Opinión | El gran salto al realismo: El Nuevo Orden en Venezuela bajo la Doctrina Trump

Jorge Carrera, abogado, exmagistrado, exjuez de enlace de España en Estados Unidos, consultor internacional y analista, describe lo que denomina la Doctrina Trump para Venezuela, que no consiste en el desmantelamiento del chavismo tras la captura del presidente Nicolás Maduro. Un escenario en el que el régimen chavista seguirá existiendo con condiciones de los Estados Unidos y en el que Delcy Rodríguez será la nueva presidenta.

5 / 01 / 2026 00:35

Actualizado el 06 / 01 / 2026 00:45

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La madrugada del 3 de enero de 2026 no solo marcó el fin de una era para Venezuela; marcó el nacimiento de una forma radicalmente distinta de entender el poder en el Hemisferio Occidental.

Mientras el mundo despertaba con la noticia de la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores tras la «Operación Resolución Absoluta», la verdadera historia no estaba en la extracción quirúrgica de la pareja presidencial por fuerzas especiales, sino en lo que quedó atrás: un país que no ha sido liberado en el sentido tradicional, sino intervenido bajo una lógica de reestructuración corporativa.

Adiós al idealismo, hola al «cambio posibilista»

A diferencia de las invasiones masivas de finales del siglo XX o las caóticas refundaciones estatales en Medio Oriente, la Administración Trump ha desplegado en Venezuela lo que los analistas llaman «estabilidad transaccional».

No hubo bombardeos masivos a cuarteles ni una purga total del aparato estatal. Al contrario, Washington ha optado por mantener intacta la infraestructura operativa del chavismo, despojándola únicamente de su cúpula simbólica.

¿Por qué dejar en pie al Partido Socialista y a los militares que sostuvieron al régimen por 25 años?

La respuesta es tan cínica como pragmática: el fantasma de Irak. El Pentágono aprendió que desmantelar de cuajo un ejército y una burocracia solo genera vacío de poder, guerra civil y anarquía.

Para evitar una «somalización» en el Caribe, Estados Unidos ha decidido que es más eficiente cooptar la estructura existente que destruirla.

El triángulo del remanente: Padrino, Diosdado y Delcy

Lo más desconcertante para quienes esperaban una ruptura total es la supervivencia de los pilares del régimen. Vladimir Padrino López sigue al frente de las fuerzas armadas, actuando como el garante de una disciplina vertical que evita que el ejército se fragmente en milicias independientes.

Su permanencia sugiere un «teléfono rojo» directo con Washington: orden a cambio de supervivencia.

Por otro lado, la figura de Diosdado Cabello se mantiene como un mal necesario para controlar a los grupos paramilitares y colectivos, mientras que Delcy Rodríguez ha asumido el rol de la interfaz tecnocrática.

Trump ha sido claro al describir sus contactos con ella, señalando una disposición a colaborar que convierte al sector civil del chavismo en los administradores locales de un protectorado de facto.

Ellos firman los decretos; Washington dicta las órdenes.

El factor Machado y la traición de las expectativas

El punto más amargo para la oposición democrática es el desplazamiento de María Corina Machado.

A pesar de su legitimidad y reconocimiento internacional, la Casa Blanca la percibe como un obstáculo para sus planes inmediatos.

Machado representa la soberanía y la justicia transicional; Trump busca concesiones petroleras rápidas y pagos de deuda sin las trabas de un Congreso nacionalista o procesos judiciales complejos.

En este nuevo tablero, se prefiere la docilidad de un interlocutor ilegítimo y dependiente que la independencia de un líder democrático fuerte.

Es la política del «realismo brutal»: la democracia ha pasado a ser un objetivo secundario, subordinado a la estabilidad energética y financiera.

Oro negro: La doctrina del «arreglar y cobrar»

Venezuela está siendo tratada como una corporación en quiebra. La estrategia de Trump invierte la vieja regla de «si lo rompes, lo pagas».

Su enfoque es: «Lo vamos a arreglar, pero ustedes nos van a pagar». El objetivo primordial es reactivar el flujo de crudo para saldar las deudas milmillonarias con gigantes como Chevron, ExxonMobil y ConocoPhillips, además de los bonistas de Wall Street que ven en esta Administración directa la mejor garantía de cobro.

Para las petroleras estadounidenses, este escenario es el paraíso del pragmatismo. No necesitan un país perfecto; necesitan un «Estado cuartel» que garantice la seguridad de los pozos en la Faja del Orinoco y el Lago de Maracaibo.

¿Hacia dónde va Venezuela?

El futuro inmediato se debate entre dos caminos. El más probable es el del Protectorado Corporativo: un pacto que se sostiene, la producción petrolera aumenta y el chavismo remanente conserva cuotas de poder interno a cambio de entregar las llaves de la política exterior y la industria a Estados Unidos.

Sin embargo, el riesgo de la frustración social es latente. El pueblo venezolano, que celebró la caída de la cabeza del régimen, podría sentirse traicionado al ver las mismas caras represoras en las calles, ahora bajo la bandera de la «estabilidad» estadounidense.

Venezuela ha entrado en la era de la autocracia tutelada

La dictadura de Maduro ha terminado, pero la libertad plena sigue siendo una promesa postergada, atrapada en un contrato de oro negro donde la soberanía nacional ha sido el precio a pagar por el orden.

El éxito de este experimento dependerá de una sola premisa: si el petróleo puede comprar la paz que la política no pudo construir.

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