La clausura del XXVII Congreso de la Asociación Profesional de la Magistratura (APM), que hoy llegó a su fin en Murcia, derivó en un «choque de trenes» entre la presidenta de la asociación, María Jesús del Barco, y el ministro de Justicia, Presidencia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, por las críticas del Gobierno al avance del fallo de la sentencia contra el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz.
El enfrentamiento, seguido con expectación por los asistentes, marcó el tono de un acto en el que ambas partes exhibieron de forma abierta su creciente distancia.
Bolaños defendió que en democracia es legítimo criticar y discrepar de resoluciones judiciales siempre que se haga “con respeto”, reivindicando la libertad de expresión y los recursos procesales como vías institucionales para canalizar las diferencias.
Subrayó que el Ejecutivo “en ningún momento deslegitima” a la Justicia ni a los tribunales. Estas palabras, lejos de suavizar el ambiente, dieron paso a una respuesta frontal de Del Barco.
La presidenta de la APM tomó la palabra con un discurso contundente, dirigido directamente al ministro, a quien reprochó lo que considera una estrategia comunicativa del Gobierno destinada a distorsionar la imagen de la judicatura.
“Hoy vienes a vendernos tu producto; no te lo vamos a comprar porque viene con vicios ocultos”, afirmó, arrancando un prolongado aplauso que culminó con el auditorio en pie.
Del Barco lamentó que la polarización política haya impedido un Pacto de Estado en materia de justicia y expresó sus dudas sobre el compromiso del Ejecutivo de crear 2.500 nuevas plazas de jueces y fiscales, recordando la ausencia de presupuestos aprobados.
Criticó asimismo la campaña gubernamental ‘Poder ser juez como tu padre’, a la que definió como un mensaje “machirulo”, subrayando que el 57% de la carrera judicial son mujeres y que solo un 5,84% de los miembros de la judicatura tiene familiares en la profesión, en contra de la tesis de una supuesta herencia de élite.
La presidenta de la APM acusó, además, al Gobierno de intentar “controlar a los jueces” a través de reformas legales que, en su opinión, buscan recortar su independencia.
“El silencio sería la peor mentira y no somos mentirosos”, afirmó, antes de desear irónicamente que las reformas del Ejecutivo “duerman el sueño de los justos”. Incluso evitó pedir la dimisión de Bolaños, bromeando: “A ver si va a venir otro que te haga bueno”.
Bolaños respondió asegurando que acudía al congreso con la intención de ser escuchado, aunque admitió que “parece evidente que no con la mente abierta”.
Trató de rebajar la tensión insistiendo en que sus reformas no afectan “ni una coma” de la independencia judicial, sino que persiguen modernizar un marco normativo que considera obsoleto.
Defendió su actuación en el desbloqueo del Consejo General del Poder Judicial y destacó los datos de la Ley de Eficiencia, que, según dijo, ha reducido la pendencia judicial a nivel nacional y en algunos municipios de forma muy significativa.
Sus afirmaciones, como la relativa a la autonomía del Ministerio Fiscal, fueron recibidas con risas por parte del auditorio.
Bolaños aseguró también que ninguna comunidad autónoma ha pedido prorrogar la entrada en vigor de la tercera fase de dicha ley y reiteró que la creación de 2.500 plazas depende de la aprobación de la normativa correspondiente.
El choque entre Del Barco y Bolaños evidenció la tensión institucional existente entre la principal asociación de jueces y el Gobierno en un momento marcado por reformas polémicas, acusaciones cruzadas y un clima generalizado de desconfianza.
El ministro buscó presentarse como un reformista dispuesto a dialogar; la presidenta de la APM, como la voz de una carrera judicial que se siente cuestionada. El resultado fue un enfrentamiento que escenifica la fractura creciente entre ambos poderes del Estado.