Opinión | CDL: El extraordinario caso del magnate mexicano Salinas Pliego ante los Tribunales de Inglaterra y Gales (II)

Josep Gálvez, «barrister» en las Chambers de 4-5 Gray’s Inn Square en Londres y abogado español, relata en esta segunda entrega cómo la agencia de inteligencia Black Cube, contratada por el empresario mexicano Ricardo Salinas Pliego, engañó a la parte contraria en el pleito que les enfrentaba, obteniendo información sensible sobre su estrategia en Londres. Foto: JG.

8 / 09 / 2026 05:38

Si buscan en youtube, verán que durante la ceremonia de los Óscar de 1974, el gran David Niven se encontraba sobre el escenario, disponiéndose a presentar nada menos que a Elizabeth Taylor, cuando, de repente, apareció detrás de él un tipo completamente desnudo.

El espontáneo cruzó el escenario saludando al respetable con el símbolo de la victoria, mientras millones de espectadores contemplaban atónitos la gala por televisión.

Eran otros tiempos y, sin duda, la inesperada escena impactó y mucho.

La gracia es que, aunque sorprendido,Niven esperó a que cesaran los gritos y las risas, se ajustó la pajarita y observó que probablemente aquella sería la única ocasión en la que el sujeto conseguiría provocar una carcajada mostrando sus “carencias” (‘shortcomings’).

Todo muy británico.

En fin, aquella misma noche el Óscar a la mejor película fue para ‘The Sting’, traducida en España como “El golpe”, con unos geniales Paul Newman y Robert Redford como trileros.

Pero, sobre todo, el añorado Robert Shaw en el papel de incauto Lonnegan al que engañan con mucho arte.

Pues medio siglo después, otro hombre se sienta ante un desconocido pensando que está a punto de conseguir mucho dinero.

Y también será engañado, mostrando sus “carencias”.

Aunque esta vez no se trataba de un actor, sino del ‘solicitor’ de uno de los pleitos comerciales más extraordinarios que han pasado últimamente por los tribunales de Inglaterra y Gales.

DÓNDE HABÍAMOS DEJADO EL ASUNTO

Recordarán que el empresario mexicano Ricardo Salinas Pliego  había entregado acciones de Elektra valoradas en unos 415 millones de dólares como garantía de un préstamo de aproximadamente 115 millones.

Según el acuerdo con la compañía “Astor”, dichas acciones debían permanecer custodiadas y serle devueltas al devolver el préstamo y los intereses.

Sin embargo, al parecer, fueron vendidas y parte del dinero obtenido con la venta se utilizó para el préstamo que Astor se había comprometido concederle.

Además, los respetables señores Mitchell y Mellon resultaron ser Vladimir Sklarov y Alexey Skachkov, mientras que la cacareada relación con la famosa familia Astor tenía tanto fundamento como un título nobiliario comprado en una tómbola.

Como el contrato de financiación se sometía expresamente al derecho inglés y a la jurisdicción exclusiva de sus tribunales, cuando el equipo de Salinas descubrió el percal, Salinas presentó una demanda ante los tribunales de Londres.

Y el pleito comenzó el 2 de agosto de 2024 porque en Inglaterra y Gales es un mes como cualquier otro.

Salinas consiguió, además, varias órdenes judiciales en Estados Unidos para congelar bienes y evitar que las acciones o el dinero procedentes de su venta continuaran desapareciendo por el mundo.

Pero Astor y Sklarov, por su parte, negaban el fraude.

Su defensa consistía, en esencia, en afirmar que el contrato les permitía utilizar las acciones y que Salinas y sus asesores sabían perfectamente en qué clase de operación se habían metido.

Con semejante cantidad en juego, aquello prometía convertirse en una laaaarga batalla judicial, muy cara y particularmente desagradable.

Y precisamente por esto es aquí donde aparece en escena ‘Black Cube’.

UN ENCARGO DE MÁS DE UN MILLÓN DE LIBRAS

Pues sí, poco más de un mes después de iniciarse el pleito inglés, una sociedad del Grupo Salinas llamada Nueva Elektra del Milenio contrató los servicios de Black Cube.

Si el nombre no les dice nada, sepan que se trata de una agencia de inteligencia y asesoramiento empresarial fundada por exoficiales israelíes que cuenta con veteranos de unidades de élite de espionaje y seguridad.

El encargo inicial incluía honorarios de 1.144.000 libras, a los que podían añadirse distintos premios.

Por ejemplo, 220.000 libras si se obtenían determinadas declaraciones de testigos, otras 250.000 si aparecían elementos que permitieran iniciar un procedimiento penal contra los demandados.

Y, finalmente, un 4% de cualquier cantidad recuperada gracias a la información obtenida.

No era, como se imaginarán, una investigación para averiguar quién se había dejado la nevera abierta precisamente.

El cometido de Black Cube era “estudiar”muy de cerca a las personas vinculadas con Astor, localizar información útil y diseñar operaciones que permitieran recuperar la pasta y las acciones.

Entre los objetivos seleccionados, se encontraba el señor “X”, un ‘solicitor’ del conocido despacho DWF que llevaba la defensa de los demandados en Londres y acababa de ser ascendido a socio de la firma.

Y para acercarse a él, Black Cube preparó lo que denominaba “una historia de cobertura personalizada”.

Es decir, una trola hecha a medida.

APARECE EL ENIGMÁTICO “SIGNORE ORTELLI”

Como si fuera una novela de John Le Carré, un agente de Black Cube adoptó la identidad de Marco Ortelli, supuesto representante de una importante compañía italiana interesada en contratar abogados para un arbitraje millonario en los Emiratos Árabes Unidos.

Y ojo, porque la historia estaba construida con materiales reales.

El arbitraje parecía existir y era conocido públicamente.

Además, la persona presentada como futuro cliente había trabajado anteriormente con DWF, aunque no directamente con el socio “X”.

Así, si este hombre hiciera alguna comprobación elemental, encontraría suficiente información veraz como para bajar la guardia.

Como en “El Golpe”, no se trataba de inventarlo todo.

Bastaba con mezclar unas cuantas verdades con el embuste principal.

Así que el supuesto ‘Signore Ortelli’ contactó al socio X y celebraron una videollamada una semana después.

Durante aproximadamente una hora, el falso intermediario explicó que su cliente necesitaba asesoramiento para este arbitraje de altos vuelos en los Emiratos.

Y claro está, había muchísimo dinero en juego.

Por supuesto, el tipo de música que un recién ascendido a socio desea escuchar.

La videollamada funcionó y X fue invitado a Ámsterdam para terminar de negociar el encargo, con el viaje y los gastos pagados por el supuesto cliente.

El encuentro tuvo lugar el 4 de noviembre de 2024 en un elegante establecimiento de cinco estrellas situado junto a uno de los canales de la ciudad.

Porque si uno pretende que un ‘solicitor’ londinense crea que está a punto de recibir un asunto millonario, conviene evitar la cafetería de una gasolinera, justo al lado de las casetes del mítico “Junco”.

LAS ACCIONES EN GARANTÍA VUELVEN A APARECER

Durante el encuentro, Ortelli explicó que tenía problemas con su socio en los Emiratos.

Y no por casualidad, el problema se parecía muchísimo al que el socio X estaba metido en el pleito de Salinas.

Ortelli le contó que el emiratí habría incumplido sus obligaciones y que aún tenía las acciones que le había entregado en garantía.

La pregunta era cómo podía recuperar el control de esas acciones.

Con toda la mala idea, Ortelli introdujo entonces una palabra particularmente oportuna: ‘rehypothecation’.

Esto es, la posibilidad de que quien recibe un bien en garantía pueda hacer uso del mismo en determinadas circunstancias.

Precisamente uno de los asuntos centrales en la defensa de Astor.

El anzuelo estaba colocado a la perfección.

El recién nombrado socio, deseoso de demostrar que conocía aquel terreno y que era el profesional adecuado para el nuevo encargo, empezó a hablar de su larga experiencia y a soltar la lengua.

Y claro está, empezó a hablar del caso de Salinas.

El almuerzo  continuó con una agradable cena y, entre ambos encuentros, la conversación se prolongó durante unas cinco horas y media de nada.

Ortelli fue ganándose la confianza del ‘solicitor’ y conduciendo las preguntas hacia los puntos que interesaban a Salinas.

Cuando el señor “X” se desviaba, su interlocutor lo devolvía al redil.

Cuando una respuesta resultaba ambigua, pedía mayor claridad.

Y cuando el abogado entraba en terreno útil, lo dejaba esplayarse

¿DÓNDE ESTÁ LA BOLITA?

Como no podría ser de otra manera, el abogado terminó por revelar información muy sensible.

Habló de la estructura empresarial de Sklarov, de las sociedades que realmente controlaba y de algunos aspectos de su modelo de negocio.

También comentó los puntos fuertes y débiles de la defensa, la estrategia procesal, las posibilidades de alcanzar un acuerdo.

Y sobre todo, de los efectos que estaban produciendo las órdenes de embargo internacional, las temidas “freezing orders” inglesas.

Estas últimas cuestiones tenían un valor evidente para Salinas.

Saber hasta qué punto una medida judicial está asfixiando económicamente al adversario permite calcular dónde apretar, cuánto tiempo esperar y qué cantidad exigir en una negociación.

El pobre creía que demostraba su profesionalidad ante un nuevo cliente, pero en realidad estaba informando al contrario en el pleito contra Salinas.

Para mayor inri, las conversaciones fueron grabadas en secreto.

Lógicamente, después de la reunión hubo algunos correos y se habló de celebrar nuevas reuniones, pero nada de eso llegó a materializarse.

Finalmente, a principios de 2025, Ortelli comunicó al socio X que ya no necesitaba sus servicios.

Como se imaginarán, las grabaciones pronto llegarían a manos de los abogados de Salinas

Mostrando todos los ‘shortcomings’ del socio al descubierto.

Pero eso lo veremos la próxima semana.

Hasta entonces, mis queridos anglófilos.

Josep Gálvez es «barrister» en las Chambers de 4-5 Gray’s Inn Square en Londres y abogado español. Está especializado en litigios comerciales complejos y arbitrajes internacionales. Interviene ante los tribunales de Inglaterra y Gales, así como en España, y actúa también como ‘counsel’ y árbitro en disputas internacionales en las principales instituciones de arbitraje.

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