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La discriminación laboral que sufren los mayores de 55 años impulsa al 15% del total de este colectivo al desempleo

En un país como el nuestro, en el que el relevo generacional es deficitario, la contratación de mayores de 55 años se convierte en una necesidad imperante.
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Los datos de la última Encuesta de Poblacion Activa ( EPA)  reflejan un nuevo descenso generalizado en el número de desempleados, que también han experimentado los profesionales de más edad -aquéllos que superan los 55 años-.

Si en el último trimestre de 2017 se contabilizaron 532.700, el pasado año cerró con una caída de 35.300, registrándose 497.400, la cifra más baja desde 2011.

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Desde el  Gobierno de Pedro Sánchez, a falta de medidas para la reinserción laboral de estos profesionales seniors, se ultima que en el  proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2019 se incluye la recuperación del subsidio para desempleados mayores de 52 años, que el Ejecutivo del PP restringió de varias formas, entre ellas limitando su acceso hasta los 55 años.

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La medida afectará a unos «114.000 parados», según los cálculos del Gobierno.

El subsidio está dirigido a los desempleados de avanzada edad que, con o sin cargas familiares, hayan agotado otra prestación por desempleo, cotizado al menos seis años a lo largo de su vida y cumplan con los requisitos para acceder a una pensión contributiva, salvo la edad.

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Del total de los 3,2 millones personas se encontraban en desempleo. De ellas, 1,6 millones tenían más de 45 años, el grupo de edad en el que menos se recorta el número de parados respecto al año anterior.

En primer lugar, y mientras a nivel general el número de desempleados es un 3% superior que en tiempos precrisis (año 2008), en el caso de los mayores de 55 años la cifra se ha incrementado a un nivel mucho mayor, en un 126%.

Así pues, hace una década se contabilizaban 220.300 parados mayores de 55 años y hoy la cifra crece hasta 497.400, a pesar de las reducciones experimentadas en los últimos años.

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Para Francisco Mesonero, director de Fundación Adecco hay que saber interpretar esta tendencia para poder una reflexión más exhaustiva con respecto a la evolución de los seniors en el mercado de la última década. Una evolución difícil, con muchas trabas para poder demostrar que la experiencia laboral es un grado.

Fuente: EPA. 4 trimestre.

Más llamativo es el incremento de la proporción de desempleados mayores sobre el total: en 2008 suponían el 6,9% y hoy ya representan el 15% de las personas que buscan empleo en España.

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 Los seniors cobran protagonismo en el empleo

En este estudio de Fundacion Adecco se intenta responder a la pregunta de cuál es la causa de este crecimiento tan pronunciado en el desempleo de los mayores de 55 años, frente a la cifra más moderada del resto de edades.

Varias razones subyacen detrás del mismo. Principalmente:

Envejecimiento poblacional

En una sociedad en máximos históricos de envejecimiento, cada vez se contabilizan más personas en la franja de edad superior a los 55 años. Así, y por una cuestión demográfica, resulta lógico que cada vez tengan más peso sobre el total de activos que buscan empleo. Esta situación es contraria a la de los jóvenes: la representación de los menores de 25 años ha caído un 3,3% en los últimos 10 años.

Crecimiento tasa de actividad

Resulta llamativo el incremento de la participación en el empleo de las personas mayores de 55 años. Si en 2008, la tasa de actividad de los profesionales entre 55 y 60 años era del 61,9%, hoy la cifra se incrementa hasta el 73,8% (*este porcentaje se refiere a las personas que tienen empleo o lo buscan sobre el total de esa franja de edad).

Una situación contraria a la general

La tasa de actividad de la población española ha descendido del 60,3% al 58,6% en la última década. El motivo lo encontramos en un punto de inflexión: la crisis económica, que modificó el comportamiento de los senior en el mercado.

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Tendencia a la participación

Si hasta el momento, gran parte habían permanecido inactivos o se retiraban del mercado laboral cuando perdían su empleo, hoy la tendencia es a la participación, fundamentalmente para contrarrestar los efectos de economías domésticas resentidas por la crisis y sus efectos: devaluación salarial y pérdida de ingresos, inferior cobertura de protección a los desempleados, etc

Desempleo de larga duración

La incorporación de los mayores a la búsqueda de empleo no siempre tiene como resultado inmediato la consecución de un puesto de trabajo. Así, es significativo cómo muchos de los que se incorporan al mercado laboral, lo hacen directamente al desempleo, y además de larga duración. Hoy, el 68,6% de los desempleados mayores de 55 años lleva más de un año buscando empleo, frente al 47% general.

Fuente: EPA. Cuarto trimestre 2018.

Sin empleo senior no hay futuro

A pesar de lo analizado, y según pone de manifiesto el informe #TuEdadEsUnTesoro, de la Fundación Adecco, más de la mitad (52%) de los currículos de los profesionales mayores de 55 años son descartados de forma automática por los reclutadores, esencialmente debido a prejuicios relacionados con unas “competencias desfasadas” o con “dificultades para encajar en una plantilla mayoritariamente joven”.

Además, 7 de cada 10 responsables de Recursos Humanos admite no haber seleccionado a ningún trabajador de esta edad durante el último año.

En este contexto, Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco califica de “obsoleta e incoherente” la discriminación laboral a los profesionales de más edad.

“No sólo es un contrasentido demográfico, sino que supone una merma de competitividad para las empresas que, al renunciar a este talento experto, se están cerrando a un público estratégico, cada vez más numeroso».

Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco.

Además, Mesonero alerta del “grave peligro que la discriminación por edad supone para nuestro Estado del Bienestar; en una sociedad envejecida, donde el relevo generacional es deficitario, la contratación de mayores de 55 años se convierte en una necesidad imperante. Están en juego nuestras más preciadas conquistas sociales y el mensaje no puede ser más claro: las pensiones no estarán garantizadas sin natalidad ni empleo senior de calidad”.

De este modo:“el empoderamiento de los seniors ha de ser un asunto de Estado: los poderes públicos deben actualizar las políticas activas de empleo para equiparar a los mayores de 55 años con los más jóvenes en materia de formación, de modo que su experiencia se convierta en un valor añadido”, concluye Mesonero.