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“La manada”: Afirmación, poder e inmunidad a través del grupo

Pilar Conde, psicóloga sanitaria y directora técnica de Clínicas Origen, se interna en esta columna en el aspecto psicológico de la agresión sufrida por la víctima de "la manada".
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Muchas son las cuestiones relevantes de carácter social y legal que ha dejado la reciente sentencia del conocido cono “juicio de la manada”.

A pesar de la condena de nueve años de prisión y la imposición de una sanción económica, desde múltiples sectores de la vida pública se han cuestionado los argumentos que han evitado una pena mayor a los acusados.

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Se reconocen los delitos de abuso sexual con prevalimiento, pero no los de agresión sexual con intimidación.

La diferencia entre el abuso sexual y la agresión legalmente hablando radica en que en el segundo caso existe intimidación y violencia.

Los magistrados autores de la sentencia han considerado, pues, que la joven no se sintió intimidada ni agredida, ya que no opuso resistencia evidente.

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El motivo alegado por la defensa; que se encontraba en estado de “shock”, lo que le sumió en un estado paralizador que le impedía procesar la realidad con claridad.

Inmovilidad no es consentimiento

Así lo consideran también varios colegios profesionales de psicólogos, los de Madrid y Navarra y un colectivo de cerca de 2000 profesionales de la salud mental especialistas en tratamiento psicoterapeútico de víctimas de maltrato doméstico y abuso sexual.

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En una carta dirigida al Ministerio de Justicia, argumentan que “el bloqueo” es una “forma rápida de reacción del sistema nervioso para tratar de sobrevivir y minimizar el impacto del suceso amenazante”.

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Cualquier acto de pasividad, o de inmovilización, son dos indicadores claros que la persona no está viviendo la práctica sexual desde un consentimiento.

Este tipo de relaciones puntuales no pueden evaluarse con los mismos parámetros que las relaciones sexuales habituales, donde la confirmación por ambas partes de que todo va bien es constante, tanto en comunicación verbal como no verbal.

En estos casos, es fundamental que las parejas sexuales se comuniquen a nivel verbal, pidiendo confirmaciones y validaciones para lo que se está realizando.

Sobre todo, si una de las partes está liderando más la práctica que otra.

Poder, dominación y manipulación

En el caso de “la manada”, la desproporción parece evidente, una persona frente un grupo, una dinámica que, cuando hay cuando se expresa con abusos y agresiones, supone dominación, superioridad, poder y manipulación.

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Este tipo de conductas grupales se sustenta en dos aspectos: la protección y el anonimato.

Por un lado, se sienten protegidos dentro del grupo al pensar que se reparte la responsabilidad de los actos cometidos y, por el otro, creen que disminuye el impacto de la gravedad de sus actos.

Son personas cuya autoestima depende de sentirse por encima de los demás, sentir que son más poderosos, sentir que pueden realizar actos vejatorios sin consecuencias.

Su identidad depende a su vez de lo que aportan al grupo y de cómo son percibidos por el mismo grupo.

Centrándonos en el carácter sexual del delito, tras la falta de respeto máximo género femenino y las creencias machistas puede encontrarse un entorno de fata de valoración, e incluso, vejación a la mujer.