Empezaré con una confesión que, aunque no lo parezca, tiene mucho que ver con el tema -evidente o escondido en el título- que protagoniza las presentes líneas: dudé si estudiar Derecho, Periodismo o Magisterio. Y a día de hoy me dedico a las tres y en las tres —y en mi vida personal— trato, busco y trabajo (no siempre consigo, seamos sinceros) para que la tecnología me haga mejor. Y, para ello, es fundamental la adquisición de competencias digitales.
Y hablo en presente porque las competencias digitales son algo vivo, presente y en constante -y enorme- evolución. Y la única -o, en mi humilde opinión, la mejor- forma de adquirirlas es a través de una formación constante, de calidad y de referencia que, gracias a Dios, podemos encontrar en diferentes universidades de nuestro país y, por qué no decirlo, tenemos también al alcance de la mano si sabemos utilizar con sentido, con límites y con rigor las archiconocidas redes sociales.
Podemos (no debemos, pero podemos) caer en el error de que las competencias digitales son de utilidad solo en el ámbito personal —tanto si somos padres como si no para que ‘boomer’ sea una marca de chicles y no un “insulto” o, cuanto menos, un calificativo despectivo que dicen los más jóvenes a los adultos que ven menos duchos en el uso de la tecnología— o incluso para facilitarnos la vida al saber manejar bien aplicaciones como Waze (para no perdernos), Wallet (para el pago electrónico), WhatsApp (para relacionarnos con amigos y familiares) o nuestro “querido” ChatGPT (o cualquier aplicación de IA) que nos facilita determinadas tareas del día a día.
«Podemos (no debemos, pero podemos) caer en el error de que las competencias digitales son de utilidad solo en el ámbito personal»
Pero, repito, pensar que las competencias digitales —por referirnos así a la destreza de saber aprovechar la tecnología en nuestro beneficio, con límites y cumpliendo la normativa y la ética— se deben circunscribir al ámbito personal es un error de tal magnitud como pensar que los contratos son solo para los abogados ¡pero si seas quien seas y te dediques a lo que te dediques estás firmando y/o aceptando contratos en prácticamente todos los momentos de tu vida…sí, también de manera online! O como pensar que «la inteligencia artificial acierta siempre y es mejor que yo en todo». Esta última ya ni la comentamos…
Precisamente para evitar que frases tan absurdas —y tan falsas— como las que te acabo de compartir nublen tu mente en la actividad jurídica -aunque, repito, podría aplicarse a cualquier realidad- las competencias digitales nacen como solución.
El mundo jurídico no puede -ni debe ni, de hecho, lo hace- permanecer ajeno a la realidad digital que «nos invade» —a veces, en exceso, no lo niego— porque esta ‘ignorancia’ (deseada, buscada o repentina) es la que genera que abogados apoyen sus alegatos en alucinaciones —errores, para los menos familiarizados con los términos técnicos de la IA— con la consecuente, como mínimo, vergüenza ante el Tribunal correspondiente, por citar solo un ejemplo y no entrar en infracciones y violaciones de diferentes normativas. Porque, lamento decirte, querido lector, que la falta de competencias digitales en la actividad —personal y profesional—, si se me permite la expresión, “canta por bulerías” y es uno de los grandes errores del siglo XXI.
«La falta de competencias digitales en la actividad —personal y profesional—, si se me permite la expresión, “canta por bulerías” y es uno de los grandes errores del siglo XXI»
Finalizo estas breves líneas dando respuesta al interrogante con el que comencé “Que la tecnología te haga mejor” ¿utopía, necesidad o gran mentira?”. En mi opinión, la única manera de lograr que la tecnología te haga mejor —mejor abogado, mejor persona, mejor amigo, mejor profesor, entre otros—es a través de la adquisición de las competencias digitales correspondientes que permitan poner al ser humano en el centro y lograr el tan ansiado ‘humanismo tecnológico’ del que ya hablaba mi padre hace más de 25 años.
La adquisición constante de las competencias digitales necesarias y personalizadas a cada realidad es al mismo tiempo: una gran mentira —prueba de ello son los múltiples ejemplos de falta de dichas competencias que derivan en errores, incumplimientos normativos, lentitud, falta de privacidad etc.—, una utopía —por cuanto, a día de hoy, falta tantísimo por hacer que podríamos calificarlo como tal— y, por supuesto, lo que sin duda es la adquisición de competencias digitales es una total y absoluta necesidad.
Así que, no lo dudes, querido lector, y adquiere competencias digitales para lograr que la tecnología te haga mejor.