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El espacio antropológico de Bueno, o cómo los políticos pueden evitar el sopabobismo

Felicísimo Valbuena es catedrático, periodista y consultor .
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Del Espacio Gnoseológico al Espacio Antropológico

Dediqué mi última columna al Espacio Gnoseológico de Gustavo Bueno para explicar cómo entiende él la Ciencia. Hoy me voy a ocupar del Espacio Antropológico que el filósofo español ha aplicado a la Política, en general.

Como Gustavo Bueno afirma, él se propone ofrecer al periodista, al médico, al ingeniero, al abogado o al fontanero la posibilidad de enfrentarse con unas exposiciones doctrinales com­pletas, sin perjuicio de su esquematismo. Quien se familiarice con cualquier obra suya o que vea una de sus exposiciones en YouTube, podrá indignarse y disponerse a refutarle, pero no podrá decir que no ha tenido a mano una exposición doctrinal de la Ciencia o de la Política.

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Para captar qué es una sociedad, hemos de concebirla inmersa en un «espacio antropológico», con tres dimensiones esenciales. Entonces, el espacio antropológico queda coordenado por tres ejes: un eje circular, un eje radial y un eje angular. Realmente, no podemos disociar unos ejes de otros. Es lo mismo que ocurre con un cuerpo real: no podemos disociar la longitud de la latitud o de la altura o recíprocamente.  

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El orden de las relaciones circulares

En primer lugar, la Política parte de sujetos corpóreos y operatorios. Estos sujetos entran en relación. Entonces, Bueno dice que no denominarlas «relaciones entre los hombres»: esto supone el peligro de reducir a los sujetos a la condición de concepto sociológico o psicológico subjetivo (también deben figurar las relaciones de índole política, jurídica, económica, etc.).

Para neutralizar la reducción de este concepto recurre a un artificio: tomar la denominación de un diagrama en el que los términos de la relación (los humanos) se representen por los puntos de una circunferencia y sus relaciones por los arcos de la circunferencia que unen tales puntos. Así, denomina a este orden de relaciones como «orden de las relaciones circulares».

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Bueno aporta dos diagramas sobre este «Espacio Antropológico»:

Las relaciones radiales

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En segundo lugar, las personas se relacionan con las cosas impersonales. Desde la perspectiva del eje radial, la sociedad humana se nos presenta inserta en un entorno «natural» -bosques, tierras, ríos…- constituido por materiales utilizables (alimentos, vegetales, recipientes, etc.) y que han de poder ser transformados en objetivos de operaciones de producción.

Entonces, podemos representar estos entes (N, Nj… N,j) por los puntos de otro círculo interior (o exterior) al que acabamos de asociar al de las relaciones circulares, mediante flechas que ligan los puntos de ambas circunferencias;  por esto, Bueno habla de «orden de las relaciones radiales».

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Las relaciones angulares

Finalmente, una sociedad humana se nos presenta como envuelta por otros sujetos (númenes o, también, inicialmente, otros hombres que no pertenecen al conjunto de referencia). Si representamos a estos términos numinosos por puntos intercalados entre los dos círculos que antes hemos introducido, las relaciones de este nuevo orden adoptarían, en el diagrama, «una disposición angular».

Más adelante veremos la importancia de este eje.

Con el espacio antropológico de Bueno podemos estudiar las interpretaciones que algunos autores han hecho sobre la Historia de España y sobre otras naciones.

Después de exponer los términos fundamentales, Bueno enuncia una serie de proposiciones:

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Afirmaciones sobre el eje circular

El eje circular, o en Política es necesario un órgano que controle el sistema global.

Desde la perspectiva del eje circular:

1.- Cada sociedad natural se nos muestra como una totalidad en la que los individuos se comportan de manera muy distinta, pero pueden converger.

¿Cómo? Adaptándose unos a otros y manteniendo unas relaciones de subordinación y de coordinación.

2.-La totalidad social, en cuanto unidad de los individuos organizados en grupos, no puede «autodirigirse», «autoorganizarse», «autoestructurarse».

Quien sostenga que la totalidad social puede autoorganizarse, concebirá al todo como un sujeto agente de la «autoorganización». Esto es un error monumental puesto que un tal sujeto, si se pone por encima de las partes, no podrá llamarse todo (puesto que no hay todo sin partes); habrá de situarse en alguna parte o región del mismo e incluso en todas ellas, pero en este caso no cabrá decir que el todo social se «autoorganiza».

3.- Lo decisivo es que la sociedad disponga de un órgano que efectivamente «controle el sistema global», ya esté en posición central o extremal, ya sea único, ya sea plural, policéntrico.

Uno de los peores aspectos del comportamiento de los políticos es cuando convierten al adversario en enemigo y se dedican a difundir odio en sus mensajes. Entonces, la sociedad se rompe y no funcionan ni la coordinación ni la subordinación. El peor fin es una guerra civil.

Salvador de Madariaga estudió a fondo a los españoles y, si le interpretamos desde el sistema de Bueno, concluyó que el mayor problema del español está en el eje circular.

No pertenece a su país; es su país el que le pertenece. Y como su perspectiva es concreta e individualista, su patriotismo toma con frecuencia una intensidad en proporción al área de la zona circundante a que se refiere: mucho más patriota, pues, de su aldea que de su región, de su región que de su patria.

Por otra parte, el instinto de conservación de la propia libertad, tan fuerte en él, le hace rehuir todas las formas de cooperación social, ya que tienden a esclavizar al individuo y a reducirlo gradualmente al papel de pieza de maquinaria…

Bien se echa de ver cómo estas premisas psicológicas explican los dos rasgos constantes de la vida política de España, que pueden simbolizarse en estas dos palabras: dictadura y separatismo… Separatismo y dictadura son, no obstante, tan sólo pasiones del español, no su sentido. Aunque parezca mentira, a pesar de estas pasiones que de cuando en cuando lo dominan, es el español hombre de buen sentido, y cuando en él se mantiene, de genio creador y realista más que común. Pero para mantenerse en el plano del buen sentido, necesita el español una pasión elevada bastante fuerte para alzarle hasta un concepto vivido de la realidad muy por encima del nivel dispersivo a que le arrastra su ser separatista y dictatorial. Tal fue la fe que un día alcanzó en los siglos XVI y XVII, dando a España una unidad que no ha conocido desde entonces y quizá no vuelva a conocer jamás. (Madariaga, Salvador de (1989) España. Ensayo de Historia Contemporánea. Madrid, Espasa-Calpe, 15ª edición, Págs. 28-30).

El eje radial, o para ser político no basta con saber hablar bien

Bueno dice que hay que subrayar el carácter de materiales utilizables -lo que implica la inserción de los materiales naturales en un sistema cultural, tecnológico, etc-. Es una de sus grandes observaciones. Pienso que podemos diferenciar a cualquier político que manifieste sus opiniones no tanto por su pertenencia a un partido, sino en la medida en que tiene presente el eje radial.

Si empleamos el lenguaje de Russell L. Ackoff y Fred Emery, podemos distinguir a los políticos según se dediquen a informar o a instruir. Es decir, si saben ocuparse, «mojarse» en cómo hay que cambiar la realidad concreta. «No es lo mismo predicar que dar trigo». Hay un mundo entre proclamar «Todos estamos de acuerdo en que acabar con el problema del paro» y decir «Les voy a detallar cómo vamos a crear puestos de trabajo, y no sólo funcionarios». Quien afirma lo primero está hablando desde el eje circular; quien indica lo segundo, desde el circular y desde el radial. Aquí es donde vemos lo equivocado que estaba el Conde de Romanones cuando decía que, “para ser un buen diputado, hace falta ser abogado y tener buena voz”.

Hay políticos que saben hablar muy bien y, sin embargo, tienen sus naciones hechas un auténtico desastre. Una de las mayores críticas que se dirigen a la llamada “clase política” es que muchos/as de quienes la componen se dedican a comer la sopa boba. Tienen demasiados privilegios y pocos planes y programas. Recordemos el éxito que tuvieron, hace años, La casta, el increíble chollo de ser político en España, de Daniel Montero, y La casta autonómica, la delirante España de los chiringuitos locales, de Sandra Mir y Gabriel Cruz. A partir de estos dos libros, los políticos pasaron a ocupar uno de los primeros lugares entre las preocupaciones de los españoles, como han ido reflejando las encuestas.

Portadas de La casta, el increíble chollo de ser político en España, de Daniel Montero, y La casta autonómica, la delirante España de los chiringuitos locales, de Sandra Mir y Gabriel Cruz.

En La realidad histórica de España, Américo Castro ofrece la siguiente explicación de por qué los españoles han desatendido el eje radial: no aprecian lo suficiente el trabajo manual e intelectual. Los cristianos, ocupados en la Reconquista, dejaron que los árabes realizasen el trabajo manual, mientras los judíos se dedicaban a lo que Spengler llama «el pensamiento del dinero» y al trabajo intelectual. Por tanto, lo que viene a decir Castro es que los españoles no han saturado el eje radial. Por otra parte, la ruptura de coexistencia entre las tres castas -judíos, moros y cristianos- revela serias deficiencias en el eje circular, que resonarán en diversas ocasiones de los siglos siguientes, hasta nuestros días.

Ramón Menéndez Pidal diagnosticó que las deficiencias de los españoles estaban en el eje circular y en el radial. Este historiador ofrece una perspectiva original. Según él, los españoles tienen tres rasgos fundamentales: la sobriedad, la idealidad y el individualismo.

Lo que ocurre es que esos tres rasgos ofrecen dos perspectivas: positiva y negativa, o un valor y un contravalor.

Los extranjeros han admirado la sobriedad de los españoles, pero en el eje radial podremos observar  un «Chocante descuido» en muchas formas de la vida; Falta de refinamiento y comodidades habituales; Carencia general de esmero y primor; el desinterés, como aspecto de la sobriedad, muestra también estos flancos: Descuido del trabajo productivo, de la industria y del comercio; Contentarse con los primeros resultados, que satisfacen las necesidades más apremiantes; La imprevisión del mañana.

La sobriedad es altamente igualitaria; Prescinde de accidentales o secundarias distinciones; Repugnancia de los españoles por la esclavitud, la idea de la igualdad de las razas, del mestizaje, la catequesis religiosa y cultural de los indios. «Nadie es más que nadie»: Última dignidad del hombre por serlo, o su igualdad religiosa ante Dios. El reverso de este igualitarismo en el eje circular es la corrosiva negación de las jerarquías, resentida hostilidad a lo egregio, en nombre de lo inferior. En España desborda la envidia. También concibe el español la tradición muy selectivamente: repudia varios siglos de su historia y sólo se queda, en todo caso, con uno. Tiene una gran insolidaridad con todo lo que no es local.

La idealidad se concreta en que, para el español, la vida no es el supremo bien. El español está dispuesto a perder la vida por cumplir los altos deberes de fidelidad, no sólo individual, sino también ciudadana e internacional. A la vez, esa disposición implica desdén a la vida, cuyas raíces están en la sobriedad.

La religión ha influido en que el español haya moderado su individualismo y en que haya moralizado algunas de sus costumbres. Inconvenientes en el eje radial: la proliferación de los institutos religiosos y de clérigos que no han sabido hacer fructificar los bienes y han empobrecido al pueblo; además, como el español no remata bien las cosas, pues la sobriedad le aleja de la perfección, es muy común que el español tenga un comportamiento moral no riguroso e inconsecuente. Puede haber una inflación religiosa coexistente con una profunda inmoralidad administrativa.

El individualismo tiene aspectos muy favorables, puesto que adapta la justicia abstracta al caso concreto. Los españoles tienden a mirar a quien cae bajo el peso de la ley más como una víctima de la desgracia que como un culpable dañoso. El individualismo también puede apoyar la selección que jerarquiza y que distingue a los más preparados de los incompetentes. El reverso de este individualismo, en el eje circular, se observa en época de crisis sociales: ni gobernantes ni gobernados se siente solidarios de una tarea común. El caciquismo y la desvirtuación del sufragio tienen su complemento en el incumplimiento de las leyes.

Elegir a los mejores para los puestos, como hijos de sus obras y no de su cuna, fue el criterio de la Reina Isabel y de Carlos V. La crisis en el eje circular comenzó con Felipe II, que confiaba mucho en sí mismo y no en los colaboradores. Nombraba para altos cargos a mediocres o ínfimos, insignificantes o ineptos, dándoles por subordinados otras personas entendidas que evitasen los grandes desaciertos. Así, careciendo el titular de todo valor, la suprema dirección del rey era más visible y más sin obstáculos. Pero el desdichado sistema se aplicó hasta en el caso de la Armada Invencible. Felipe III, que no era inteligente y sí apático, ahuyentó a los selectos.

Es mejor que los políticos sean de distintos ejes antropológicos

Un Gobierno, sea del país que sea, que tiene como ministros a un ochenta por ciento de abogados, está llamado a pasar por problemas muy graves, a corto, intermedio o largo plazo. Gustavo Bueno habla del «delirio gremial»  de los legistas: ahora los legistas parecen proponerse como objetivo supremo la transformación de toda la vida social y humana en «vida jurídica», la judicialización de la totalidad de las relaciones humanas, tanto las relaciones ad intra (familiares, empresariales, políticas) como las relaciones ad extra («derechos de los animales», «derechos del medio ambiente»).

Es mejor que un Gobierno cuente también con profesionales del eje radial y del angular. Una encuesta reciente de Gallup, realizada en Estados Unidos en fechas tan recientes como 4-10 de Diciembre de 2017, ofrece unos resultados entre los que destaco los siguientes:

La profesión que más rechazo genera es congresista. Para el 60% de las personas, sus estándares éticos son bajos o muy bajos, y sólo el 11% considera que son altos o muy altos. Los lobbistas, que en Estados Unidos son legales y están muy regulados, tienen dos puntos menos de rechazo (58%), pero también reciben menos opiniones favorables (8%).

Otras profesiones muy poco valoradas son: vendedor de autos (10%), publicista (12%), ejecutivo (16%), abogado (18%) y político de nivel estatal (que aquí llamamos autonómicos (19%).

En un Gobierno es necesario contar con otros profesionales: Arquitectos de empresa, Arquitectos de Información y Tecnología,  Gerentes generales y operacionales, Gerente de Experiencia de Usuario, Gerentes de fábrica…

La importancia del “eje angular” en todas las naciones

Desde la perspectiva del eje angular, una sociedad humana se nos presenta como envuelta por otros sujetos (númenes o, también, inicialmente, otros hombres que no pertenecen al conjunto de referencia). Incluso, ha dedicado un libro, El animal divino, a este asunto.

Puede parecer paradójico que el eje angular sea tan importante y que esté presente en todas las culturas. Incluso, en la Unión Soviética, oficialmente atea, se produjo un hecho sorprendente en 1941. El Patriarca ortodoxo fue a visitar a Stalin y le dijo que quería dirigirse a los soviéticos para decirles que todos debían luchar contra los nacional-socialistas, que estaban a las puertas de Moscú. Stalin se sintió tan contento que, cuando le dijeron que si no iba a revisar el discurso del Patriarca, él respondió que podía decir lo que quisiera. Y dejó que abrieran al culto 29.000 iglesias. Esto lo ha contado muy bien Anselmo Santos en su gran obra Stalin el Grande (2013).

También puede sorprender que el eje angular haya impulsado la carrera espacial, de la que provienen los mayores adelantos actuales en el eje radial. Querían saber si había vida en otro planeta. Y los extraterrestres desbordan el panorama cinematográfico.

El citado Américo Castro da la preeminencia al eje angular. Afirma que “Santiago -su acción secular, sus irradiaciones variadísimas- es uno de los pilares de la historia española…”  Santiago tuvo consecuencias bélicas y políticas decisivas en lo que es España. También, consecuencias internacionales.

La fama de Santiago le hizo un anti-Mahoma y la ciudad de Santiago fue la anti-Meca, un lugar de peregrinación tan venerable como Roma. Pero como los reinos cristianos necesitaban a Francia para neutralizar en lo posible la influencia islámica, acudieron a los monjes cluniacenses, que llegaron a tener una influencia decisiva en el culto y en la política española durante los siglos XI, XII y XIII. Incluso, en la independencia de Portugal. (En lenguaje actual, podemos decir que los cluniacenses fueron la primera empresa multinacional).

Después del auge de la creencia en Santiago, llegó su ocaso, que desde Felipe III quisieron sustituir por Santa Teresa. El país se alborotó como si se tratase de un asunto que afectase a la existencia de la nación. Paulo V, en 1618, que éste declarase a Santa Teresa copatrona de España.

La mayoría de los españoles se rebeló contra tal disminución del prestigio para Santiago… pero la mayoría seguía afecta a Santiago, por ser más incitante el ardor bélico que la contemplación mística. Usando un lenguaje impropio diría que los salones favorecieron a la Santa, y las masas, al Apóstol. En 1627 el papa Urbano VIII reformó el breve anterior, y dejó en libertad al clero y al pueblo para aceptar o no el copatronato de la Santa, con lo cual éste apenas tuvo efectividad fuera de los conventos de carmelitas.

Finalmente, Castro dictaminó: “Santiago cesó de atraer la atención, y Santa Teresa no lo reemplazó como figura nacional; pero la pugna entre el ideal bélico encarnado en el Apóstol y el anhelo de ternura femenina vinieron a armonizarse en el culto a la Virgen del Pilar, en el que aparecen reminiscencias de la divinidad bélica del Hijo del Trueno. En 1808, la virgen aragonesa actuaba como «capitana de la tropa aragonesa» contra los invasores franceses, y en el siglo XX fueron concedidos a su imagen «honores de capitán general», en un tenue y tardío destello de cultos guerreros, cuyos antecedentes son ya familiares para el lector. En ellos se expresa el funcionamiento estructural de la vida española”.

Finalmente, podemos trazar una gran panorámica y, a la vez, sintetizarla en muy pocas palabras. Cuando predomina el eje circular sobre los otros dos, podemos hablar de dictadura o tiranía. Cuando predomina el radial, nos encontramos con la tecnocracia. Y si desborda el eje angular, estamos ante una teocracia.

Bibliografía sobre los asuntos abordados en esta columna:

-. Bueno Martínez, Gustavo (1991) Primer Ensayo sobre las categorías de la Ciencia Política. Logroño, Cultural Rioja;

-. Bueno Martínez, Gustavo (1996). El sentido de la vida: seis lecturas de filosofía moral. Oviedo, Pentalfa.

-. Castro, Américo (1967). La realidad histórica de España. México, Editorial Porrúa (La primera edición apareció en 1948, con el título España en su Historia).

-. Madariaga, Salvador de (1989). España. Ensayo de Historia Contemporánea. Madrid, Espasa-Calpe, 15ª edición.

-. Menéndez Pidal, Ramón (1987). Los españoles en la Historia. Madrid, Espasa-Calpe. (La primera edición es de 1947).

-. Menéndez Pidal, Ramón (1960). Los españoles en la Literatura. Madrid, Espasa-Calpe. (La primera edición es de 1951).

Dedicaré mi próxima columna sobre Bueno a los nueve poderes políticos, tal como los sistematiza Gustavo Bueno. Representa una superación de los tres poderes tradicionales.