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Los cotilleos intrapartidos son las termitas del prestigio: Los casos del PP

Sobre estas líneas, la fachada de la sede del PP, en la calle Génova; el autor, Felicísimo Valbuena, es catedrático emérito de periodismo y consultor de comunicación internacional. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.
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Posiblemente, el consultor más famoso de ejecutivos en Estados Unidos entre 1965 y 1991, cuando se jubiló, fue Eugene Emerson Jennings. Era una persona muy buscada por quienes necesitaban consejo sobre su carrera profesional.

Escribió varios libros, todos muy valiosos, pero al final, toda su filosofía se resumía en 1) Cómo llegar; 2) Cómo realizar; y 3) Cómo marcharse.

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Dentro de cada etapa, cada ejecutivo se encontraba con problemas y conflictos a los que hacer frente.

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Si no sabía moverse en una de ellas, podía considerarse como alguien que no había entendido de qué iba la vida profesional.

recuerdo la vida y obras de este genio de la Gerencia es porque llevo una temporada comprobando lo bien que les hubiera venido a muchos políticos conocer el pensamiento y la experiencia de Jennings.

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En esta columna, voy a centrarme en el Partido Popular. Podría haberme ocupado de cualquier otro, pero es que ese partido ha sido, y sigue siendo, el partido en el que más estoy comprobando el título de esta columna.

¿Cuándo empezó el sorites de los cotilleos del PP?

Algunos políticos del PP están dando muestras de que no son adultos sino un grupo de cotillas. Y que, además, no les pasa nada por actuar así. Son personajes que desencadenan escándalos y que parecen desear ardientemente salir en algunos programas de televisión.

A éstos sí les interesan, y mucho, los cotilleos y escándalos.

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A un partido que quiere volver a gobernar, los cotilleos son como las termitas: derrumban su credibilidad. ¿Quién se puede fiar de un partido que funciona como un queso Gruyère?

En Lógica hay una cadena de silogismos, llamada Sorites, en los que la conclusión del silogismo precedente constituye una de las premisas del que le sigue.

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Si lo aplicamos, con cierta holgura, a lo que ha pasado en el PP de un tiempo a esta parte, vemos que la cadena es innegable. Lo que pongo en duda es que los cotilleos dentro de ese partido equivalgan a silogismos o razonamientos.

El sorites de los cotilleos comenzó con el final de Mariano Rajoy, que estuvo envuelto un ambiente de chismes: se pasó su última tarde como presidente del Gobierno de España bebiendo whisky en un restaurante.

Su escaño en el Congreso lo ocupó el bolso de Soraya Sáez de Santamaría. Como Rajoy ha sido y es un personaje sin formación, aparte de aprenderse los temas de su oposición a registrador de la propiedad, no tuvo en cuenta que hay que saber llegar, realizar y marcharse.

¡Qué desastre de imagen en su conjunto!

Aznar lo nombra a dedo, Rajoy reniega de quien le ha nombrado y acaba prefiriendo beber whisky, entre cotilleos, en lugar de dar la cara en el Congreso.

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A ver, ¿quién empeora esa marca? 

Una figura como Rajoy resultará muy útil para quienes escriban las historias de los cobardes en política.

Sobre estas líneas, Mariano Rajoy, cuya moción de censura fue la noticia más importante del año 2018 para los niños y niñas españoles, según una encuesta.. EP.

Soraya Sáez de Santamaría, en la estela de derrota de Rajoy

Después de obtener en 2011 la mayoría absoluta más desperdiciada de la democracia, como siempre faltaban las declaraciones del oráculo Rajoy, el partido era un partido de banderías.

La división más célebre se daba entre las dos abogadas del Estado que siguen sin ejercer: Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal.

La primera, además de demostrar que era una gestora muy deficiente, destrozó carreras políticas mucho más valiosas que la suya.

Por poner un ejemplo, la de José Manuel García-Margallo.

¡Luego llegó el Congreso del PP.

Se presentaba Soraya Sáez de Santamaría y ganó en la primera vuelta.

Después, fue derrotada claramente por Pablo Casado en la segunda.

Pues se las apañó para convertir la derrota en un cotilleo que parecía no tener fin.

Llegó a sostener la falacia de una doble legitimidad y exigió una presencia proporcional de sus partidarios.

¿Hay un precedente de tal mal perder en la política española?

Después de decir que no abandonaba la política, se ha ido al Consejo de Estado que, como todos sabemos, es un lugar donde trabajan muchísimo y no tienen tiempo libre.

Hay algunos que, como Landelino Lavilla, llevan cuarenta años golpeando el yunque del deber.

¡Qué Hércules!

¡Qué Atlas!

La exvicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en una imagen de archivo de una comparecencia en La Moncloa.

De Soraya Sáenz de Santamaría a Ignacio Cosidó y una lista cada vez más larga

En el mes de noviembre llegó el escándalo de Ignacio Cosidó. El portavoz del PP en el Senado cotilleó, y además en Internet, cómo el PSOE y el PP habían urdido el futuro Consejo General del Poder Judicial.

Y encima, proclamaba que el PP iba a controlar ese Consejo.

¿Le pasó algo a Cosidó?

No, qué va, ahí sigue.

Entonces, ¿de qué le sirve al PP predicar ejemplaridad si no se la aplica a sí mismo?

Cada día que Cosidó permanezca como portavoz es un día más de desprestigio para el PP.

“Defendella, no enmendalla”.

¿A quién beneficia ese persistir en el error? En el plano personal, a Cosidó, quien debería buscarse una salida profesional fuera de la política.

En el plano político, beneficia a toda la oposición, puesto que, como dirían los cursis, Cosidó se ha convertido en un referente negativo.

Cada vez que el PP quiera pedir el cese de un político de la oposición por sus malas prácticas, un portavoz de  la oposición recordará el caso Cosidó.

Hay una canción – “De tu boda, ¿qué?”- de la folclórica Estrellita de Palma en la que la protagonista de la canción dice así: “Mi novio tié mucha guasa, que es mucho novio mi novio, porque mi novio se raja cuando le hablo de casorio”.

Es decir, que, a la hora de cumplir una promesa electoral o de tomar decisiones, ¿el PP mira para otra parte, o sea, se raja, o lo que es igual, nada de nada?

Desde luego, haber ganado un Congreso, y muy bien, para luego pararse ante cualquier Cosidó, parece una auténtica guasa.

Ignacio Cosidó, portavoz del PP en el Senado cuando era director general de la Policía, en la anterior legislatura. Foto: EP.

Pero vamos a ver, ¿quién es Cosidó?

Se parece a uno de esos futbolistas que prometen y prometen, pero acaban fracasando, y se apegan al equipo si le ofrecen un puesto en la directiva porque se lleva muy bien con el Presidente. Cosidó está en el partido para lo que le manden: protestar contra Rubalcaba semanalmente, no abrir la boca durante años…

Y encima, tiene la desfachatez de decir que no dimite porque cuenta con la confianza del Presidente. En serio, ¿de qué pasta está hecho este político?

Si Cosidó sabe ganarse la vida por su cuenta, que lo demuestre.

Otros del PP han demostrado que sí saben ganársela, aunque sea a muchos kilómetros de España.

El siguiente cotilleo ha sido, nada menos, que el Partido Popular ha apoyado, difundiéndolo, un vídeo de un humorista en el que éste daba a entender que no le molestaría que Pedro Sánchez desapareciese físicamente.

La consecuencia, lógicamente, ha sido que toda la oposición ha recibido como un regalo de Reyes una metedura de pata tan descomunal.

Quieren entregar al caso a los jueces.

Y ya sabemos que, entre las cosas más inciertas, misteriosas y arcanas, y no sólo en España, es qué pasa por la cabeza de un/a juez cuando está redactando una sentencia.

El PP tendrá mucho suerte si el/la juez archiva el caso pero ¿y si no lo achiva? No hay situación alguna que un juez no pueda empeorar.

¿Cómo es que un partido como el PP puede caer en ese desvarío?

Mi dictamen es muy sencillo: Los representantes de los partidos pierden el sentido de la realidad cuando se amparan en palabras lejanas y se hacen más responsables de sus decisiones cuando hablan o escriben con palabras cercanas.

No es lo mismo hablar de Partido Popular, Gabinete de Comunicación del PP, responsable de la comunicación digital del partido, y así sucesivamente, que identificar con sus nombres y apellidos a quien ha decidido difundir el video del humorista.

¿Ha identificado el PP al responsable de haber difundido el video? No.

Lo sensato sería cesar inmediatamente al responsable. Tampoco parece que vaya a hacerlo. El PP va a esperar a que el asunto escampe. Cualquier cosa, menos cesar al responsable.

Es una táctica muy torpe.

Mientras el PP no rompa esa cadena de chismorreos muy perjudiciales para el partido, ya puede disponer de todos los gabinetes y estrategas: está pisando verdín y lo más lógico es que se vaya dando golpes y llegar a las elecciones como un partido magullado.

Y menos mal que han  despedido al infausto Arriola, que tanto dinero ha sacado al PP durante décadas.

Otros cotilleos

Finalmente, y por ahora, están los cotilleos de los políticos fracasados del PP en la Comunidad Autónoma Vasca.

Alfonso Alonso no sabe contenerse ante un micrófono y ya tiene una larga historia de meterse en terrenos que no son los suyos.

Cuando estuvo de ministro de Sanidad, llegó a criticar algunas acciones de Esperanza Aguirre. Alonso debería haber seguido la senda de Ramón Rabanera, que tantos ataques sufrió de eta y que colocó al PP en lo más alto de Álava.

A su lado, Alfonso Alonso es un boadbdil alavés.

Alfonso Alonso cuando era ministro de Sanidad junto al entonces al vicesecretario de Acción Sectorial del PP, Javier Maroto. Foto: EP.

Y Borja Sémper es un boquirroto que, en lugar de centrarse a fondo en elevar al PP en Guipúzcoa, se dedica a entrometerse en las negociaciones de los responsables nacionales del PP. Va de derrota en derrota hasta el hundimiento total. Y menos mal que, por ahora, no ha abierto la boca Iñaki Ormazábal.

Todos estos y otros más viven en el álibi, en otra parte, en la coartada permanente.

Y no puedo abandonar esta columna sin referirme al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo.

Sí, éste es un triunfador, a pesar de que no hay diferencias apreciables entre su política lingüística y la de los nacionalistas vascos y catalanes.

Además, está el episodio de Gloria Lago.

Esta luchadora a favor de la igualdad del castellano en la educación gallega, le ayudó a conseguir el diputado que le hacía falta para ganar las elecciones.

Si no ganaba ese diputado, la Xunta iría a las manos de la izquierda y de los nacionalistas.

Con ayuda de Gloria Lago, ganó ese diputado.

¿Agradeció la colaboración decisiva de Lago?

No. Puso al mando de la política lingüística a alguien tan radical en sus medidas como los nacionalistas.

Hoy por hoy, Feijóo no representa el futuro del PP.

El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo. Foto: EP.

Perdió su ocasión este verano, porque se dio cuenta de que iba a perder si se presentaba a presidir el PP.

O César o cesar: O un Casado que sabe por dónde va o será la fotocopia de un Rajoy perdedor

Resumiendo: Pablo Casado está dando muestras de que sabe lo que quiere.

Lo peor que puede hacer es participar en la creencia que demostró la inutilidad del tándem Rajoy-Soraya Sáenz de Santamaría: creían que, con hablar bien se arreglan los problemas.

Eso solo conduce a morder el polvo.

En estos momentos, los llamados “barones” pueden convertirse en auténticos estorbos para dejar atrás la funesta herencia de Rajoy-Soraya Sáenz de Santamaría.

Por eso, si Casado llega a tener educada la mirada y bien afinada su estimativa, se habrá dado cuenta de que lo peor que le puede ocurrir a él y al PP es recibir abrazos de oso.

Hará muy bien en poner fin a la costumbre del escándalo mensual proveniente de las propias filas.

Casado, según el profesor Felicísimo Valbuena, está dando muestras de que sabe lo que quiere.