El Supremo condena a los cuatro miembros de una célula de captación de mujeres para el Estado Islámico

Mantiene la pena de siete años de prisión para dos de ellos y rebaja dos años la condena para los otros miembros

18 / 03 / 2019 16:42

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La Sala de lo Penal del Tribunal Supremo ha condenado entre dos y siete años de prisión a cuatro miembros de una célula yihadista dedicada a la captación y adoctrinamiento, a través de redes sociales, de adeptos al Estado Islámico, principalmente mujeres jóvenes musulmanas.

El alto tribunal ha confirmado las condenas de siete años de prisión para dos miembros de esta red de captación impuestas en septiembre de 2018 por la Sección Tercera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional.

Se trata de la líder del grupo Sanae B. y de Saif Eddine H.A., quien informaba al resto de las medidas de seguridad que debían adoptar, como autores de un delito de captación y adoctrinamiento terrorista.

Por otro lado, la Sala ha estimado parcialmente los recursos de los otros dos condenados, que alegaron la falta de motivación en la sentencia recurrida.

Ello supone la modificación de sus condenas en dos años de cárcel, respectivamente; pues en el caso de Laila H. ve reducida la misma de siete a cinco años de prisión por los delitos de captación y adoctrinamiento terrorista; y a Fabio Miguel M.A., se rebaja de cuatro a dos años por adoctrinamiento pasivo terrorista.

La sentencia que se ha dado a conocer este lunes, y de la que ha sido ponente el magistrado Julián Sánchez Melgar, reproduce los hechos probados de la resolución confirmada y explica que, desde al menos el año 2014, Sanae B. realizó labores de captación y adoctrinamiento de otras mujeres, teniendo la idea de trasladarse ella misma a Siria para pasar a formar parte de la citada organización del Estado Islámico.

Dentro de la finalidad propuesta de captar adeptos, la acusada era «quien ejercía el liderazgo ideológico definiendo las líneas del grupo, así como la inoculación de ideas políticas y religiosas justificadoras de la violencia contra las personas y bienes, con el fin de imponer la aplicación rigurosa de la sharia», añade la resolución.

Por ello, Sanae B era la que «marcaba las pautas de lo que se debe o no se debe hacer, es la ideóloga, la más caracterizada, la que ha alcanzado el mayor grado de fanatismo de las dos y la que captó a la coacusada Laila H.»,explica la sentencia.

TRES GRUPOS DE WHATSAPP

Con respecto a Laila H., indica que era la encargada de realizar funciones de captación y de gestionar al menos tres grupos de WhatsApp creados para detectar a las personas que podían ser más «sensibles, vulnerables o susceptibles» de ser sometidas a un proceso de captación.

Asimismo, los magistrados destacan las funciones de los otros condenados como Saif Eddine H.A., que se convirtió en otra fuente de adoctrinamiento al transmitirle diariamente material multimedia de corte yihadista.

Por último, Fabio Miguel M., a quien los demás apodaban ‘El portugués’ en referencia a su país de origen, daba el soporte de apoyo ideológico a la ideología yihadista, y la contribución, incluso económica, a Sanae B. para ir a Siria.

Según relatan los hechos probados, Fabio Miguel M. empezó a adoctrinarse antes que el resto desde Francia y se mudó a España, donde finalmente fue detenido, para casarse con la líder del grupo, Sanae, con quien estuvo un tiempo visionando juntos vídeos de acciones yihadistas.

Estos vídeos siempre siempre tenían contenidos violentos como el ahogamiento de prisioneros a manos de miembros del Estado Islámico o la utilización de un cordón detonante para provocar decapitaciones.

PERFILES CON AFINIDAD A LA ORGANIZACIÓN TERRORISTA

La sentencia relata que este grupo utilizaba la red social Facebook para iniciar los primeros contactos con sus víctimas.

Los perfiles manejados por las acusadas sugerían cierta afinidad ideológica a la organización terrorista, sin que se materializaran actos de ensalzamiento, circunstancia que «ampliaba el espectro de personas susceptibles de ser captadas, principalmente jóvenes mujeres musulmanas».

Así, una vez iniciados los contactos se pasaba, en un segundo nivel, al uso del WhatsApp, donde se continuaban los contactos agregando al sujeto objeto de captación a los distintos grupos de la aplicación que tenían abiertos y cuya capacidad máxima era de 100 usuarios.

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