El balón ya ha echado rodar en el Estadio Azteca (Ciudad de México), reciento que ha albergado el primer partido de la Copa Mundial de la FIFA 2026 que se celebra en esta edición entre Estados Unidos, Canadá y México.
Fuera del césped, el merchandising hace su propio partido. Y ante este escenario, los vendedores de mercancía falsificada ven una oportunidad para engordar su bolsillo. Alrededor del 13 % de los europeos afirman haber comprado deliberadamente productos falsificados, una cifra que se eleva hasta el 26 % entre los consumidores más jóvenes de entre 15 y 24 años
Así lo ha advertido la Asociación para la Defensa de la Marca (ANDEMA), tras los últimos datos publicados por la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO).
«Las grandes competiciones deportivas son también grandes oportunidades para los falsificadores. Cada vez que aumenta la demanda de camisetas oficiales y productos de las selecciones nacionales, proliferan canales ilegales de venta que perjudican a las marcas, a los fabricantes legítimos y a los propios consumidores», afirma Gerard Guiu, director general de ANDEMA.
El diseño, motor de valor y diana de los falsificadores
Este fenómeno de la «oferta en la sombra» cobra especial relevancia durante eventos de gran escala como el Mundial, donde la demanda de camisetas de fútbol se dispara.
En muchos casos, el origen de estos productos no es una imitación externa, sino el propio fabricante oficial que, tras recibir diseños, moldes y especificaciones de la marca, produce un excedente no autorizado.
Estas unidades adicionales escapan al control de la marca, entran en canales paralelos como webs no oficiales o mercadillos, y compiten directamente con el producto legítimo.
Al respecto, el director general de ANDEMA advierte sobre las consecuencias de estas adquisiciones: «El consumidor debe ser consciente de que cuando compra una camiseta falsificada no está adquiriendo una simple imitación barata. Está contribuyendo a una economía sumergida que perjudica la innovación, el empleo y la competitividad de nuestras empresas».
La paradoja reside en que, aunque el 73 % de los consumidores españoles afirma estar dispuesto a pagar más por productos con mejor diseño, este mismo valor es el que atrae a los falsificadores.
El impacto es masivo: solo en España, el sector de la confección pierde 1.000 millones de euros y más de 11.000 empleos al año por estas prácticas.

Este problema es especialmente agudo entre los jóvenes de 18 a 24 años; aunque ocho de cada diez valoran el diseño, la mitad admite comprar falsificaciones de forma intencionada al menos una vez al año.
Además del daño económico, Laura Montaya advierte sobre el comprador asume un riesgo directo, ya que estos productos «desviados» carecen de garantías reales o canales de devolución, lo que acaba dañando la reputación de la marca original.
«A simple vista, pueden parecer productos idénticos. Pero ese excedente rompe las reglas del juego: escapa al control de la marca, entra en canales paralelos y compite directamente con el producto legítimo. Si algo falla, la diferencia es clave: ese producto “desviado” no tiene canal de devolución ni garantías reales para el consumidor, lo que traslada el riesgo a quien lo compra y, en última instancia, impacta también en la reputación de la marca», explica la abogada.
Para concluir, Gerard Guiu subraya la importancia de proteger el sector: «España es un país de marcas, creatividad, deporte e innovación. Proteger estos activos es proteger nuestra capacidad para competir, generar riqueza y crear empleo de calidad. La lucha contra las falsificaciones es una responsabilidad compartida que requiere el compromiso de todos».