Opinión | Cuando la fuerza sustituye al derecho

Ricardo Rodríguez reflexiona sobre lo que significa el ataque de Israel y Estados Unidos sobre Irán y cómo rompe el derecho internacional. Sobre estas líneas el portaaviones nuclear estadounidense Gerald Ford, cuyos efectivos se están utilizando en los ataques sobre Irán. Foto: Wikipedia.

5 / 03 / 2026 05:40

Actualizado el 05 / 03 / 2026 09:09

La escalada entre Irán, Israel y Estados Unidos está empujando Oriente Medio hacia una guerra regional y poniendo a prueba el orden jurídico internacional.

Hay momentos en los que la historia acelera. Y hay otros -más inquietantes- en los que lo hace de golpe, sin avisos diplomáticos ni anestesia retórica.

Estamos exactamente ahí.

Lo que durante años fue una guerra en la sombra entre Irán e Israel, con Estados Unidos como actor vigilante, ha cruzado en las últimas semanas un umbral cualitativo.

Ya no hablamos solo de operaciones encubiertas, sabotajes puntuales o guerra indirecta -la conocida proxy war-. Hablamos de bombardeos directos, represalias abiertas y extensión geográfica del conflicto.

La temperatura estratégica ha subido varios grados. El detonante ha sido la ofensiva israelí-estadounidense.

El 28 de febrero de 2026, Israel y Estados Unidos lanzaron una operación militar a gran escala contra objetivos iraníes, conocida como Operation Lion’s Roar, con ataques aéreos y misiles sobre instalaciones en Teherán y otras ciudades.

Washington ha reconocido ataques contra centenares de objetivos vinculados a misiles, centros de mando y otras estructuras militares iraníes.

Justificiación oficial

La justificación oficial es conocida: degradar el programa nuclear iraní, neutralizar su capacidad balística y prevenir -según Washington- una amenaza inminente. Es el lenguaje clásico de la anticipación estratégica.

En Derecho internacional, sin embargo, la anticipación es terreno resbaladizo.

Numerosos juristas sostienen que estos ataques violan la Carta de la ONU al no existir autorización del Consejo de Seguridad ni una agresión armada inmediata que active claramente la legítima defensa. Y ahí empieza la pendiente.

Teherán no ha optado por la contención. Ha activado su manual clásico: respuesta múltiple, descentralizada y asimétrica.

En los últimos días se han registrado ataques con drones contra Israel y sus aliados, misiles dirigidos a bases estadounidenses en el Golfo y acciones de milicias vinculadas a Irán.

«Cuando la fuerza sustituye al Derecho, lo que se impone no es la justicia. Es la ley del más fuerte».

El conflicto, además, ha comenzado a proyectarse más allá de Oriente Medio.

Chipre -Estado miembro de la Unión Europea- se ha convertido de facto en una frontera avanzada de esta crisis.

También Turquía, miembro de la OTAN, cuya implicación introduce un elemento especialmente delicado.

Conviene recordar que el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte establece el principio de defensa colectiva: un ataque armado contra uno de sus miembros puede activar la respuesta conjunta de la Alianza.

Hace apenas unos meses este escenario habría parecido improbable. Hoy es una realidad operativa.

La lógica de la estrategia iraní es transparente: si Estados Unidos entra plenamente en la ecuación, el coste del conflicto debe internacionalizarse.

Ampliar el número de frentes

Y eso implica ampliar el número de frentes y presionar la arquitectura militar estadounidense en toda la región.

En paralelo, el brazo libanés de Irán ha elevado el tono.

Hezbolá ha lanzado cohetes y drones hacia el norte de Israel y ha declarado estar preparado para una “guerra abierta”, mientras Israel responde con bombardeos en Líbano y despliegues militares en la frontera.

Este frente es especialmente sensible.

Si Líbano se convierte en un teatro principal de operaciones, el conflicto dejará de ser limitado para convertirse en regional y sostenido. Y en ese escenario el margen de control se reduce drásticamente.

Lo verdaderamente preocupante no es cada ataque aislado, sino la arquitectura de la escalada.

Hoy confluyen simultáneamente Israel golpeando territorio iraní, Estados Unidos participando activamente e Irán respondiendo contra bases y aliados en distintos puntos de la región.

Además, las milicias proxy del llamado “Eje de la Resistencia” están activadas en varios frentes: Hezbolá en Líbano, Ansar Allah en Yemen y grupos armados proiraníes en Irak, Siria y Palestina.

Escalada en red

En terminología estratégica, esto se denomina escalada en red. Y es particularmente difícil de contener, porque ya no depende de un único actor ni de un solo canal de decisión.

Conviene no apartar la mirada del Derecho internacional.

Si los ataques preventivos se convierten en práctica habitual, el principio que desde 1945 prohíbe el uso de la fuerza comienza a agrietarse.

Y cuando esa columna vertebral se fisura, no se resiente solo una norma: se tambalea el edificio entero de la seguridad internacional.

Y si las represalias se expanden sin proporcionalidad clara, el Derecho internacional humanitario empieza a caminar por terreno minado.

No es retórica; es arquitectura jurídica básica.

¿Estamos ya ante una guerra abierta? Formalmente, todavía no del todo. Pero materialmente nos estamos acercando peligrosamente.

Cuando se bombardea territorio soberano, se atacan bases de terceros países, se movilizan flotas y sistemas antimisiles y se multiplican los teatros de operaciones, la frontera entre crisis grave y guerra regional empieza a difuminarse.

Y eso ya está ocurriendo.

Durante años se repitió que todos los actores querían evitar una guerra total.

Puede ser.

Pero la historia enseña algo incómodo: las guerras grandes rara vez empiezan porque alguien las declare formalmente. Empiezan porque la escalada se vuelve demasiado densa para detenerla a tiempo.

Y hoy Oriente Medio está entrando en esa zona de fricción peligrosa.

Cuando los misiles empiezan a cruzar fronteras, los drones a sobrevolar terceros países y las potencias a implicarse directamente, la pregunta ya no es si el conflicto se ha ensanchado.

Tampoco quién tiene hoy más misiles.

La pregunta es si seguimos creyendo que existen límites.

Porque cuando la fuerza sustituye al Derecho, lo que se impone no es la justicia. Es la ley del más fuerte.

Y esa ley, conviene recordarlo, nunca ha traído estabilidad. Solo ha traído más guerra.

Y de eso ya conocemos bastante.

Dios nos asista.

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