Va a ser visto y no visto. El rito de paso que convertirá a María José Segarra en nueva fiscal general del Estado no va a durar más allá de 5 minutos.
Es un acto muy impresionante, pero extremadamente corto en el que nadie pronuncia ningún discurso ni nada que se le parezca.
Está fuera de protocolo.
Tiene lugar en el Salón de Plenos del Tribunal Supremo. Una burbuja en el tiempo construida con el máximo esplendor de los años 20 que dentro de unos meses será el escenario del juicio contra los procesados en el ‘caso procés’.
El acto será presidido por el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, flanqueado, a su derecha, por el vicepresidente del Alto Tribunal, Ángel Juanes, y a su izquierda por Ángel Calderón, presidente de la Sala de lo Militar, el más antiguo de los presidentes de las cinco Salas, sentados a continuación, todos ellos miembros natos de la Sala de Gobierno, y los cinco electos también.
A ambos lados de la Sala, todos togados, los magistrados y los fiscales del Supremo; en el centro los secretarios judiciales de cada sala, capitaneados, en la primera mesa, por el secretario de Gobierno, Ángel Tomás Ruano Maroto.
Fuera de estrados, los invitados «civiles». Ministros, como la de Justicia, Dolores Delgado, amiga de la fiscal general del Estado, que fue quien la propuso, y otras autoridades civiles, judiciales y constitucionales. Y, por supuesto, su familia, su marido, amigos, como Álvaro García, que estuvo en su comparecencia, el pasado miércoles, ante la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados, paso previo para llegar hasta aquí, y el presidente de su asociación, la Unión Progresista de Fiscales (UPF), Emilio Fernández.
RAFAEL SARAZÁ JIMENA, PADRINO DE LA FISCAL GENERAL DEL ESTADO
El acto comenzará con Lesmes tomando la palabra en el ritual clásico:
–Acto de toma de posesión de la excelentísima señora doña María José Segarra Crespo como fiscal general del Estado. El ilustrísimo señor secretario de Gobierno se servirá dar cuenta.
A continuación Ruano Maroto se limitará a leer el Real Decreto publicado ayer en el Boletín Oficial del Estado, y firmado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Apenas 5 líneas de formulario por el que se la nombra fiscal general del Estado.
Mientras tiene lugar todo esto, María José Segarra estará esperando fuera de la Sala, sola. Dentro, preparado, listo a la indicación de Lesmes, su padrino.
Porque en este ritual iniciativo, que marca la transición de Segarra de fiscal jefe de Sevilla a fiscal general del Estado, es necesario que sea conducida por un mentor, alguien de dentro, al que se denomina así padrino, si es un hombre, o madrina, si es una mujer.
Sarazá Jimena será un padrino muy especial.
Alguien muy cercano a una persona que Segarra lleva en lo más profundo de su corazón y de su memoria: Ángela Sarazá Jimena, hermana de este magistrado. Fue fiscal de menores destinada en la Audiencia Provincial de Sevilla.
Ángela Sarazá murió en 2014 cuando tenía 50 años.
Era una mujer muy vitalista y muy comprometida socialmente.
La relación de Segarra y de Sarazá no era la de jefa y subordinada sino de dos amigas, en el sentido más profundo de la palabra, que habían aprendido a «hablarse» con simples miradas y gestos para saber lo que pensaban.
La fiscal Ángela Sarazá era también miembro del Secretariado de la UPF, quien la distinguió en 2015, a título póstumo, con el Premio Jesús Chamorro.
Por ello, la elección del hermano de su gran amiga desaparecida, como padrino, en este especialísimo acto, entraña una gran carga simbólica para la nueva fiscal general del Estado.
LESMES LA LLAMARÁ, PARA QUE ENTRE CON SU PADRINO
Una vez que el secretario de Gobierno, Ruano Maroto, haya leído las cinco líneas del BOE, Lesmes se dirigirá a Sarazá Jimena, que estará sentado con el resto de los magistrados, en estrados:
–El excelentísimo señor don Rafael Sarazá Jimena puede salir para acompañar a su apadrinada.
Un silencio sepulcral se extenderá por todo el Salón. Las miradas de los magistrados buscarán a Sarazá Jimena, que se pondrá de pie mientras un ujier abrirá la puerta de acceso al Salón de Plenos para que pueda salir.
Fuera, estará esperando Segarra con su toga con puñetas pero sin escudos.
El magistrado podrá cogerla por el codo o simplemente caminar a su lado hacia la presidencia, mientras todos los presentes se pondrán de pie. Detrás de ellos, un funcionario del Supremo portará sobre un fino cojín de color rojo el escudo de fiscal general del Estado y el collar de la categoría.
Cuando ambos lleguen ante la presidencia, harán cuatro inclinaciones.
La primera ante la Presidencia, la segunda ante los magistrados y fiscales a la izquierda, la tercera al contrario y la cuarta al resto de la sala, de espaldas a la Presidencia.
NO HAY JURAMENTO NI PROMESA
A diferencia de las tomas de posesión al uso que tienen lugar, en esta no hay ni juramento ni promesa. Por un simple hecho, porque la nueva fiscal general del Estado viene prometida del día anterior, ante el Rey, en la Zarzuela.
– El excelentísimo señor don Rafael Sarazá Jimena se servirá imponer a su apadrinado las insignias propias del cargo, le dirá Lesmes al magistrado-padrino.
Sarazá Jimena le pondrá el escudo de fiscal general del Estado a la izquierda de la toga y después el collar preceptivo, mientras todos los presentes permanecen de pie.
–La distinguida señora doña María José Segarra Crespo, acompañada de su padrino, puede disponerse a tomar posesión de su cargo. A cuyo efecto, sírvase vuestra excelencia tomar el asiento que le corresponde en señal de posesión.
La fiscal general del Estado y su padrino ocuparán los dos primeros puestos en los estrados de la derecha.
Luego el presidente se sentará y todos le imitarán. Lesmes volverá a tomar la palabra.
–Se da por terminado el acto, teniendo por posesionado de su cargo como fiscal general del Estado a la excelentísima señora doña María José Segarra Crespo. Se levanta la sesión.
Y esto tendrá una duración de apenas 5 minutos, si llega.