Opinión | Elogio de la Procura

Javier Junceda
Javier Junceda, jurista y abogado, expone las razones de por qué la procura es imprescindible para su trabajo y el de sus compañeros. Foto: Confilegal.

26 / 11 / 2025 05:43

En esta noticia se habla de:

He vuelto, un curso más, a subrayar la importancia de los procuradores ante mis alumnos del Máster de Abogacía en distintas universidades. Algunos se cuestionaban su existencia misma, a buen seguro por desconocimiento del decisivo rol que desarrollan para el trabajo judicial.

Aunque alguna ley, como la procesal contenciosa, haya considerado en determinados casos prescindible su concurso, siempre he contado con él. 

Y ello por varias razones. 

La primera, por el impagable servicio que prestan al abogado y su cliente al lidiar con LexNET, ese artilugio tal vez ingeniado en un congreso de psiquiatras o neurólogos, capaz de acabar en ocasiones con la paciencia del santo Job. 

Quería yo verme, o ver a tantos otros compañeros letrados, metidos a diario en ese berenjenal digital.

El segundo motivo es su eficaz colaboración en la llevanza de los asuntos, que se traduce en múltiples e inestimables funciones, desde la gestión de gastos derivados del pleito con cargo al cliente, sus alertas tempranas sobre próximos señalamientos y control de plazos, o su insustituible labor en las ejecuciones de determinadas decisiones judiciales, como los embargos o lanzamientos.

Incluso he tenido la suerte de que los procuradores con los que he trabajado me han advertido en ocasiones de determinadas cuestiones a tener en cuenta en mis escritos forenses, que no había advertido o bien debieran matizarse.

Un buen procurador, en definitiva, forma parte del equipo del abogado y contribuye por esa vía a una mejor defensa del justiciable.

Cuando de vez en cuando se plantea el futuro de la procura, se suele centrar el asunto en el coste que supone para los usuarios de la justicia. 

Lo que no se dice es que esas tareas que realiza el procurador alguien las tendrá que hacer, y cobrar además por ello.

Cuando en el proceso abreviado contencioso asume esas faenas el letrado, las minuta aparte con un importe similar al que percibiría el procurador, lo que confirma que no hay aquí ahorro alguno para la parte que hace uso del proceso judicial. 

Si no existiera la procura, en fin, habría que inventarla, parafraseando a Voltaire. 

No me imagino mi ejercicio profesional sin estos discretos colegas que nos ayudan a diario en nuestro cometido, y que nos informan también de qué pie cojea este o aquél juzgado, porque ha de saberse que los procuradores conocen al dedillo lo que se cuece en el partido judicial donde radican, algo de suma trascendencia práctica.

Sin su participación en el proceso, incluso a través de los habilitados con los que a veces cuentan, no alcanzo a comprender cómo podríamos sacar adelante los asuntos. Posiblemente lo lograríamos, pero desde luego con los procuradores todo es más fácil y eficaz.

¡Larga vida a la procura!

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