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Las cinco claves del informe penal
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Las cinco claves del informe penal

Juan Gonzalo Ospina
7 Agosto, 2017

El tiempo que tendremos para informar serán sólo cinco minutos, quince o incluso dos horas en algunos casos. El informe en sede penal viene a ser la guinda del pastel de los más de dos años de media que tardamos en celebrar un juicio, desde que comenzó su instrucción hasta que llegamos al tan deseado día de las sesiones del juicio oral.

El informe se concibe tal y como dice la Ley de Enjuiciamiento Criminal, como la valoración oral de la prueba practicada, pero en la realidad es algo más que eso, se trata del último “Sprint” a nuestro trabajo. Es la última oportunidad para ser escuchados por el cliente, y lo más importante, por el juez. Por lo tanto, puede que esos minutos finales sean nuestra última oportunidad para hacer justicia.

Aunque cada maestrillo tiene su librillo, aquí van algunos consejos para el informe:

1.- La preparación: “el mejor amigo del fracaso es la improvisación”. Si queremos fracasar es fácil, improvisa. Para hacer un buen juicio, y por ende un excelente informe final, tendremos previamente que habernos leído la causa y sabérnosla como el padre nuestro.

En caso de que tratéis con procedimientos abultados, un consejo que me dio un reconocido Fiscal para preparar el juicio consistía en separar los folios que contenían la prueba y llevarlos aparte en una carpeta, con el fin de que en el juicio la tuviéramos controlada. Esto es, declaraciones, testificales, periciales, atestados policiales, etc. De este modo, de un proceso con varios tomos, podríamos ir al juicio con una simple carpeta.

Días previos al juicio, es aconsejable (dependiendo de si somos defensa o acusación) preparar un folio que contenga la prueba de cargo y de descargo que nos sirva para detallar lo ocurrido. Es decir, si por ejemplo intentamos reconstruir un accidente, debemos apuntar los testigos y las periciales que nos son favorables y las que no, y enumerarlas, con el fin de que cuando lleguemos al informe valoremos la prueba una por una para así ilustrar al juez de manera clara y concisa.

Para ello, en el ejemplo habría que decir cuál fue la causa que originó el accidente en función de que testigos lo han dicho y que pericial lo ha corroborado. Por ello, sería idóneo, escribir el alegato final previamente al juicio e intentar prever la prueba que se va a practicar, además de repetirlo en voz alta las veces que sea necesario, para que el día del juicio estemos ya familiarizados con las conclusiones. Ya en sus tiempos decía Churchill, “por cada diez minutos de discurso son necesarios dos horas de preparación”.

2.- El alegato: Llegados al informe, es aconsejable comenzar pidiendo la condena o absolución; “mi cliente es inocente y por lo tanto pido la absolución porque así lo refieren los siguientes testigos, periciales, etc., lo cual detallaré a continuación” (diciendo lo contrario en caso de acusación).

El motivo de lo anterior es porque la primera frase de toda conversación es la más importante, es la que más impacta. Esta frase tiene que tener argumentos y lógica. Es decir, de nada sirve pedir la condena o la absolución “porque sí” o refiriendo “porque así ha quedado probado”; esta frase es hueca y por ello es preciso dotarla de contenido objetivo.

Lo fácil del informe es seguir la lógica del proceso, esto es: “hechos, prueba, calificación jurídica, absolución/condena, y en su caso atenuantes”.

En cuanto a los hechos probados, hay que indicar los necesarios para condenar y/o absolver; y lo más importante, la forma con la que se han obtenido los mismos, es decir, la prueba practicada.

En el momento de la prueba es interesante valorar una a una las pruebas que se han realizado sin aburrir al juez. Si encontramos una prueba que sea sumamente imparcial y objetiva será aconsejable sacarla a relucir de la mejor forma posible. Es decir, si por ejemplo un testigo citado por el Fiscal refiere que nuestro cliente no estaba en el lugar o que no olía a alcohol, es necesario que realicemos hincapié en el mismo, en su neutralidad y en su exposición. Para ello, es aconsejable tener un folio en blanco al inicio del juicio en el que podamos ir escribiendo frases referidas por los testigos o manifestaciones que nos encontremos a lo largo del mismo para repetirlas en el informe.

En relación a la calificación jurídica, una vez valorados los hechos probados, debemos referir si los hechos son típicos o no, punibles o no. Esto implica salir de lo habitual, de lo fáctico, para centrarnos en una concisa reflexión jurídica. Para ello, y en aras de lograr determinar la legalidad de una condena (o no), debemos aludir al tipo del delito, a la jurisprudencia del Supremo, del Tribunal Constitucional y dependiendo del caso del TEDH. Subsidiariamente, y no menos adecuado, para el caso en el que el Tribunal determine una reconstrucción de los hechos diferente a la nuestra, es aconsejable valorar las atenuantes como si fueran paracaídas, necesarios en una caída libre. Por ello, antes del juicio, y siempre que se pueda, es necesario valorar las reparaciones del daño, las dilaciones indebidas, las circunstancias modificativas, etc.

3.- “El tono, la presencia, el verbo y la elegancia son fundamentales para un buen informe”. En nuestro informe no mandamos, sino rogamos. No imponemos sino pedimos. No exigimos sino seducimos.

Tenemos que convencer al juez de nuestra exposición como si se tratara de un amigo al que le queremos convencer de que nuestro equipo de fútbol es el mejor. La mejor forma es hacerlo con argumentos, con elocución y sobre todo con emoción. Para ello, el informe no se lee, no puede ser una repetición sin sentido de palabras memorizadas, sino tiene que ser el culmen de nuestra exposición como letrados, y por ello, disfrutemos con él y como tal se lo haremos disfrutar a nuestros oyentes.

4.- Es fundamental recordar y deslindar las emociones de la razón, y junto a ello la profesionalidad de la amistad.

Debemos recordar que cuando nos ponemos la toga no somos sólo nosotros mismos sino que somos una herramienta del Estado de Derecho que busca proveer justicia. Por ello, el juez, el fiscal y el letrado compañero no son adversarios, sino compañeros que hacen su rol en el legítimo ejercicio del derecho de defensa. Las acusaciones o manifestaciones en sala son parte de nuestro trabajo, no confundamos lo personal con lo profesional.

Hace años, al poco de iniciar el ejercicio profesional un letrado de mayor edad se me acercó enfadado al terminar un caso y me dijo: “ya nos veremos”. Esta frase me marcó, porque me hizo ver lo que no tendría que hacer nunca. El caso no es del letrado sino del cliente, y los clientes se van pero los compañeros se quedan. Nuestra actuación no puede nublarse por las emociones pasionales ya que si no, no razonaremos y seremos peores juristas. Porque se pueden ganar y perder juicios, pero lo que el cliente no permite es ver que nuestro letrado no hizo lo suficiente para hacer valer sus derechos.

Por último, cuando informes “no pienses en cómo lo estás haciendo, sino en lo que estás diciendo. Habla con razón pero sobre todo con emoción, habla con la cabeza pero dirige tus palabras desde el corazón”.

Juan Gonzalo Ospina

Juan Gonzalo Ospina

Abogado y politólogo


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