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Los padres nos defendemos ante la Ley Celaá

María Menéndez de Zubillaga
Los padres nos defendemos ante la Ley Celaá
La ministra de Educación, Isabel Celaá. Pool Moncloa/JM Cuadrado.
Tras la aprobación en el Congreso de la Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación (LOMLOE)
25/11/2020 06:40
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Actualizado: 10/5/2021 10:39
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Existe el derecho y deber de los padres a ser los primeros y principales educadores de sus hijos. Este derecho a educar de los padres es anterior al Estado y está amparado por la norma suprema del ordenamiento jurídico español: la Constitución Española (artículos 27.1 y 27.3), además de contar con referencias en la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) 74/2018.

El derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos cuenta también con el respaldo jurídico internacional, al estar recogido en varias normativas que traspasan nuestras fronteras, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 26.3).

También en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea de 2010 (artículo 14.3) sobre la libertad de creación de centros docentes.

Asimismo, ampara el derecho de los padres en la educación de los hijos y la obligación del Estado de garantizar ese derecho el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículo 18.4), donde dice que los Estados Parte en dicho Pacto se comprometen a respetar la libertad de los padres para garantizar que los hijos reciban la educación religiosa y moral según sus convicciones.

Y lo recoge también el Protocolo adicional al Convenio para la protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales de París, 20 de marzo de 1952, en su artículo 2.

La reforma educativa

Esta nueva ley de reforma educativa, la LOMLOE, elaborada en plena pandemia, reformula los derechos fundamentales recogidos en la Constitución Española y en las normativas internacionales.

El derecho de los padres en relación con la educación de sus hijos resulta indiscutible y el Estado tiene la obligación de respetar sus legítimas opciones ideológicas, filosóficas y religiosas.

Tiene que respetar la libertad de conciencia, religiosa y educativa, libertades consagradas en nuestra Carta Magna y en todos los tratados de Derechos Humanos de los que España es signataria.

Por eso, esta LOMLOE es de las más perversas. Ya que todos estos derechos y deberes fundamentales y libertades se suprimen. Ya nos lo había avisado la ministra de Educación, Isabel Celaá: «No podemos pensar de ninguna de las maneras que los hijos pertenecen a los padres».

Así que el derecho fundamental de educar a los hijos y de ser los primeros y principales educadores por ser padres, se tira a la basura. ¡Qué mejor que el estado para decirle a los niños lo que tienen que hacer, lo que tienen que pensar, lo que tienen que sentir, etc.!

¿Esto no es de gobiernos comunistas y dictatoriales? ¡Pero si es que tenemos un gobierno comunista y dictatorial!

Los colegios, semilleros ideológicos

El Estado no puede imponer una determinada educación, estableciendo ciertos contenidos que los padres no consideren adecuados para la formación y educación de sus hijos, y para los que ni siquiera hayan sido informados.

El derecho de adoctrinar y manipular en los colegios vulnera el derecho de los padres.

Y negar el consentimiento de los padres es pretender el control ideológico de la escuela, algo constitucionalmente prohibido por violentar el mayor interés del menor y la patria potestad, que es un derecho de los hijos a ser protegidos.

Sin el consentimiento expreso de los padres, los colegios se vuelven semilleros ideológicos a espaldas de los padres y se vulnera la confianza que éstos depositaron en el centro escolar donde llevan a sus hijos.

De hecho, desde 1990 las reformas educativas coinciden con el cambio de color del gobierno de turno, porque eran gobiernos que se iban turnando, PP y PSOE se iban alternando y cuando llegaban al poder reformaban la ley de educación.

La LOGSE del PSOE (1990), la LOCE del PP (2002), la LOE del PSOE con la incorporación de Educación para la Ciudadanía, la famosa EPC (2006), la LOMCE del PP (2013), y ahora toca la LOMLOE del PSOE (2020).

¿Son o no son las escuelas, los colegios, semilleros ideológicos del gobierno de turno? Por ello en la LOMLOE ya se impone por ley que solo existe el derecho a la educación pública. Para poder adoctrinar a gusto.

Otro tipo de educación solo cabe en la esfera privada, los colegios privados. Sin amparo del estado, que es el que debiera garantizar que las familias puedan elegir.

¿Pero qué vas a elegir si solo dan una opción? Porque muy pocas familias podrán optar por una escuela privada. Y si las familias son numerosas, la opción de elegir queda anulada.

Y no solo por motivos económicos, que también. Es que, a más hijos, más realidades diferentes y las circunstancias familiares son más cambiantes. No todos los hijos tienen las mismas necesidades educativas y a medida que van creciendo, las circunstancias de cada uno van variando.

Desde que entran por primera vez en la escuela infantil o guardería con meses, hasta que terminan el colegio en bachillerato, la elección de colegio es una de las más complicadas para los padres. Queremos elegir la mejor educación para nuestros hijos y a medida que van creciendo, puede ser que esta elección pueda variar para adecuarse a nuevas necesidades.

¿Y cómo podemos adecuar la elección de colegio a las necesidades de cada hijo y a cada realidad si el Estado solo nos ofrece la imposición de la educación única?

Hay que adaptarse a la imposición dictatorial. Los hombres y mujeres, las familias, los padres y sus hijos son los que tienen que amoldarse a la alternancia adoctrinadora de las leyes elaboradas para loor y gloria de los padres de la patria.

Las leyes al servicio de las ideologías. Si cambian éstas, cambian las leyes.

El círculo se cierra sobre las familias cuando también cercenan la posibilidad de la educación especial, igualando a todos los alumnos en sus necesidades. La inclusión de alumnos con necesidades especiales en centros escolares ordinarios es la tendencia de esta ley LOMLOE o ley Celaá.

Y niegan también la posibilidad de una educación diferenciada, aunque los tribunales arremetan contra esta decisión.

En los colegios concertados se elimina la «demanda social» para abrir nuevos centros o aumentar plazas. A cambio, se aumenta el número de plazas escolares en los centros públicos. La tendencia es a imponer una única educación laicista y adornada con la ideología de turno. Y la calidad de la que presume Celaá se reduce a que en esa educación caben todos sin esfuerzo. Porque es la única que habrá garantizada por el estado.

La guinda de este pastel envenenado es la asignatura de Lengua española y Literatura que pasa a llamarse Lengua Propia y Literatura.

Hay más puntos controvertidos en esta ley de reforma educativa y muy importantes, como pasar de curso sin esfuerzo, imponer perspectiva de género en la historia de la democracia española, ideología de género que lo impregna todo, educación afectivo sexual desde primaria y la religión relegada al olvido en una esquina mientras que se promociona la cultura de las religiones y los valores cívicos, como el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales.

Derechos y Libertades que esta ley aplasta corrompiendo los derechos de los padres a ser, como decíamos al inicio, los primeros y principales educadores de nuestros hijos. Y a quitarnos el deber de ajustar a las distintas realidades de nuestros hijos una educación acorde con nuestras convicciones filosóficas, religiosas, morales y pedagógicas.

Así, esta LOMLOE, que debería tender hacia un pacto educativo, tendría para ello que contemplar como uno de sus ejes básicos la libertad de educación, derecho fundamental que obvia Celaá. Así no Celaá. Así no.

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