La Sala Penal del Tribunal Supremo ha estimado de manera parcial el recurso de casación interpuesto por Francisco Morillo Suárez contra la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) que confirmó la pena de 39 años de prisión que le impuso la Audiencia de Sevilla.
Morillo Suárez, de 46 años en el momento de los hechos, es autor de un delito de asesinato «en concurso ideal» con un delito de agresión sexual por violar y asesinar en febrero del 2016 a una joven de 31 años en el parque hispalense de María Luisa.
La víctima había ingerido medicamentos para intentar acabar con su propia vida y, como consecuencia de las lesiones internas que sufrió tras la violación, murió desangrada.
El tribunal aprecia la existencia de este concurso ideal del artículo 77 del Código Penal entre los delitos de agresión sexual y de asesinato por los que había sido condenado el recurrente.
Y le impone la pena correspondiente al delito más grave, el asesinato, en su mitad superior y concretamente en el máximo legal de 25 años de prisión dada la “naturaleza brutal y especialmente grave de los hechos concretos por los que recae la condena”.
De acuerdo con su jurisprudencia, la Sala considera que al haber existido una sola agresión sexual, aunque conformada por varias acciones, y un asesinato causado por una de ellas, «ambos delitos vienen a concurrir idealmente, en la medida en que un solo hecho constituye dos delitos».
Brutalidad de los hechos
En mayo de 2017, la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Sevilla rechazó imponerle la prisión permanente revisable que solicitó la Fiscalía y le condenó a 15 años de prisión por un delito de agresión sexual y a otros 24 años por otro delito de asesinato. Un total de 39 años.
No obstante, la sentencia dispuso que el límite máximo de cumplimiento de ambas penas quedaba fijado en 30 años de prisión.
Además, fijó una indemnización en concepto de daños morales para la familia de la víctima -padres y hermana- de 125.000 euros.
La Sala de lo Civil y Penal del TSJA confirmó la sentencia en diciembre de 2017.
La noche del 23 de febrero, la víctima acudió al parque en el que permaneció hasta su cierre al público con «la supuesta intención de suicidarse, no siendo esta la primera vez que procedía de tal modo», según recogía el escrito del Ministerio Público.
Mandó un mensaje de despedida a su entorno por teléfono móvil e ingirió las pastillas «que fueron sumiéndola en una lenta somnolencia».
En el parque también se encontraba Francisco Morillo Suárez ya que era «un merodeador» habitual. El ahora acusado «consciente del estado de somnolencia» de la joven «decidió aprovechar tal circunstancia para satisfacer sus deseos libidinosos más extremos».
Como la víctima «no reaccionaba al dolor y mostraba una resistencia mínima» con sus 42 kilos de peso, Morillo «decidió ir más allá aprovechando la práctica nula defensa de su víctima para así colmar sus más depravados instintos sexuales» que horas más tarde acabaron con su vida como consecuencia de una hemorragia dada la «brutal práctica sexual».
Sin embargo, el acusado en vez de llamar a un médico para que la atendieran, se limpió la sangre, la vistió y la trasladó a otro lugar cercano. Posteriormente, “cubrió la cara de la joven con una capucha y sujetó el asa del bolso con el peso de su cuerpo, “simulando que estaba dormida”, tras lo que se marchó del lugar dejándola abandonada a su suerte”, como dijo el tribunal en su sentencia y recordó la Fiscalía.