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Seguridad Vial: La teoría del riesgo constante y cómo gestionarlo

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Club de Rugby Cisneros, entrenamiento de principio de temporada, un padre pregunta: “dicen que no recomiendan llevar el protector (chichonera) de la cabeza, ¿es cierto?“. Uno de padres, más experimentado que anda por ahí dice: “sí, es para que el niño aprenda a protegerse, con la chichonera, no perciben el peligro y pueden causar más daño a ellos mismos y al compañero”, contrincante en otra jerga.

En ese momento me viene a la cabeza la teoría que Don Luis Montoro (catedrático de seguridad vial y presidente de Fesvial) ha patrocinado en relación con los riesgos de la circulación. A medida que el conductor se siente más protegido por la tecnología, sus capacidades y cualquier otra circunstancia que le hagan sentir más seguro, asume más riesgos. Y asumir mayores riesgos siempre tiene consecuencias.

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El ABS, el airbag, sistemas de seguridad activa y pasiva, detonaron la alarma: no por contar con mejores medios de seguridad se tenían menos accidentes; ¿el motivo?: se asumían mayores riesgos.

Algo muy importante de este aprendizaje del rugby: la protección no sólo es para uno mismo, se trata también de proteger al contrincante. El protector bucal realiza dicha función. Es obvio que en un choque puedes perder una pieza dental de no protegerte, pero también es cierto que las heridas que puedes causar al oponente son evidentes. Usa protector bucal y sólo sentirás un golpe, no más.

Ahora llega la conducción autónoma y una disrupción tecnológica que seguro nos aportará variadísimas soluciones y ventajas a los actuales problemas de la seguridad vial, pero no olvidemos que mientras el factor humano es el principal desencadenante de los accidentes, también tenemos que prestar el foco en dicho factor, la persona. Que es el sujeto de responsabilidad civil cuando ocurre un accidente.

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El seguro obligatorio, de responsabilidad objetiva o por riesgo, viene a corroborar lo anterior: es la máquina la que genera el riesgo, la persona maneja, pero es tal el peligro del bien, que ni siquiera la buena pericia de un conductor puede eliminar la obligatoriedad de cubrir el riesgo de forma reglamentaria.

Es decir, parece que cada vez hacemos depender a la tecnología y a la máquina el correcto devenir, en este caso del tráfico, con lo cual, vamos reduciendo el ámbito de responsabilidad de la persona.

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Quizá hemos dado por perdida la capacidad del ser humano de involucrarse y comprometerse con sus propios riesgos. Parece que cuanta mayor tecnología y seguridad pongamos a los vehículos, mayor pasividad va a existir por parte de los conductores por afrontar de forma responsable sus acciones, y además existirá un seguro que garantice sus responsabilidades civiles.

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Con esta perspectiva, preferiremos el coche autónomo; habrá que estar pendiente si el incorrecto funcionamiento de una máquina o producto pueda generar un daño, pero tiene parece ser más seguro que dejarnos llevar por la percepción que cada uno de nosotros tengamos sobre el riesgo que generamos. Siguen siendo muchos los fallecidos por accidentes de tráfico…quizá seguirá siendo mucho una única víctima por este motivo. Si se habla de objetivo Cero víctimas, habrá que temárselo en serio.

Entre tanto, si juegas a rugby, aprende desde pequeño a protegerte a ti y a los demás, sin abusar de medios que limiten tu percepción del riesgo real que puedes causar.