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Javier Ronda: “‘Notario de Guardia’ cuenta el desconocido trabajo de los notarios a través de anécdotas con humor”

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El coautor de este libro, “Notario de Guardia”, Javier Ronda, es, sin duda, uno de los grandes periodistas de tribunales y de sucesos de España –además de doctor en Periodismo– y uno de los mayores divulgadores del mundo legal y de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Son 30 años de profesión, trabajando en Canal Sur Radio pero multiplicándose en prensa, televisión y docencia.

Junto a su compañera de profesión –y esposa–, Marián Campra, especializada en Comunicación Institucional, se han adentrado, en esta ocasión en el desconocido mundo de los notarios españoles, desde el enfoque del humor.

En la misma línea que “De Juzgado de Guardia”, 1 y 2, que publicó en 2002 y 2009, y que reunía todo tipo de anécdotas desternillantes del mundo de la Justicia;  “Tricornio de Guardia”, en 2004, sobre la Guardia Civil; y “Vecino de Guardia”, en 2016, en torno a comunidades de vecinos, en coautoría con Campra. Pero siguiendo el rigor de su “Manual de Periodismo Judicial”.

Javier, ¿cómo se os ocurrió hacer un libre sobre anécdotas de notarios?¿De dónde sale la idea?

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La idea parte, en primer lugar, de la base de los otros libros que había escrito. Los dos “De Juzgado de Guardia”, “Tricornio de Guardia” y “Vecino de Guardia”.

Algunos amigos notarios nos preguntaban por qué no habíamos hecho uno sobre ellos. En plan sorna nos decían que ellos no eran tan serios.

Lo contamos al principio del libro. En la Feria de Sevilla se dice que la caseta de los notarios es la del Santo Entierro porque son… serios [se ríe abiertamente], por decirlo de alguna manera.

Así surge la idea, por animación de algunos notarios que conocíamos, que reivindicaban su libro de anécdotas. Ellos, decían, eran muy humanos y tenían cosas que contar, como los otros colectivos. Y es verdad. Hemos llegado a reunir más de 200 en nuestro libro.

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“El libro enseña a los españoles cuáles son sus funciones. Hasta dónde pueden llegar en un testamento. O cómo se pueden repartir las herencias, entre otras cosas”

Eres consciente de que vuestro libro es uno los más grandes ejercicios de divulgación, de pedagogía, realizados en los últimos sobre lo que son los notarios, ¿verdad?

Este libro lo que hace es contar a la opinión pública el trabajo, desconocido en muchos aspectos, de los notarios. Está hecho, evidentemente, en clave de humor. Hemos contado con la inestimable ayuda del Consejo General del Notariado, que nos ha facilitado contactos con notarios.

El prólogo de su libro es de José Ángel Martínez Sanchiz, su presidente. 

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Lo que hemos trasladado es eso. Que son servidores públicos, con unas funciones muy específicas. Yo, personalmente, he llamado a este libro ‘Manual de supervivencia’ para los ciudadanos, porque todos, al final, pasamos por la Notaría; por una hipoteca, por un testamento, una herencia, por una boda o un divorcio.

Como se suele decir, nunca se dicen las cosas más en serio como cuando se dicen, en este caso, se cuentan en clave de humor…

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Así es. Gracias a las anécdotas aprendemos lo que se puede hacer, o no, y cómo actuar a la hora de requerir los servicios de un notario o una notaria. Porque el libro enseña a los españoles cuáles son sus funciones. Hasta dónde pueden llegar en un testamento. O cómo se pueden repartir las herencias.

Me estoy acordando de la anécdota de la máquina de coser. Siete hermanos consiguen finalmente ponerse de acuerdo para el reparto de la herencia de la madre. Cuando el documento estaba redactado e iban a firmar todos, una de las hermanas pregunta que quién tenía la máquina de coser de la madre. Otra hermana contestó que ella. Y la primera reclamó su propiedad. La segunda no quiso. Y ahí se fue todo al traste.

Otra anécdota curiosa es la de un tipo que tiene una historia con una señora y, para mostrarle su gran amor, se va al notario con ella y hace un testamento declarándola heredera.

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Sí, y después el hombre volvía y lo cambiaba. Al notario le decía: “¿Tú sabes lo bien que quedo por 30 € y lo bien que me lo estoy pasando con ella?”.

Y también la de los hijos.

Sí, esa anécdota es de las mejores y entraña una profunda lección. El padre, muerto, les dio una lección. Era mayor y tenía dos hijos. Una tarde fue al notario con el primero. Hizo un testamento a su favor dejándole el tercio de libre disposición y favoreciéndole en el tercio de mejora. Ya sabes que las herencias se dividen en tres partes. A estas dos hay que añadir el de la legítima.

Al día siguiente regresó con el segundo hijo e hizo un testamento idéntico a favor suyo.

La sorpresa se la llevaron los dos hijos cuando se murió el padre y fueron a la notaría para hacerse cargo de la herencia.

Porque, después de eso, el padre regresó una tercera vez e hizo un tercer testamento dejándoles a cada uno de ellos el 50 por ciento de la herencia. Y le pidió al notario que incluyera una frase aclaratoria de porqué lo había hecho.

“He tenido que hacer esto para que me cuidéis” –lee Ronda–. “Siendo consciente de que sois los dos unos avariciosos y que queréis más a mi dinero que a mí”. Una gran lección que nunca olvidarán.

Este es el segundo libro que Javier Ronda y Marián Campra escriben juntos; el anterior fue “Vecino de Guardia”. Foto: Diario de Jerez.

Como mucha gente sabe, los notarios tienen que leer los documentos de los que tiene que dar fe ante las partes. Lo que provoca, en ocasiones, descubrimientos curiosos, como la capacidad que tienen para dormir niños.

Sí ocurrió hace un año en una notaría andaluza. Un matrimonio acudió con su hijo pequeño, en un carrito, a firmar una hipoteca. El niño no dejaba de llorar. Pero cuando el notario comenzó a leer los casi 50 folios, el niño cayó dormido como un leño. Mano de santo, que se suele decir. Los padres le preguntaron al notario si podían grabar su lectura para poder dormirlo por las noches. Porque hacía semanas que no pegaban ojo…

También abordáis en vuestro libro anécdotas sobre bodas. Los ciudadanos no tienen muy claro que los notarios pueden casar e, incluso, divorciar…

Pueden divorciar si no hay hijos menores. Los notarios pueden casar, sí, como los sacerdotes, los alcaldes y concejales y los jueces. Es la última atribución que se le ha dado a los notarios hace escasamente cinco años.

Sí, y algunos notarios muestran una capacidad de innovación sorprendente. Porque uno de ellos tenía tres versiones de boda: la corta, la media y la larga.

Eso nos llamó mucho la atención, esa capacidad de un notario de adaptar la longitud de las bodas, según lo desearan los contrayentes: versión corta, media o larga. En la versión larga el notario hacía mucho hincapié en el amor y en una de las finalidades del matrimonio –la procreación–, en la importancia de los hijos, de la felicidad que traían al matrimonio, ya sabes.

En la anécdota que contamos, la novia pasaba de los 50 años, pero contrató la versión larga. Le pidió al notario que no suprimiera esa mención porque aunque no pudiera tener hijos era muy bonito cómo lo contaba.

Como te decía, nuestro libro cumple una función divulgativa porque enseña a los lectores todas las facetas que, en pleno siglo XXI, son todavía muy desconocidas de los notarios en algunos aspectos. Y este es uno de ellos.

“Nos llamó mucho la atención, esa capacidad de un notario de adaptar la longitud de las bodas, según lo desearan los contrayentes: versión corta, media o larga”

Otra faceta que no se conoce demasiado de los notarios es la capacidad de levantar acta.

Las actas son divertidísimas. Es la atribución que tiene el notario para dar fe de lo que está pasando. Hay cosas que son sensacionales.

¿Cómo la del extranjero que le da al notario la llave del apartamento en la que su esposa y un hombre están manteniendo relaciones sexuales con el fin de que levante acta de ello?

[Se ríe] Sí. El notario le contestó que no estaba para eso y le aconsejó que se buscara un detective.

Esta faceta, la de levantar acta, la de dar fe de algo que está ocurriendo, no es muy conocida por los ciudadanos.

Algunas cosas son subjetivas, como cuando alguien llama a un notario para que levante acta de un problema de aguas fecales y la persona le dice: “Ponga usted que huele muy mal”.

Eso es subjetivo. Es posible que huela muy mal o que no. De lo que el notario tiene que dar fe es de que hay una tubería rota.

Otro ejemplo, en este sentido, es el de los vinos. ¿Puede un notario levantar acta de que un vino es bueno o malo en las barricas? El notario no puede decir si es bueno o malo el vino. Puede decir que procede de tal barrica, que tiene tantos litros, que tiene tal color y tanta graduación si se analiza.

La anécdota de las colmenas es muy esclarecedora.

Sí, una notaria fue contratada para dar fe de las colmenas de abejas existentes, para lo que tuvo que ponerse el típico traje de apicultor, y entre un calor sofocante, fue tomando fotografías y contando las placas identificativas que cada una de las colmenas mostraban. Una historia, de haberse podido grabar, digna del National Geographic que, además, Pachi ha recogido en una de sus estupendas ilustraciones que confieren un gran valor a “Notario de guardia”.

Como la del notario tuno, que también los hay, que tuvo que regresar a su notaria con toda urgencia a firmar un poder, con jubón, beca y capa incluida. La cara de los clientes fue todo un poema.

A veces los notarios tienen que levantar acta de cosas tan poco comunes como colmenas, como cuenta una de las anécdotas, o ir a firmar un poder urgente cuando se está vestido de tuno, como relata otra. Dibujos: Pachi.

El libro está lleno de anécdotas de notarias. Mujeres. ¿Qué tanto por ciento de mujeres son notarias?

Casi el 40 por ciento de una cifra total de 3.000 notarios. Y subiendo. En nuestro libro le hemos dedicado un capítulo, precisamente, a los opositores. A los 1.000 aspirantes a notario que todos los años se preparan la oposición. Es una de las más duras. Porque tienen que memorizar casi 400 temas y solo hay 50 o 60 plazas anuales. El tiempo medio empleado en sacarla está entre los 4 y 5 años.

En unos años, nos han contado, mujeres y hombres notarios estarán a la par. Al 50 por ciento.

Precisamente hemos elegido la portada, con una mujer notaria, en homenaje a todas esas mujeres que poco a poco se han abierto camino en esta profesión. No olvidemos que antes no podían ser notarias. Todo esto es nuevo.

Es a partir de mediados de los sesenta las mujeres ya pudieron presentarse a las oposiciones a jueces, fiscales y notarios.

Ahora hay muchas mujeres notarias y, por cierto, han sido muy colaboradoras en la gestión del libro. La verdad es que no nos podemos quejar por las fuentes que hemos tenido.

Hasta Rafael Leña, que tiene 85 años, un clásico en esta profesión, ya jubilado, que sigue preparando opositores –es el más mayor de todos los preparadores de notarias de España–. En estos tiempos de pandemia ha seguido ha seguido dando las clases y oyendo “cantar” a sus alumnos por “WhatsApp”.

¿Dónde se hacen las oposiciones?

Como cualquier colectivo regulado así, se hacen por zonas y en diferentes tribunales. En estas últimas ha sido en Sevilla y Granada.

Contamos varias anécdotas de oposiciones. Hay una muy buena que es la del opositor medio torero que dijo, cuando le calló el tema 12, que no controlaba, miró al tribunal, y dijo “esta faena no es para mí”, y con esa se levantó y se fue. A lo Curro Romero.

O aquella en la que se fue la luz y se quedó el lugar oscuro como boca de lobo y el opositor siguió ‘cantando’, que es como se llama recitar los temas oralmente.

Son unas oposiciones muy duras. También hay una parte de suerte, pero muy poca porque son estudios muy complicados, de mucha constancia y de organización. Eso garantiza que tengamos muy buenos notarios. Los mejores que se pueden tener. Porque están muy preparados.

“Los notarios son funcionarios públicos pero tienen que pagarse de su bolsillo su propio sueldo, las oficinas y los salarios de las personas contratadas”

Hay una cosa que me gustaría que aclararas porque mucha gente no lo entiende. ¿Por qué un notario tiene que aprobar una oposición si gana de lo que contrata? El Estado no le paga su salario. 

Eso nos llamó la atención cuando hicimos el libro. Es el mismo caso que los registradores. Ambos ocupan una plaza por oposición. Son funcionarios públicos. Pero son los únicos funcionarios que tienen que pagarse de su bolsillo su propio sueldo, el piso donde tienen las oficinas y los salarios de las personas que tienen contratadas, que no son funcionarios.

Una notaría no se puede poner como una tienda. Está todo regulado. Hay una tasa de notarios en cada ciudad en función del número de habitantes. Incluso por zonas. Para dar una cobertura.

Los notarios y los registradores son profesiones híbridas. Se lo tienen que pagar todo, pero no pueden hacer lo que quieran porque están regulados por el Estado.

La mejor anécdota que se cuenta de eso es cuando el ciudadano va a pagar al notario y le dice, “pero, hombre, esto es muy caro. Usted lo único que hace es firmar”. Y le contesta el notario: “No, mire. Usted lo que está pagando aquí son los trabajadores, la luz, el agua, el local, mi formación y mi oposición. La firma se la regalo”.

No sé cómo funcionan fuera de España, pero el sistema que tienen los notarios en nuestro país causa sorpresa cuando se conoce cómo funcionan. Y funcionan muy bien. El sistema es bueno.

Supongo que durante el confinamiento se habrán visto afectados como el resto los negocios.

Han estado en servicios mínimos y han hecho una labor muy buena durante el estado de alarma. Me han contado que han tenido testamentos hasta por teléfono con esto del coronavirus. O han tenido que atender porque había un vencimiento de un piso que se tenía que comprar.

Contamos en el libro que en pleno follón se constituyó una empresa. Todo estaba muy regulado. No podía entrar más que un número de gente en la notaría. Y se hizo. Así se hace funcionar España. Porque si no hay notarios que puedan hacer hipotecas, compra-venta, testamentos o cobrar la herencia nuestro país se para. Y nos consta que han echado el resto.

¿Cuántos notarios han colaborado en vuestro libro?

Más de 150 notarias de toda España. Y muchísimas fuentes adicionales.

El último capítulo del libro incluye un “Breve diccionario notarial urgente para el ciudadano”…

Fue una idea de Marián. Hay mucho vocabulario que es jurídico, que nosotros controlamos, pero que se escapa al común de los mortales.

Creemos que es una herramienta útil para cualquier persona que tenga que hacer algún trámite notarial.

Estos no son tan serios como parecen. Es una profesión desconocida. Son unos grandes servidores públicos. Asesoran, también. Tienen una función social. Algunos son verdaderos psicólogos.

Javier, nos has enviado a Confilegal un libro para nuestros lectores. Pero solo se lo puede llevar uno. ¿Qué condiciones pones para haya un elegido?

Marián y yo hemos disfrutado muchísimo elaborando “Notario de guardia”, tenemos que reconocerlo. Y queremos que haya una segunda parte, como “De Juzgado de Guardia”. Por ello, planteamos una condición para quien esté interesado en el libro que hemos asignado a Confilegal: Deben enviarnos una anécdota a anecdotasnotariado@gmail.com poniendo en el Asunto: Confilegal Anécdotas Notarios. La mejor anécdota se llevará un ejemplar de “Notario de Guardia”.

“Notario de Guardia” acaba de ver la luz de la mano de la Editorial Campra Comunicación y está siendo distribuida por Basconfer y Edisofer.