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Los jueces no quieren una cámara que los enfoque: 2 juicios muestran las carencias de la Justicia

El tribunal del caso Gürtel, primera época; de izquierda a derecha, Julio de Diego, Ángel Hurtado y José Ricado de Prada. AN.
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Mi experiencia de varios años es que, por mucho ruido que haya alrededor de los jueces y de la estructura de la Justicia, un artículo publicado hace dos, tres, cuatro o cinco años, puede aparecer sin cambios y no perder actualidad.

Es más, cada día que pasa me parece que el panorama despide un olor a naftalina ya en el mismo marco en que se celebran los juicios.

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Y si añadimos las declaraciones de algunos fiscales, jueces o magistrados, no es raro que nos llevemos las manos a la cabeza. Pero hemos de bajarlas para reflexionar, escribir y reclamar lo que nos deben por los impuestos que pagamos. Tampoco es tanto lo que exigimos.

DOS JUICIOS POLÉMICOS DIFERENTES

Los dos juicios polémicos son diferentes: En el de la Gürtel hay cámara que enfoca a los jueces; en el otro, no.

No voy a entrar en el fondo de los dos juicios. Sí, en la forma.

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El juicio más llamativo es el de la Gürtel. Es un juicio que se aparta de la inmensa mayoría de todos los juicios: Las cámaras grabaron a los jueces, no solo a los acusados, fiscales y abogados defensores.

Eso solo ocurre en los juicios llamados “mediáticos”.

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Por tanto, es un juicio sometido a las exigencias del periodismo.

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Como, según los jueces, la inmensa mayoría de los demás juicios les interesan a ellos, pero no al periodismo, la conclusión es muy sencilla: Los españoles no “mediáticos” no se merecen una cámara.

Si los jueces y fiscales estuviesen convencidos de que los españoles se merecían una cámara, claro que la reivindicarían.

Muchos jueces y magistrados están encuadrados en asociaciones.

Sin embargo, ¿recuerdan ustedes alguna ocasión en la que alguna de estas Asociaciones haya reclamado que los españoles tengan una cámara que los enfoque a ellos? ¿A que no?

Ellos están a sus cosas. Y aquí mismo, en Confilegal, he escrito una columna sobre las contradicciones en que se mueven.

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Que luego no se extrañen de que los españoles no los califiquen muy altos en prestigio, sino todo lo contrario.

En otras naciones, nos enteramos de quiénes son los jueces y fiscales porque hay una cámara que los enfoca.

En España, hay presupuesto para tener una cámara que enfoque a las partes, pero no para que grabe la imagen de quien preside el juicio.

El presupuesto de una cámara que enfoque a quien preside el juicio es cada vez más barato, pues cada día van descendiendo los precios de las cámaras. ¿Por qué sucede este hecho que nos distingue de otros países?

Que no haya una cámara que enfoque a quien preside el juicio y a la secretaria judicial rompe de pleno el principio de igualdad que debe regir a todo acto judicial.

En este caso se podría utilizar aquella norma que escribían los animales en “Rebelión en la granja”, de George Orwell: “Todos los animales son iguales pero unos animales son más iguales que otros”.

Todos los intervinientes en un juicio son iguales, pero algunos intervinientes –los jueces- son más iguales que el resto a la hora de que los graben. Es decir, son rotundamente desiguales.

Pero bueno, ¿quiénes se creen esos señores jueces que son? A los contribuyentes, que les pagamos, nos importa que les graben, porque resulta esencial para la confianza pública. Por tanto, no ofrecen “toda” la seguridad jurídica.

ADEMÁS, NO HAY UN SISTEMA QUE IDENTIFIQUE A LOS JUECES CON UN PORTANOMBRE

Sigamos con el juicio de la Gürtel. Ustedes pueden observar que los tres jueces no están identificados.

Entonces, ¿cómo van a conocer los españoles quién es cada uno si no ven sus nombres? Para eso, lo único que se necesita es un portanombres.

Y ahí es donde notamos lo anticuados que son los jueces españoles. Aquí tienen una serie de películas, las primeras con más de setenta años, en las que aparece la identificación del juez mediante un portanombres.

Año 1940. ‘Mi mujer favorita’ (Garson Kanin). Después de los títulos de créditos, en el primer plano vemos la puerta de una sala de juicios en la que está escrito: Juez Walgter Leyson.

Año 1942. ‘Roxie Hart’. (William Wellman). Juez Cannon.

Año 1946: ‘El cartero siempre llama dos veces. El juez identifica al fiscal Kyle Sackett y al defensor, Artur Keats. Cuando los dos se acercan a hablar en voz baja con el juez, vemos al portanombres de éste: Juez Dudley N. Parkson.

Año 1960: ‘Anatomía de un asesinato’ (Otto Preminger). Lo primero que hace el fiscal es identificarse. Lo mismo hacen el fiscal y al abogado defensor.

Año 1962: ‘Yo lo vi todo’ (episodio que dirigió Alfred Hitchcock para la televisión). El primer juez lleva un portanombres: Judge R. Martin. El segundo juez se dirige al fiscal por su nombre: Mr. Anderson. Y al acusado que se defiende a sí mismo: Mr. Barnes.

Año 1993: ‘Atrapado por su pasado’ (Brian de Palma). El juez dice que le quedan 56 vistas. Tiene un portanombres: Judge Feinstein.

Entonces, ¿cómo es que los jueces españoles, a través de sus Asociaciones no reivindican algo tan simple y barato como un portanombres? Porque no les interesa. ¿Qué es eso del “público”? Que se aguante el público.

La consecuencia de que los asistentes a un juicio no podamos conocer la identidad de jueces y fiscales puede resultar ridícula por increíble.

El 30 de Junio de 2015 asistí a varios juicios en el Juzgado de Instrucción nº 21 de Madrid. Me agradó la conducta verbal y no verbal del fiscal. Cuando pregunté por su nombre, porque quería escribir sobre él favorablemente, un oficial llamado Ángel me dijo que no podía decírmelo. Puso una expresión como si le hubiera pedido el secreto de la fórmula de la Coca-Cola.

Me empeñé en averiguar la identidad del fiscal. Me llevó ¡dos meses!.

Se llama D. Antonio Gil. ¡Cómo está el patio!

El sistema actual no te permite ni alabar a un fiscal con su nombre. Analicé y escribí sobre su estilo pero sin saber cómo se llamaba. ¿Está apolillado o muy apolillado el sistema judicial español? Lo peor es que no vislumbro señales de mejora.

MARÍA SANJUÁN,  VÍCTIMA DE MALTRATO, HA CONSEGUIDO, ¡SOLO POR CASUALIDAD!, EL 45% DE LA COMUNICACIÓN. Y SE HA QUEDADO SIN EL 55%

El profesor Alfred Mehrabian estableció, nada menos que en 1971, en su libro ‘Silent Messages’, la regla según la cual, la importancia de la comunicación Verbal era del 7%; el Paralenguaje o Comunicación Vocal contaba un 38%; y el 55% o Comunicación Visual (Lenguaje Corporal) era el factor que más contaba.

Por tanto, y de acuerdo con lo que afirmaba el profesor Mehrabian, María Sanjuán, víctima de maltrato, ha conseguido, por una de estas casualidades de la vida, es decir, porque un micrófono seguía abierto, expresiones despreciativas que el juez Francisco Javier Martínez Derqui, hizo sobre ella después de acabar el juicio – el 7%, según Mehrabian-, y el paralenguaje, o tono con el que se lo dijo – el 38%.

Sólo con ese 45%, sus abogados podrán preparar un recurso. Pero ella se ha quedado sin el 55%, es decir, las emociones que el juez mostró en su cara y los ademanes que exhibió durante el juicio. Es mucho perder. Muchísimo.

Y hay que decirlo claro. Los abogados no quieren, no se atreven y no les interesa reclamar que instalen una cámara, porque tienen que volver ante ese juez o jueza con otro caso y les pueden coger ojeriza.

Hay muchos jueces que se pasan no uno, ni dos, ni tres kilómetros sino muchísimos kilómetros. Si accediésemos a las grabaciones, nos proporcionarían base para impugnar el resultado de un juicio. Aparte de que nos proporcionarían muchos momentos de humor.

EL JUICIO DE LA GÜRTEL CON EL JUEZ “DORMIDO”. EN COSTA RICA ANULARON EN 2015 UN JUICIO BASÁNDOSE EN LAS GRABACIONES DE LOS JUECES

La diferencia entre el juicio de la Gürtel y el del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 7 de Madrid es del 100% frente al 45%. Las cámaras del juicio de la Gürtel captaron el Lenguaje Corporal del Magistrado Julio de Diego.

Al parecer, estaba durmiendo o consultando el móvil.

Resultado: Los abogados de los condenados en la Gürtel han aportado 35 videos.

Y aquí no es exagerado decir que se ha formado “la mundial”.

Y todo, porque los abogados han tenido acceso a ese 55% de la comunicación que no pudo tener la víctima de maltrato.

Hay un precedente que ya expuse en otra columna de Confilegal, y que paso a reproducir.

El Tribunal de Apelación de Sentencia Penal de San José de Costa Rica anuló en febrero de 2015, una sentencia que condenaba a 4 acusados a 10 años de cárcel por tráfico de drogas, pronunciada por un tribunal colegiado del distrito de Desamparados, en San José, formado por tres jueces, porque estos se distrajeron con el móvil durante las vistas públicas.

De los tres jueces, dos eran mujeres –Francini Quesada (presidenta del tribunal) y Mariela Villalobos– y el restante, un hombre, Andrés Mora.

Los tres magistrados condenaron el 27 de agosto pasado a Cristian Retana Gómez, Fernando Delgado Fuentes y Navey Álvarez Gómez por el delito de posesión y almacenamiento de droga para el tráfico, lo que en España se define como un delito contra la salud público o tráfico de drogas.

La anulación de la sentencia -que obliga a repetir el juicio- se ha producido por la impugnación que la abogada defensora, Carmen Amador, presentó ante el Tribunal de Apelación citado y que falló en este sentido indicado en sentencia de 2 de febrero de 2015, según el diario La Nación.

El tribunal de apelación, formado por los jueces Luis Arce, Ana Isabel Solis y Jose Campos, analizaron las grabaciones de las vistas públicas de sus colegas Quesada, Mora y Villalobos durante los días 11, 13, 14, 18, 25 y 26 de agosto de 2014, en que se celebró el juicio. Y tomaron nota puntual, con minutaje incluido, de las veces que hicieron uso de sus móviles.

La más activa fue la presidenta Quesada, que pareció aburrirse de forma soberana. En total, utilizó el teléfono 47 veces, lo que sumó 68 minutos y 24 segundos en total. Su compañero Mora lo revisó en tres ocasiones, sumando ocho minutos; Villalobos fue la que menos: 2 veces con una duración de dos minutos.

En la sentencia, el tribunal de apelación señala que Quesada bostezó cinco veces durante cinco minutos en el curso del interrogatorio de un testigo y que también se tapó las piernas con una manta dos veces en dos días distintos.

Para el Tribunal de Apelación, se produjeron tantas distracciones -en especial por parte de la presidenta del tribunal- que pudieron incidir en la percepción, análisis y valoración de las pruebas, que comprometió la validez de sus conclusiones.Entre las distracciones, por ejemplo, se señala en la sentencia anulatoria que en la lectura de la acusación por el fiscal, la jueza se ocupaba de su celular y, luego, olvidó cederles la palabra a los defensores, por lo que otra jueza debió indicárselo.

A raíz del caso, el presidente del Tribunal de la Inspección Judicial, Roberto Montero, ordenó abrir una investigación contra los tres funcionarios para determinar si incurrieron en alguna falta disciplinaria.

ANTES, EL CGPJ OFRECÍA UNOS CURSOS PARA QUE LOS JUECES CORRIGIESEN ESOS CLAMOROSOS DEFECTOS. DESDE QUE LLEGÓ D. CARLOS LESMES, ESE SERVICIO DESAPARECIÓ

Aunque un equipo esté investigando y quiera presentar sus conclusiones en un Congreso internacional, no puede hacerlo, porque el/la juez/a no facilita la grabación de él/ella.

Y D. Carlos Lesmes no está por la labor. Incluso, si ponemos por escrito nuestras observaciones sobre el lenguaje corporal de un/a juez/a, fruto de un seguimiento regular, podemos vernos en apuros judiciales, porque el/la juez/a puede acusarnos de lo que quieran, sabiendo que sólo podemos probar la banda verbal y el paralenguaje.

Conclusión: Las cosas siguen igual hasta que dejan de serlo. Estoy convencido de que los contribuyentes, aunque Lesmes y los jueces no se muevan, acabaremos por ver portanombres y la cara del juez y de la secretaria judicial.

Lesmes gana más que ningún otro funcionario o político en España, mucho más que el Presidente del Gobierno y que los ministros.

Pues bien, eso no representa ningún título especial. Hasta ahí podíamos llegar: que nos impresionasen las puñetas y un sueldo máximo sólo por presidir un órgano tan politizado como el Consejo General del Poder Judicial.

por Felicísimo Valbuena.

Doctor en Filosofía y Letras. Master of Arts in Communication, por la Michigan State University, periodista por la Escuela Oficial de Periodismo, catedrático de la Facultad de Ciencias de la Información (Universidad Complutense de Madrid), profesor emérito, profesor honorífico y consultor de comunicación.