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Una reflexión: El caso Juana Rivas visto desde los ojos de los dos niños

Juana Rivas con sus dos hijos en una foto de hace un año. EP.
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Me despierto con la noticia de que la señora Rivas ha decidido que no entrega a sus hijos a su expareja porque ha visto unos moratones en la espalda de uno de ellos, lo que le ha llevado a denunciar al padre de la criatura por maltrato.

Todos sabemos que esa decisión ya la tomó el verano pasado, y que por esos hechos fue condenada por la comisión de dos delitos de sustracción de menores.

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Al haber sido recurrida, dicha condena es definitiva pero no firme.

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Son tantas las noticias y tantas las afirmaciones que se han efectuado sobre el ínclito “caso de Juana Rivas” que no creo que yo sea capaz de aportar un dato más.

Simplemente me gustaría realizar una reflexión sobre las vivencias que están teniendo estos niños y la factura que van a tener que pagar por estos hechos.

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Los jueces nos estrujamos la mollera para poder resolver en interés del menor, es lo que más nos preocupa y es nuestro motor de decisión.

Sin embargo hay situaciones en las que va a resultar imposible salvaguardar mínimamente dicho interés.

Los hijos de estos señores llevan años saliendo en las noticias, las caras de sus padres las conocemos todos los residentes en España (y probablemente también los de Italia), estos pequeños deben de ser conocidos por su conflictividad familiar tanto en su municipio italiano de residencia como en el  español.

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Están viendo cómo sus padres se encuentran en una cruzada personal, judicial y mediática en el que ellos son el foco de atención.

Cuando tengan 15-18 años verán que su pasado se encuentra íntegramente documentado en el mundo digital: tertulias monográficas sobre el tema, redes sociales cuyo “timelime” son ellos, “hashtags” con el nombre de su madre, “youtubers” dedicándoles vídeos íntegros… y dos países decidiendo sobre cómo fue su pasado, cómo debe vivirse su presente y cómo desarrollar su futuro.

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Registro digital indeleble que les dejará una huella emocional difícil de gestionar.

A todos se nos llena la boca hablando de esos niños, pero ¿a quién le importa realmente?, ¿alguien ha pensado seriamente qué efectos perversos pueden llegar a tener todas estas noticias y sucesos judiciales en sus vidas?, ¿no había otra manera de conducirse? 

Aprecio con pesar que la factura la van a pagar ellos, pero ¿quién obtiene los réditos y por qué?, ¿quién, cuándo, cómo y con base en qué se decide quién debe enarbolarse como paradigma de una determinada lucha?

Sinceramente, creo que en este caso nada puede hacerse para paliar el daño psicológico que estos niños pueden estar sufriendo y que arrastrarán toda su vida, pero tal vez sería bueno poder tomar conciencia de ello para evitar que vuelva a pasar y dejar de seguir construyendo juguetes rotos con los que rellenar los huecos vacíos de nuestras vidas.

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