Queridos Reyes Magos:
Millones de niños en España aguardan con ilusión sus regalos. Como es normal en estas fechas, os escribimos esta carta para pediros algo, pero no es para pediros juguetes de moda ni la última consola; al contrario, os escribimos preocupados por un regalo envenenado que se ha colado en la infancia: las pantallas omnipresentes y las redes sociales.
Os escribimos preocupados: las pantallas se han colado en la infancia
Os escribimos esta carta porque el terror digital está robando la infancia a muchos niños y adolescentes. Por eso, en vísperas de vuestra mágica noche, os suplicamos unos Reyes sin pantallas.
Con todo el ajetreo previo a vuestra gran noche quizás esta petición os pille por sorpresa o no la entendáis, por lo que también queremos compartiros por qué a través de unas cifras que, si nos lo permitís, creemos que son verdaderamente alarmantes.
Durante esta época de alegrías y tiempo en familia, en nuestro país, la gran mayoría de los adolescentes prácticamente vive en las redes sociales, y es que a día de hoy más de un 90% tiene cuenta en al menos una de estas plataformas. A los 10 años, cerca del 40% de los niños ya posee un smartphone propio; a los 12 años, ya es la mayoría (más de un 70%) quién lo tiene.
Esto supone que mañana mismo, en vuestra gran noche y la de los más pequeños, muchos niños de 9 o 10 años estarán desenvolviendo su primer teléfono bajo el árbol, iniciándose en un mundo digital inmenso cuando apenas han dejado atrás los juguetes tradicionales.
Permitidnos explicaros por qué nos inquietan tanto estas cifras
Muchos de estos menores pasan horas interminables en línea. Concretamente, casi un 9% de chicas y chicos de 10 a 20 años dedica más de cinco horas diarias a las redes sociales entre semana (el porcentaje sube al 20% en fin de semana). En torno al 6% muestra un uso prácticamente adicto de las redes.
Estas maratones de pantalla traen consecuencias: más ansiedad, peores notas, menos horas de sueño y menor vida social.
Estas notificaciones constantes han desplazado el juego al aire libre, la lectura y la conversación familiar. La infancia se está confundiendo con una vida pegada a las pantallas.
Majestades, las horas frente a la pantalla tienen consecuencias
Esta vida pegada a las pantallas trae consigo otros peligros, peligros que también se han multiplicado. Casi uno de cada diez menores ha sufrido ciberacoso, lo que supone que las humillaciones que antes terminaban al salir por la puerta del colegio o instituto ya no paran nunca: continúan en el móvil a cualquier hora y en cualquier lugar.
Cerca del 30% de los jóvenes con pareja ha vivido chantaje o control digital por parte de su novio o novia. Además, alrededor del 25% de los menores ha recibido mensajes de índole sexual (a veces, presiones para enviar fotos íntimas), y a edades tan tempranas como 11 años muchos se exponen accidentalmente a pornografía en internet.
Las pantallas, que muchos de ellos conocerán mañana por primera vez, y que disfrutarán con ilusión durante los primeros días terminarán arrebatándoles parte de su inocencia.
Como deseo de Reyes queremos una ley que proteja a los niños en Internet
Ante esta realidad, nuestro país empieza a reaccionar. Sus Majestades, sabemos que no podéis legislar, pero os contamos que en España se está tramitando una Ley Orgánica de Protección de la Infancia en Entornos Digitales. Esa futura ley propone, entre otras medidas, elevar la edad mínima para registrarse en redes sociales de 14 a 16 años.
Es decir, ningún niño de 12 o 13 debería estar en TikTok o Instagram. También obligará a los fabricantes de dispositivos a incluir controles parentales efectivos de serie, y a los centros educativos a limitar o prohibir el uso de móviles en el aula (como ya han hecho regiones como Madrid o Galicia).
Asimismo, las plataformas digitales y los ‘influencers’ con gran audiencia tendrán nuevas obligaciones: habilitar canales sencillos de denuncia de contenidos perjudiciales, verificar la edad de los usuarios cuando difundan material delicado, y velar por la veracidad de la información dirigida al público infantil. En resumen, se busca un entorno digital más seguro por diseño, donde la protección de los menores prime sobre los clics y los ‘likes’.
El Código Penal también se reforzará: difundir pornografía a menores será un delito específico; los ‘deepfakes’ sexuales con imágenes de niños se penarán; y el grooming (adulto que se hace pasar por menor en la red) se considerará agravante en los delitos sexuales.
En otros países europeos, Majestades, ya han tomado decisiones valientes
De hecho, no estamos solos en esta cruzada y vosotros, que trabajáis en todo el mundo lo habréis ya visto. Francia ya exige que ningún menor de 15 años abra una cuenta en redes sin consentimiento paterno, y planea prohibir por completo el acceso de los menores de 15 a plataformas como TikTok o Instagram en 2026.
Dinamarca, por su parte, ha anunciado que ningún menor de 15 años podrá acceder a redes sociales; solo se permitirá a partir de los 13 años con permiso de sus padres. El gobierno danés planea implementar sistemas de verificación de edad mediante identificación electrónica para lograrlo. Al otro lado del mundo, Australia ha ido más lejos: será el primer país que prohíba las redes sociales a todos los menores de 16 años.
Desde finales de 2025, las plataformas deberán bloquear las cuentas de menores de 16 a riesgo de multas millonarias, la medida más radical vista hasta ahora.
Pero ninguna ley funciona sin el compromiso de todos
Ahora bien, queridos Reyes Magos, aprobar leyes es necesario, pero no suficiente. De poco sirve subir la edad legal si muchos preadolescentes pueden seguir mintiendo sobre su edad para entrar en redes sociales. Que estas iniciativas funcionen dependerá de que todos hagamos nuestra parte.
Por un lado, las grandes tecnológicas deben asumir su responsabilidad. Durante años han priorizado el crecimiento y la atención de los usuarios por encima del bienestar de los jóvenes. Sus algoritmos, diseñados para enganchar, han ignorado la edad real de los niños.
Es hora de que inviertan su ingenio en proteger a los menores: con verificaciones de edad fiables, moderación rigurosa de contenidos tóxicos y diseños que frenen la adicción (por ejemplo, eliminando la reproducción infinita y las notificaciones compulsivas para usuarios jóvenes). Con los enormes recursos que poseen, no hay excusa; si no lo hacen voluntariamente, habrá que obligarlas con leyes y sanciones.
Por otro lado, nosotros como sociedad debemos impulsar un cambio cultural. Muchos padres, con buen corazón han llenado la carta de Reyes de sus hijos de pantallas sin medir y sin conocer las consecuencias.
Los niños necesitan educación digital y buenos referentes, en casa y en la escuela, para aprender a usar la tecnología con criterio y reconocer sus peligros. Asimismo, debemos recuperar espacios y momentos libres de pantallas en la vida cotidiana: el parque o la mesa durante la cena… Lugares donde los niños vuelvan a ser niños.
Que la tecnología vuelva a estar al servicio de las personas
Majestades de Oriente, todo esto nos preocupa enormemente y, aunque sabemos que no existe solución mágica, con esta carta queremos pediros un deseo colectivo. Que el mejor regalo sea ver a nuestros niños y niñas recuperar su infancia, con tecnología, pero sin esclavitud digital. No se trata de demonizar las redes ni de regresar al pasado, sino de poner la tecnología bajo control humano y no al revés.
En vez de más tabletas y smartphones, quisiéramos ver este 6 de enero hogares con libros, juegos y bicicletas… regalos que inviten a crear, a moverse y a compartir en persona.
Y junto a esos obsequios, que renazca el compromiso de padres, educadores, empresas y gobernantes para proteger la magia de la niñez.
Porque esa magia no viene en alta definición ni se descarga de internet: brota de la imaginación, de la curiosidad y del cariño, algo demasiado valioso como para que lo arrebate una pantalla.
Atentamente,
una madre preocupada.