La guerra de Irán tiene ya beneficiarios.
Principalmente Donald Trump y con él las industrias petroleras y de armas que lo apoyan, Israel, Rusia y el Gobierno español.
Ponía Ernest Hemingway, en boca de un soldado, en su novela «Adiós a las armas», que la guerra no se acaba nunca, que no se gana con la victoria, que esta no es la paz.
En efecto, la historia enseña reiteradamente a lo largo de todas las épocas y territorios que las posguerras tienen siempre gravísimas consecuencias.
Como dejar muertos, heridos, mutilados, pérdidas de familiares y amigos, daños materiales a veces irreparables y frecuentemente un reguero de odio que es el germen de futuras guerras, como por poner unos ejemplos contemporáneos, lo que sucedió en Europa tras finalizar la Primera Guerra Mundial en 1918, semilla de la Segunda iniciada en 1939, o las sucesivas guerras de Israel con los palestinos desde 1948 hasta hoy.
También algunos, por odios heredados y/o por interés electoral, buscan reavivar guerras cuyas consecuencias ya parecían olvidadas, como sucede ahora en España con los que pretendieron, desde el gobierno de Rodríguez Zapatero y ahora con el de Pedro Sánchez, resucitar el franquismo para enfrentar a los españoles entre sí y, si pudieran, destruir el régimen democrático que llegó con la transición plasmada en la Constitución de 1978.
La guerra de Irán
Pues bien, yendo al tema de la guerra de Irán, esta tiene ya unos beneficiarios evidentes.
Trump, sí Donald Trump. Trump, por razones económicas de interés suyo, para beneficiar a las industrias petroleras y del gas que en buena parte le apoyaron en su campaña de 2024.
La guerra beneficia económicamente a las industrias petroleras de Estados Unidos como Exxon Mobil, Chevron y ConocoPhillips, que han obtenido ya grandes ganancias con el aumento de los precios, como ha reconocido el mismo Trump.
También varias industrias de armas se benefician, con un aumento en sus ganancias y la demanda de sus servicios, como Rheinmetall, RTX Corporation en Estados Unidos, Elbit Systems en Israel, Thales en Francia y BAE Systems en el Reino Unido.
Lo de Irán, como fue lo de Venezuela, va de petróleo y de hegemonía económico-militar frente a China y no tiene nada que ver con pretendidos cínicos móviles humanitarios como drogas, terrorismo o derechos humanos.
Eso ya no engaña a nadie.
Los países desde los que se bombardea a Irán son tan totalitarios o más que el mismo Irán.
Israel
Gran beneficiario militar de la guerra. Sus objetivos son desarmar en la mayor medida posible no solo a Irán, sino también a Hezbolah en Líbano, lo que está consiguiendo, y así obtener durante un tiempo, que será más o menos largo, la garantía de una importante reducción del poder militar de sus enemigos Irán y Hezbolah.
La paz indefinida será para Israel imposible mientras no obtenga el reconocimiento de Irán y de los palestinos, algo hoy utópico y más con el odio cada vez más incrementado en sus enemigos.
También Israel ha conseguido la gran victoria política de poner a su lado a los países árabes de la zona, desde Arabia Saudí a Omán, incluidos sus vecinos Siria, Egipto y Jordania, mayoritariamente musulmanes suníes, enfrentados a los chiitas como son los iraníes.
Rusia
Beneficiada económica, política y militarmente. Económicamente por el incremento de la demanda de su petróleo y además incrementado de precio.
Políticamente, por el fin al menos temporal de las restricciones a comerciar con Rusia que ha puesto en marcha Trump, autorizando importar petróleo ruso al menos hasta el 11 de abril de 2026, dejando de lado a la Unión Europea y así reforzando la figura de Putin.
Militarmente se beneficia por el desvío de la ayuda militar a Ucrania hacia la guerra de Irán.
El Gobierno español
Se está beneficiando económica y políticamente con esta guerra.
Económicamente, de manera principal por el incremento del precio de los carburantes, gran negocio para Hacienda y gran problema para la mayoría de la población, sobre todo para las clases más desfavorecidas económicamente, sin que el gobierno hasta ahora haya hecho nada para paliar la situación.
Políticamente, por desenterrar el mero eslogan del no a la guerra manipulándolo de forma interesada y cínica y así movilizar a cierta gente con fines electorales.
Hay que recordar que la tradición española contemporánea es la neutralidad en las guerras, como pasó en las 2 guerras mundiales.
Esto lo rompió España, aunque de forma meramente simbólica y no militar, en la guerra de Irak, por la foto de José María Aznar con el presidente de Estados Unidos George Bush Jr. y con el primer ministro británico, el socialista Tony Blair.
Hay que resaltar el cinismo occidental de olvidar otras guerras que actualmente asolan diversos lugares como Yemen, Etiopía, Myanmar, etc., o la sangrienta persecución de cristianos en Nigeria y Sudán.
Conclusión
En definitiva, como escribió en el Diario Vasco el 9 de mayo de 2024 el profesor de Historia Contemporánea de Castilla-La Mancha, Pedro Oliver Olmo: «los conflictos bélicos no terminan nunca con las victorias y las rendiciones; no acaban si no se resuelven sus causas o no se llega a un armisticio compartido».