Opinión | CDL: La mayor catástrofe medioambiental de Brasil ante la jurisdicción de Inglaterra y Gales (III)

Josep Gálvez, «barrister» en las Chambers de 4-5 Gray’s Inn Square en Londres y abogado español, continúa en esta tercera entrega, el caso del colapso de la presa de Fundão, en Brasil que acabó en los tribunales de Londres. Foto: JG.

16 / 12 / 2025 05:45

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En lo alto de la torre del Parlamento británico, el reloj más famoso del mundo no se corrige ni con láseres ni con inteligencia artificial, sino con simples ‘pennies’ de cobre.

Y es que al Big Ben le ajustan el pulso añadiendo o quitando monedas sobre el péndulo.

Una moneda acelera un pelín y otra lo frena.

Ese detalle tan simple mantiene a raya un mecanismo gigantesco.

Un gesto mínimo que decide si la capital llega a su hora o va con retraso.

La lección es sencilla y muy británica: no todo se arregla aferrándose ciegamente a lo más moderno.

El sistema funciona sencillamente  porque alguien cuida de los pequeños detalles que evitan desviaciones enormes.

Y si nadie pone o quita la moneda a tiempo, el reloj simplemente no funciona bien.

Pues con ese sonido de campana tan conocido por todos, abrimos la entrega de hoy.

Volvemos al caso que nos ocupa para tomarle el tiempo a decisiones pequeñas que tuvieron efectos gigantescos y para ver quién debía poner la moneda en su sitio.

La semana pasada dejamos el asunto en la puerta misma de la ‘Court of Appeal’.

Veníamos de un primer zarpazo en 2020 con Mr Justice Turner cerrando la vía inglesa por “abuso de proceso”, después de unas audiencias kilométricas y de un expediente del tamaño de un transatlántico.

Contamos también que los actores consiguieron el permiso para apelar y que la apelación se montó en formato de gran vista, con tres jueces de fuste al timón y el derecho Brasil descrito con lupa para que nadie confundiera churras con merinas.

Hasta ahí llegamos.

Hoy toca poner el penique en su sitio y ver exactamente qué hizo la sala de apelación con aquel reloj que había quedado parado.

LA DECISIÓN EN APELACIÓN POR EL DESASTRE LA PRESA DE FUNDÃO

La ‘Court of Appeal’ empezó por lo que de verdad manda en pleitos de este calibre, es decir, mostrando método y mapa.

No reescribió los hechos ni convirtió la segunda instancia en una segunda primera, como sucede en otras jurisdicciones.

Para ello, tomó el asunto tal como vino de la ‘High Court’, escuchó a las partes sin prisa y se preguntó si el cierre por abuso era una respuesta proporcionada a un litigio transnacional en el que una matriz domiciliada en Inglaterra y Gales estaba en la diana.

A un lado, BHP repetía el catecismo de 2019, alertando sobre duplicidades con Brasil, riesgo de incoherencias y una carga inasumible para el tribunal.

Al otro, los demandantes pedían abrir la puerta inglesa como válida para ventilar el tema, la ley brasileña para decidir el fondo y un juicio por etapas que evitara que el tamaño del colectivo se comiera el proceso.

La sala, antes de mover una pestaña, repasó con calma lo que ocurría en Brasil, donde había  varias acciones civiles en marcha, distintos programas de reparación e incluso decisiones federales sobre el desastre.

Todo eso existía y todo eso contaba, sin duda, pero no necesariamente cerraba la jurisdicción británica a los demandantes.

La clave de la apelación fue ésa.

Separar el ruido de lo esencial.

Y es que el abuso de proceso no es una válvula de escape para frenar lo que molesta.

Por eso, el riesgo de decisiones incompatibles no se convierte, por arte de magia, en una prohibición de oír a quien tiene derecho a hablar.

La sala marcó un principio del derecho inglés que conviene destacar en letra grande.

El foro inglés puede adaptar el proceso y, sin despeinarse, aplicar el derecho brasileño en el fondo y sin que, por ello, resulten necesariamente  decisiones incompatibles.

Dicho de otra manera, Londres dirige y Brasil pone el derecho.

EL TAMAÑO SÍ IMPORTA

Hubo otro ajuste de ‘penny’ que cambió el compás: el tamaño del pleitón.

La ‘Court of Appeal’ reconoció que el caso era gigantesco, pero recordó que para ello existen los tramos del proceso.

Por ello, habría que primero decidir sobre cuestiones comunes de responsabilidad y defensas que afectan por igual a todos los demandados.

Y sólo después bajar al cuánto persona por persona, negocio por negocio y municipio por municipio.

Con ese orden, el expediente deja de ser una avalancha y pasa a ser una fila,de esas por las que son famosos los ingleses.

Y si, además, el fondo se decide con reglas brasileñas, el riesgo de doble pago se resuelve  leyendo las cláusulas con lupa y respetando lo que allí quedó cubierto de verdad.

Es decir, ajustar el engranaje con moneditas al viejo estilo.

Nada de “corta y pega”, tan habitual en otras jurisdicciones y tan lamentable como lesivo para los derechos del personal.

EL DERECHO DE LA UNIÓN EUROPEA ENTRA EN ESCENA

Pero fue entonces cuando el viejo Reglamento de Bruselas I bis entró en escena.

Con la Marcha Imperial  de fondo, el recauchutado reglamento amenazaba la reclamación de miles de demandantes.

Y es que la defensa de BHP solicitó una suspensión amparada en el artículo 34 bruselesco, ese que permite suspender un proceso si, al mismo tiempo, se está juzgando algo relacionado en un país fuera de la UE.

Pero el tribunal inglés, al mejor estilo del viejo Yoda,  respondió:

“Freno automático no constituye ese precepto”

En efecto, la suspensión del 34 sólo se activa si hay riesgo real de choques que no admita otro remedio y siempre que la suspensión sea necesaria y proporcionada.

Con el plan procesal inglés basado en etapas y la ley de Brasil como referencia del fondo, ese riesgo se desvanecía en el espacio sideral.

Por tanto, la solución no era suspender el proceso por un posible riesgo, sino poner orden.

Es decir, menos imposición y más practicidad, porque hay trabajo por hacer.

Y así fue como el derecho de la UE salió por la misma puerta por la que entró en este caso.

 Pero aún quedaba un peldaño más.

LA LUCHA ANTE EL TRIBUNAL SUPREMO DEL REINO UNIDO

El salto al Tribunal Supremo fue tan breve como decisivo.

Tras la victoria de los demandantes en la ‘Court of Appeal’ de julio de 2022, BHP llamó a la última puerta posible y pidió permiso para recurrir.

Y es que, como sucede en la apelación, llegar al Supremo del Reino Unido no es precisamente fácil.

Aquí no hay letrados de tan alto tribunal ni ningún órgano funcionarial con criterios versallescos.

Aquí hay que convencer a tres Law Lords de que existe una cuestión de derecho discutible que merezca una tercera lectura.

Tan sencillo de explicar como complicado de exponer.

Pero el 1 de junio de 2023 esa puerta no se abrió.

El Supremo rehusó el permiso con esa fórmula  tan seca y que ya vimos, por ejemplo, en el caso del ‘Prestige’.

“La solicitud no plantea un punto de derecho discutible”.

Con esa línea, el Supremo señaló que no cabía añadir nada más a lo dicho por la ‘Court of Appeal’.

El “no” cerraba el intento de BHP de resucitar el ‘strike out’ por “abuso de proceso” que había dictado Mr Justice Turner en 2020.

No había materia de doctrina general que mereciese ajustarse con unos ‘pennies

Y así es como la causa volvió a la ‘High Court’ para el primer juicio de fondo.

Un renglón, una fecha y el efecto práctico de abrir la sala para el ‘First Stage Trial’.

Eso significa que Londres conoce del caso y aplica la ley brasileña al fondo, gestionándolo por etapas.

Una primera para perfilar responsabilidades  que resolvió la ‘High Court’ hace unos pocos días.

Pero eso lo veremos la semana que viene; mucho me temo.

Hasta entonces, mis queridos anglófilos. 

Josep Gálvez es «barrister» en las Chambers de 4-5 Gray’s Inn Square en Londres y abogado español. Está especializado en litigios comerciales complejos y arbitrajes internacionales. Interviene ante los tribunales de Inglaterra y Gales, así como en España, y actúa también como ‘counsel’ y árbitro en disputas internacionales en las principales instituciones de arbitraje.

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