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Para saber si un juez es bueno o malo no hay que ir a sus opiniones, ideología o creencias: Hay que mirar su trabajo

Judge the Zipper
Para saber si un juez es bueno o malo no hay que ir a sus opiniones, ideología o creencias: Hay que mirar su trabajo
"Judge the Zipper" –seudónimo de un conocido juez tuitero– aborda, en su columna, el tema de si la ideología influye en los jueces y concluye que no, con razones de peso.
26/8/2020 06:45
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Actualizado: 26/8/2020 09:57
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Mientras no se demuestre lo contrario, todos los jueces somos personas y, como tales, tenemos opiniones, creencias y hasta prejuicios.

Y también ideología, claro.

Algunos más marcada que otros. Unos escorados a la derecha, otros a la izquierda y otros centrados.

La vida misma.

Nuestro Tribunal Constitucional, ya en los años 80, dejó claro que “nadie puede ser descalificado como juez en razón de sus ideas” (auto del Tribunal Constitucional 358/1983).

Es decir, que puede haber jueces de todas las ideologías, y con opiniones de los más variopinto sobre cualquier tema.

Y como tenemos opiniones/ideología, a veces nos da por expresarla.

Tampoco hay problema con eso.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha dicho, no pocas veces, que los jueces tenemos el mismo derecho fundamental a la libertad de expresión que el resto de ciudadanos, y que ello no nos compromete como jueces.

Es cierto que cuando un juez expresa públicamente una opinión o ideología, su apariencia de imparcialidad parece controvertida (el mismo TEDH ha advertido de ello). Por eso, normalmente, somos prudentes al respecto.

Pero el que no quiera serlo no se convierte en un mal juez.

UN JUEZ NO SERÁ PEOR JUEZ PORQUE EXPRESE UNA IDEOLOGÍA

Para saber si un juez es bueno o malo no hay que ir a sus opiniones, ideología o creencias. Simplemente, hay que estar a su trabajo diario, como hacemos con cualquier otro profesional (futbolista, médico, cantante o electricista).

Hay que leer sus sentencias, ver sus juicios.

Viendo cómo se conduce en la sala de vistas, cómo valora las pruebas, cómo motiva su decisión, la claridad de su exposición, etcétera, podremos decir qué tal profesional es.

Por tanto, un juez no será peor juez porque exprese una ideología o piense de manera distinta a uno.

Pero, en relación con la ideología, sí será mal juez aquél que se deje llevar por su ideología a la hora de resolver, que no la deje de lado.

Ocurre que muchos creen que justo eso es lo que hacemos todos los jueces todos los días, decidir según nuestro sistema de valores.

Esta creencia, que no tiene lógica alguna (para decidir según las propias convicciones personales no hacen falta años y años de estudio), se debe fundamentalmente al desconocimiento generalizado que existe sobre cómo es nuestra labor.

En qué consiste el trabajo judicial.

LA GRAN MAYORÍA DE LOS ASUNTOS NO TIENEN NADA QUE VER CON IZQUIERDAS O DERECHAS

Para empezar, hay que tener claro que el trabajo diario de un juez es ajeno a la ideología.

La inmensa mayoría de asuntos que vemos en los juzgados no tienen nada que ver con izquierdas/derechas.

En un juicio se ventilan hechos, no opiniones, y de normal no se discute la Ley.

Pero, además, y en todo caso, la labor de juzgar supone hacer el esfuerzo intelectual de apartar la propia ideología.

Esto no es algo raro ni forzado, es nuestro trabajo: somos profesionales de la imparcialidad. Nos ponemos la toga y dejamos en la percha nuestras creencias.

Igual que un joven que ha crecido siendo del Betis de toda la vida y un día el Sevilla FC le ficha.

Nadie duda que, a pesar de su amor al Betis, es ante todo un profesional y que, llegado el día, jugará a ganar contra el equipo de su infancia y hará por meterle un gol.

Lo mismo el juez.

Constantemente jueces católicos divorcian, y jueces penales absuelven a delincuentes aunque en su fuero interno (en su opinión) crean que son culpables.

He visto jueces de derechas imputar a altos cargos del PP y a jueces de izquierdas desahuciar a familias.

Claro, habrá algún juez que no haga ese esfuerzo intelectual, dejándose arrastrar por sus convicciones personales a la hora de resolver.

Aquí sí estaremos ante un mal juez, como decía, ante un mal profesional.

Pero nunca los malos profesionales definen a toda una profesión.

Y en ese caso ¿cómo lo identificamos? Ya lo he dicho: habrá que examinar su trabajo. Ver el juicio, leer la sentencia. Y hay garantías para corregir esa desviación u otros errores judiciales: la publicidad de los actos, el deber de motivación, el sistema de recursos, etc.

Sé que ahora mismo muchos ya están listos para contradecirme.

SE DICE QUE LOS JUECES ACTÚAN IDEOLÓGICAMENTE PARA DESACREDITAR SUS DECISIONES

Normal, no solo desconocen el trabajo judicial, sino que además se ven reforzados por políticos que dicen que los jueces actúan ideológicamente (con el fin de desacreditar una decisión judicial que no les gusta).

Sin contar el mal que hacen los partidos con su empeño, condenado por la Unión Europea y el Consejo de Europa, de meter sus zarpas en el órgano de gobierno del poder judicial y en los nombramientos que éste hace de la cúpula judicial, que queda así señalada políticamente (y con razón)

Medios de comunicación y políticos transmiten a los ciudadanos el mensaje de que los jueces decidimos según nuestra ideología, que ella es importante en un juicio.

Y esto cala en la sociedad porque es comprensible, entra fácil, más que lo de la ley o las garantías procesales.

Ojo, no todo es culpa de políticos y medios.

Los jueces también podemos hacer mucho para que la sociedad confíe en nosotros.

Esencial trabajar con seriedad, siempre y en todo lugar.

El mal trabajo de unos perjudica a todos. Cuidar nuestra imagen, nuestras formas y maneras.

También creo que debemos tratar de explicar/acercar nuestro trabajo cada vez que haya ocasión.

Sólo así podremos ayudar a que la sociedad madure y asuma con naturalidad que los jueces tenemos ideología, que podemos expresarla y que ello no afecta al buen trabajo judicial.

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