Recuerda siempre quién eres

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Cuando el Rey actual, siendo príncipe de Asturias, fue a estudiar a Canadá, cuentan que el Rey Juan Carlos sólo le dio un consejo: “Recuerda siempre quién eres”, no le dijo más ni menos.

Ahora eruditos como Pilar Urbano, con cuyos libros se calzan todo tipo de muebles, y Jaime Peñafiel, que hace mucho tiempo dirigió Hola, se permiten opinar y decirle al Rey Juan Carlos lo que tiene que hacer en base a una conversación entre dos personas de dudosa credibilidad. Sin pruebas y con los comentarios de este tipo de gente, que sabe mucho, se pretende condenar a Don Juan Carlos y abolir la monarquía.

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A mí hay cosas que no me cuadran, básicamente una, dicen que los saudíes pagaron una pasta al Rey por intermediar. A ver, eso no suele ir así, son los licitantes (consorcio español) los que pagan por quedarse con la obra y parte va al comisionista. En esta obra seguro que todos los países hicieron lo propio, y todos tenían su comisionista.

Ahora, suponiendo que lo de Corinna sea cierto, ¿preferimos no pagar nada a nuestro comisionista y perder la obra? Parece que sí, nos creemos que fuera de España se vive como dentro, en los mundos de Yupi.

Lo grave sería no declarar la ganancia a Hacienda, que eso tiene su cosa, como bien sabe Monedero, lo demás son ganas de enredar.

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No se quiere ver que el contrato cayó muy bien a muchas empresas, que necesitaban algo para su supervivencia, y aquí en España no se licitaba nada y se permitía que Cataluña no pagar a las farmacias mientras abría embajadas en el extranjero.

A estas “revelaciones” se han unido el grupo de politiquillos habitual que quieren abolir la monarquía. Gente que se cree que estamos en tiempos de Isabel II (de España) o de Felipe II. Aboliendo la monarquía aspiran a cargase la Constitución de 1978 que descansa en ella.

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La monarquía parlamentaria es la “forma política del Estado”, es decir, el Rey no ostenta poder alguno, es el símbolo del Estado, reina pero no gobierna. Es un régimen que, como la República, no depende de lo que hagan sus ocupantes, además el Rey emérito, puede ser juzgado y condenado, en base a más pruebas de lo que diga la alemana.

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Ahora bien, el actual monarca sabe bien quién es y lo que le corresponde. De hecho todo el mundo habla de un Estado aconfesional (artículo 16 de la Constitución Española) pero ha sido el Rey quien no invitó a líderes religiosos a su proclamación, quien quitó los símbolos religiosos si los ministros prometían, etc…,  sabe que es un monarca constitucional.

Esto le ha costado críticas de sectores tradicionales que, además, no pueden ni ver a Letizia.

Como en toda pareja joven no se sabe qué pasará, pero hay que destacar que Don Felipe tiene derecho a casarse con quien le dé la gana, la reina consorte tiene un escaso papel constitucional, y Doña Letizia me recuerda a la emperatriz Teodora, esposa de Justiniano, que salvó la monarquía.

Los políticos marean, van y vienen, cuando se dio el intento de referéndum mamarracho en Cataluña el Gobierno calló y el Rey salió y dijo lo que había sin ofender a nadie. Ahora el nuevo Gobierno, en su creencia inquebrantable sobre la existencia del ratón Pérez, va a “hablar” con esta gentuza, y dice que es un problema “político” prescindiendo de los delitos que se cometieron.

Los independentistas, y sus amigos, atacan al Rey, al que ven sólo, es el único obstáculo que hay entre ellos y la república bananera que quieren montar. Es evidente que el Rey está sólo y que el “símbolo” del Estado (art. 56 CE) se mantiene porque el Rey recuerda siempre cuál es su papel.

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De hecho en los recientes juegos mediterráneos al Rey le correspondía ir y fue, el president dijo una cosa y su contraria unas 100 veces ese día. En la manifestación de Barcelona estuvo y estará aunque haya algunos que traten de tapar el Sol con un dedo. Nos recuerda a todos que el cumplimiento del deber es lo primero.

Hemos de recordar que las funciones del Rey son muy variadas, pese a lo que diga Peñafiel, y que el fundamento de la Corona transciende la ejemplaridad sobre todo si ésta se mide por los centímetros de un tacón.