La fiscal superior de Madrid, Almudena Lastra, ha comparecido hoy por la tarde ante el Tribunal Supremo y ha dejado un titular contundente. Relató que, al preguntar al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, en conversación telefónica el 14 de marzo de 2024 a las 09:08 de la mañana «¿habéis filtrado los correos [electrónicos del caso Alberto González Amador]? obtuvo esta respuesta: “Eso ahora no importa«.
“Se me grabó en el alma”, ha afirmado ante los siete magistrados del Supremo que juzgan a García Ortiz por un supuesto delito de revelación de secretos. «No me pareció irrelevante. A mí sí me importaba», ha añadido, en lo que ha supuesto un testimonio claro de cargo.
El empresario González Amador es la pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
Cuando se produjo esa conversación, el 14 de marzo mencionado, ya había sido publicado en varios medios de comunicación el correo electrónico que Carlos Neira, abogado de González Amador, Carlos Neira, había dirigido al fiscal de delitos económicos que llevaba el caso, Julián Salto, el 2 de febrero, ofreciéndole un acuerdo de conformidad para evitar la entrada en prisión de su cliente.
Lastra explicó que tuvo conocimiento de la denuncia contra González Amador el 7 de marzo de 2024. Fue un correo remitido desde la Fiscalía Provincial. Apenas lo revisó, aseguró, y nadie en su entorno sabía quién era el afectado.
El tema volvió a aparecer el 12 de marzo, tras la publicación de una noticia sobre la investigación. Ese mismo día, en una conversación informal con Pilar Rodríguez, la fiscal provincial de Madrid, subordinada suya, y Salto, supo de la oferta de conformidad del abogado del empresario para evitar la prisión. Salto lo confirmó “como algo normal”.
El estallido
El 13 de marzo surgieron informaciones que apuntaban a que había sido la Fiscalía la que había ofrecido un pacto y que “órdenes de arriba”, que apuntaban sin mencionarlo al fiscal general del Estado, lo habían paralizado. Lastra sostiene que sabía que ambos extremos eran falsos y pactó con García Ortiz recabar datos antes de reaccionar públicamente.
La noche de ese 13 de marzo la Cadena SER el «email» del abogado de González Amador que desmentía la noticia publicada por previamente por El Mundo a las 21.29 de esa noche con el titular «La Fiscalía ofrece a la pareja de Ayuso un pacto para que admita dos delitos fiscales».
A El Mundo lo siguieron otros medios como Libertad Digital y Vozpópuli repitiendo el mismo relato de que desde la cúpula de la Fiscalía habían malogrado el acuerdo de conformidad «ofrecido» por el fiscal de delitos económicos.
Ese escenario provocó que el fiscal general del Estado quisiera contestar a través de una nota de prensa, para lo que pidió los correos electrónicos que cruzaron Neira y Salto, correos que supuestamente filtró a la Cadena Ser.
El fiscal Salto relató en su deposición previa que esa noche del 13 de marzo, mientras asistía al partido Atlético de Madrid–Inter de Milán, en el estadio Metropolitano, recibió llamadas de la fiscal superior de Madrid, Almudena Lastra, pidiéndole que le enviara los correos electrónicos que el abogado de González Amador, Neira, le había dirigido con la oferta de conformidad.
Lastra entendió, ante la queja de su subordinado, que la cosa podría esperar hasta el día siguiente. Sin embargo, poco después le llamó la fiscal jefa provincial de Madrid, Pilar Rodríguez, y le ordenó que enviara la cadena completa de correos con la defensa de González Amador cuando terminara el partido. «Tiene que ser ahora porque el fiscal general no puede esperar», le explicó.
Esa misma noche, Lastra ha explicado que mantuvo una conversación con su subordinada Rodríguez, a las 21.59 en la que la segunda le contó que había mandado al fiscal general del Estado todos los correos electrónicos. «¿Para qué le pasas los correos? Los van a filtrar», le dijo la fiscal superior a la fiscal jefe de Madrid. Una conversación que Rodríguez niega.
Esa noche, esa información salió a la luz en la Cadena Ser y al día siguiente en otros medios.
La nota de prensa
Lastra ha defendido que no quiso precipitarse esa noche y que ordenó apagar el móvil: “Yo es que soy fiscal; yo trabajo por las mañanas”.
Ha explicado que su jefe de prensa incluso amagó con dimitir ante la insistencia de la Fiscalía General de que publicaran cuanto antes una nota.
Finalmente, el comunicado se publicó el 14 de marzo a las 10:22, pero con el membrete de la Fiscalía Provincial de Madrid y no del despacho de Lastra.
“No creo que sea nuestro papel desvelar la estrategia de defensa de nadie”, ha sostenido sobre dicho comunicado. Lastra ha justificado no hacer pública la investigación desde el inicio porque González Amador es, en sus palabras, “un señor particular».
La Fiscalía, ha recordado, informa cuando un asunto afecta a una personalidad pública, no a su familia. Reivindicó neutralidad.
La fiscal superior ha subrayado que, durante su mandato, las más de 300 notas de prensa emitidas por la Fiscalía “nunca” habían contenido nada parecido a la información difundida sobre la pareja de Isabel Díaz Ayuso. Una afirmación rotunda que marca distancia con aquel comunicado y su tono excepcional.
En la sesión, la teniente fiscal del Tribunal Supremo, María Ángeles Sánchez Conde, y la abogada del Estado Consuelo Castro —defensora del fiscal general, Álvaro García Ortiz— apuntaron a un dato relevante: la fiscal Lastra ignoró las llamadas y mensajes de WhatsApp del fiscal general, impartió órdenes para no responder a los medios y sostiene que no abrió ni los correos ni el expediente relativo a González Amador.
Una secuencia de hechos que, según las defensoras de García Ortiz supone un reproche hacia Lastra porque revela una falta de colaboración institucional en un asunto de alto perfil, donde la transparencia y la diligencia son exigencias legales, no meras opciones.
Lastra, en la última sesión de apertura de tribunales del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que tuvo lugar el pasado mes de octubre, ya avanzó que posiblemente no sería renovada el próximo año por la Fiscalía General del Estado, lo que denota el abismo existente entre ambas partes.