Europa, tal y como fue diseñada en la posguerra, enfrenta un escenario para el que no estaba preparada. Esa fue la idea central que Josep Borrell, exalto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, subrayó en una nueva edición de los Diálogos de Actualidad organizados por PROA Comunicación.
En conversación con el presidente del Círculo de Empresarios, Juan María Nin, Borrell planteó una reflexión tan cruda como realista: “La Unión Europea no fue concebida para el mundo de hoy”.
Borrell describió una Europa atrapada en una transición geopolítica incierta, marcada por la guerra en Ucrania, la inestabilidad en Oriente Medio y la competencia creciente entre Estados Unidos y China.
A su juicio, el bloque comunitario arrastra una debilidad estructural: la ausencia de una voz única en política exterior y defensa.
“Kissinger decía que no sabía a qué teléfono llamar para hablar con Europa. Hoy ese teléfono es aún más difícil de encontrar”, ironizó, subrayando la dificultad del proyecto común para actuar en un sistema internacional dominado por potencias con mando y estrategia propios.
Defensa: el talón de Aquiles europeo
El debate abordó también la fragilidad de la defensa europea, una cuestión que Nin definió como “el verdadero test de soberanía y autonomía estratégica”.
Borrell coincidió en ese diagnóstico: Europa sigue sin disponer de una estructura militar integrada, con sistemas nacionales dispersos y sin una fuerza de acción rápida operativa.
“Cada país sigue siendo soberano de su defensa, y no existe una defensa comunitaria única”, reconoció, recordando que esa carencia convierte al continente en “un protectorado de Estados Unidos desde 1945”.
Aun así, el exalto Rrpresentante quiso matizar que la potencia militar no lo es todo: mientras EE.UU. concentra su poder en la fuerza, Europa ha orientado sus recursos hacia el bienestar y la cohesión social.
El problema —insistió— es que un orden internacional cada vez más inestable exige equilibrio entre valores y capacidades, entre defensa y desarrollo.
España en el tablero comunitario
En este contexto, la posición de España dentro de la UE apareció como uno de los puntos más debatidos del encuentro.
Borrell calificó de “injusta” la percepción que sitúa a España, junto a Hungría, como uno de “los dos problemas de Europa”.
A su juicio, la comparación no resiste el análisis: mientras el Gobierno de Viktor Orbán ha bloqueado decisiones clave sobre Ucrania y mantiene una política de confrontación con Bruselas, España —afirmó— “siempre ha sido un actor constructivo dentro del proyecto europeo”.
En tono autocrítico, reconoció que España puede resultar incómoda o insistente en algunos debates, pero “más como un pepito grillo que como un obstáculo”.
Un diálogo para repensar la Unión
El encuentro reunió a empresarios y directivos de distintos sectores para reflexionar sobre los retos geopolíticos y económicos que marcarán el rumbo europeo.
Como señaló Lucía Casanueva, socia fundadora de la consultora, el ciclo Diálogos de Actualidad busca precisamente abrir espacios de conversación donde empresa e instituciones puedan entender el contexto internacional antes de actuar.
Borrell, fiel a su estilo directo, cerró su intervención con una idea que condensó el espíritu de la jornada: “Europa debe decidir si aspira a ser un actor o un espectador del nuevo orden mundial”.