiona sobre el poco interés de las nuevas generaciones sobre esta materia. Foto: Confilegal.

22 / 10 / 2025 05:44

En esta noticia se habla de:

No me ocuparé aquí de la clásica idea acuñada en su día por Clavero Arévalo del abuso por las Administraciones de fórmulas de derecho privado para ganar en flexibilidad y sortear los rígidos controles fijados para el ordenamiento público.

Quiero referirme más bien a esa otra huida del derecho administrativo que advierto cada vez más en las nuevas generaciones de juristas.

En realidad, ya en mis años de Facultad percibí esa débil atracción de mis compañeros hacia la disciplina, que no sabría si achacar a su dureza, su dificultad de comprensión o al nivel docente.

En mi caso, este último elemento constituyó para mi justo lo contrario: un acelerante de mi interés por la materia, al tener la fortuna de contar con profesores que eran a su vez profesionales del derecho, lo que otorgaba un mayor atractivo a las clases, al dominarse en ellas la letra y la música.

Llevo la vida entera compaginando la abogacía con la docencia del derecho administrativo. Y cada vez me cuesta más despertar la atención de los alumnos hacia la materia.

Cuando pregunto al terminar cada semestre sobre quién tiene intención de dedicarse a la abogacía vinculada al derecho público, pocos levantan la mano.

Y algo así merece una reflexión detenida.

Y también autocrítica en quienes nos dedicamos a esta rama del conocimiento jurídico, porque la verdad es que no hemos sabido transmitir a los estudiantes el atractivo de la asignatura.

Tal vez pese en ese fracaso el que buena parte de los cuerpos docentes han dado la espalda en alguna medida a la práctica, limitándose a impartir salmodias repetitivas cargadas de grasa y escaso músculo.

«Conocer la trascendencia y utilidad que a diario tiene para los ciudadanos el derecho administrativo quizá sea la vía más elemental para encender el interés sobre él en la gente joven. Y enseñarlo desde esa visión práctica, empleando el método del caso que lo haga atractivo».

Como escuché una vez al maestro Enterría, el derecho administrativo o es práctico o no es nada. Sin embargo, no pocos de los que se dicen sus seguidores no parecen hacerle en esto demasiado caso, por lo que se ve.

Pero igualmente hemos de reconocer quienes cultivamos este derecho profesionalmente que tampoco hemos dedicado excesivo tiempo a enseñarlo a la gente que se nos aproxima para conocerlo más en profundidad.

La carga de trabajo puede que tenga relación con lo que acabo de señalar, pero no es excusa: tendríamos y tenemos que esforzarnos mucho más de lo que hacemos para desentrañar sus secretos a los pocos interesados con que aún contamos.

Lo que está claro es que si no cuidamos de la cantera, mal vamos a poder afrontar tantísimos asuntos que se acumulan a diario en nuestros despachos.

Y eso resulta muy preocupante, porque la renovación de equipos o la ampliación de plantillas pueden resentirse, con graves efectos para la abogacía y el propio justiciable.

De ahí que debamos empeñarnos en sacar brillo a una rama de derecho no solo insustituible, sino de extraordinario interés desde cualquier óptica.

Como es natural, no todos los días firmamos contratos civiles, mercantiles o laborales, ni cometemos o estamos expuestos a crímenes, pero sí recorremos un dominio público donde podemos tener un accidente o ser multados, o hacemos uso de servicios públicos que deben prestarse como es debido.

Conocer la trascendencia y utilidad que a diario tiene para los ciudadanos el derecho administrativo quizá sea la vía más elemental para encender el interés sobre él en la gente joven. Y enseñarlo desde esa visión práctica, empleando el método del caso que lo haga atractivo.

De no hacerlo de ese modo y seguir la cosa como está, pronto los que nos dedicamos a este derecho seremos más viejos que carracuca y estaremos enterrados en contenciosos y más contenciosos sin poder contar con la ayuda de nadie.

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