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[Opinión] Trump, democracia y desinformación

Luis Romero analiza los últimos acontecimientos que han rodeado la invasión del Capitolio por una masa descontrolada azuzada por Trump y las consecuencias para este.
| | Actualizado: 15/01/2021 11:09

Recuerdo mis intervenciones en las clases de historia contemporánea en bachiller cuando expresaba mi opinión sobre los regímenes de Nicaragua, Cuba o los países del Este de Europa.

Había un buen número de estudiantes que no estaban de acuerdo con que en esos países hubiese una dictadura y creían que la revolución había constituido en ellos unas “democracias populares”.

Por mucho que yo insistiera en la falta de democracia de  las repúblicas comunistas, aquéllos persistían en sus argumentos mientras que la profesora adoptaba una posición intermedia, pues era muy de izquierdas y entonces la izquierda veía con simpatía a ciertas dictaduras comunistas.

La desinformación o manipulación de la información habían conseguido que muchos defendiesen a esos regímenes.

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El día del asalto al Capitolio de los Estados Unidos estaba viendo una cadena de televisión americana en español, Univisión, siguiendo los debates y trámites parlamentarios en el Congreso y el Senado que iban a culminar con la designación de Joe Biden como el 46º presidente de USA.

Al mismo tiempo que el informativo emitía esas sesiones parlamentarias también informaba de la muchedumbre frente a la Casa Blanca y el discurso incendiario que le había dirigido Donald Trump animándolos a enfilarse al Capitolio para luchar con fuerza e impedir que se consumara el “fraude electoral” y el “robo de las elecciones”, debían impedir que el vicepresidente Mike Pence diese por buenos los resultados.

Al poco tiempo, los seguidores de Trump ya estaban sitiando el Capitolio y se enfrentaban a gritos a la policía para a continuación sobrepasar las vallas, agredir a las fuerzas del orden, desobedecerlas y violentamente comenzaron a invadir el edificio arrollando y rompiendo todo lo que les impidiese el paso.

Se veía al mismo tiempo como tuvieron que interrumpir las sesiones parlamentarias al estar cercados los políticos por los extremistas azuzados por Trump.

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VÍDEO DE TRUMP MEDIA HORA DESPUÉS DEL ASALTO

El presidente emitió a la media hora de producirse el asalto un video en el que pedía a los manifestantes que fueran pacíficos pero haciendo ver que estaba con ellos y sin pedirles que se retirasen inmediatamente respetando a la policía.

Esto lo hizo una hora después aproximadamente, cuando ya había víctimas o estaba a punto de haberlas.

El presidente Trump llevaba incitando a muchos de sus votantes desde hacía tiempo para que ese 6 de enero fuesen a Washington y pararan el “robo electoral”, pero mucho antes de las elecciones ya estaba preparando su estrategia para manipular a los electores y desinformar sobre un posible fraude electoral, estrategia que fue intensificando conforme avanzaba la campaña electoral.

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Esa tergiversación alcanzó su culmen el día del escrutinio cuando dijo que había ganado claramente y que le estaban intentando robar las elecciones, en cuanto fue consciente que los estados decisivos iba a ganarlos el partido demócrata.

Y ya siguió con sus patrañas para enturbiar la victoria de su contrincante Biden, hablando de votos de menores de edad, de personas que no estaban censadas o que eran inmigrantes ilegales, votantes que votaban varias veces, robo de votos, certificados falsos, etc.

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Eso sí, solo en los estados en donde perdía o en los que la tendencia era favorable a los demócratas.

A él se unieron algunos republicanos a su sombra y su equipo legal liderado por Rudolf Giuliani, del que siento vergüenza como abogado, pues ha hecho un ridículo inmenso liderando la ofensiva en los tribunales denunciando el falso fraude electoral, siéndole desestimadas todas las demandas y si alguna no lo fue, la resolución de los tribunales superiores le quitó la razón.

Además las autoridades de esos estados cuyo resultado ponían en duda, muchas del partido republicano, también certificaron el resultado que ellos no daban por bueno.

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Llegaron al Tribunal Supremo y perdieron todos sus recursos por falta de pruebas.

Es más, muchos de los jueces habían sido nombrados por Trump y su partido.

Un abogado puede perder, por supuesto, pero si sigue perdiendo con los mismos argumentos no debe seguir estrellándose en los tribunales al mismo tiempo que convoca ruedas de prensa donde intenta convencer a los periodistas como niños con mentiras y chistes malos, solo porque gana varias docenas de miles de dólares al día mientras su cliente siga encargándole demandas infundadas.

Admiraba a Giuliani por sus muchos logros cuando fue alcalde de Nueva York y por su actuación en los atentados del 11S.

También admiraba hace años a Trump y había leído algunos de sus libros sobre negociación y dirección de empresas, antes de saber que al parecer no los había escrito él.

Al igual que en mis viajes a Manhattan, me había alojado en uno de sus hoteles con las mejores vistas de Nueva York y había comido en uno de sus restaurantes.

El agua de la mesita de noche tenía su fotografía: “Trump water”.

Al presentarse a las primarias del partido republicano, no pensé que saliese elegido pues imaginaba que podría ser bueno en sus empresas, en ciertos programas de TV y en las revistas del corazón, pero no un presidente serio.

Quedé consternado al seguir sus discursos y debates en esas elecciones internas de los republicanos donde se enfrentaba a sus oponentes con los peores insultos hacia ellos, sus familiares y cualquiera que les apoyara.

Además, en aquellas fechas ya comenzaron a publicarse escándalos sobre cómo insultaba o vejaba a algunas mujeres, a periodistas que no le gustaban, rechazaba responder a ciertos medios de comunicación, etc.

LO PEOR NO ERA LO QUE DECÍA SINO CÓMO LO DECÍA

Lo peor de su conducta no era lo que decía sino cómo lo decía, con saña, prepotencia, mala educación y con los modos de un matón, o como dicen en USA, un abusón.

Así que la poca imagen positiva que me quedaba de Trump se esfumó aunque no me extrañó que finalmente ganara las primarias y fuese el candidato que iba a retarse con Hillary Clinton: las bases republicanas se habían creído sus mentiras y lo apoyaron a pesar de comportarse en sus discursos como un energúmeno y un indeseable.

Lanzaba sus soeces insultos hacia las mujeres, los enfermos, los desvalidos, los inmigrantes, los pobres, contra todos.

Y, por otra parte, mostraba su simpatía con grupos antidemócratas, racistas y hasta con el Ku Klux Klan.

También se desvelaban por la prensa algunos de sus turbios negocios y sus intereses en algunos países con los que quizás, si lograba ser presidente, no iba a defender a su país como debiese pesando más su interés lucrativo.

Pero tantos y tantos republicanos, las bases y los veteranos congresistas y senadores, gobernadores, alcaldes, lo apoyaron tapándose los ojos, por sus intereses y ansias de poder, olvidándose de los buenos modales y el compromiso con la democracia.

No les importaba elegir a un ser despiadado y egocéntrico.

La misma falta de respeto mostró en los debates con Hillary Clinton, interrumpiéndola constantemente, repitiendo sus eslóganes una y otra vez, sin argumentar brillantemente sus fundamentos sino vendiéndolos como un trilero con total falta de escrúpulos.

Sin embargo, el día antes de las elecciones me atreví a vaticinar que Trump sería el próximo presidente en el foro de una tertulia en el que aparte de la literatura, la justicia y el derecho, tratamos de política. No me alegré por ello.

Desde el día en que juró como presidente vimos como sus mentiras crecían y crecían: han sido alrededor de 20.000 mentiras en su mandato, según el Washington Post (unas 15 por día), desde el número de personas que siguieron su designación en el Capitolio hasta sus pronósticos sobre el Covid, su gravedad, el uso de mascarillas, etc.

Siempre apoyó a los grupos supremacistas y extremistas que ejercían la violencia incluso con víctimas mortales, lo cual no importaba a muchos pues con su política proteccionista en lo económico, sus recortes de impuestos y sus cambios drásticos en la política internacional, muchos estaban contentos y ganaban más dinero y tenían trabajo, no importándoles sus casos de corrupción con Rusia en los que varios de sus colaboradores más cercanos fueron condenados, con su abogado Michael Cohen, que fue juzgado y condenado, poniendo en juego la seguridad del país.

Tampoco ha influido mucho en los americanos que le han apoyado su trato inhumano con los inmigrantes o los extranjeros en situación irregular, o los millones de ciudadanos que quedarían sin cobertura por tratar de anular el Obamacare.

Pero más que todo eso me inquieta lo que está sucediendo tras el asalto al Capitolio incitado por el expresidente.

La mayoría de los votantes republicanos siguen apoyándole a pesar de los graves hechos acontecidos.

Parece alegrarles a muchos el que una turba de extremistas nazis, antidemócratas, supremacistas, muchos de ellos desquiciados y delincuentes, hayan interrumpido una votación en el Congreso para la designación del nuevo presidente.

No les ha importado que Estados Unidos haya dado una imagen tercermundista al mundo entero, que haya habido cinco fallecidos y muchos heridos, siendo el primer responsable el inductor Trump.

Es decir, están de acuerdo con la comisión de delitos federales de insurrección, atentado a la autoridad, lesiones, robos e incluso homicidios.

MI PREOCUPACIÓN

Y aquí viene mi máxima inquietud.

En los instantes en que estaba produciéndose la toma de las cámaras parlamentarias en Washington, grabé un video y lo publiqué en mis redes, al igual que un texto con mis reflexiones sobre lo que estaba ocurriendo y la responsabilidad penal, civil y política de Donald Trump.

Aunque la mayoría de los comentarios que he recibido a mis publicaciones han sido de apoyo y condenan la actitud del neoyorkino, no pocos apoyaban a Trump en su insistencia en el robo de las elecciones, que han apremiado en preguntar cómo yo o los demás que comentaban sabíamos que el fraude electoral no era cierto si eso solo lo decían los medios de comunicación que manipulaban con sus “fake news”.

Al responderles que todos los jueces y tribunales habían desestimado las demandas y denuncias de los supuestos fraudes e irregularidades, los incrédulos respondían que cómo podíamos saber que eso era verdad o que los jueces estaban comprados por los demócratas y poderosos adinerados.

Curiosamente, no tenían en cuenta que han sido muchos los jueces que han emitido los fallos, en diversas instancias, de distintos estados y de distintas ideologías, algunos designados por los republicanos.

Esto último me preocupa mucho, porque todos los ciudadanos que en nuestro país han apoyado sin fisuras las políticas de Trump, independientemente del resultado para la economía y otros sectores, han ignorado la otra parte de la política del magnate que atentaba contra las libertades, los derechos humanos, la moral, el orden, la paz ciudadana, y que promovía el odio, el enfrentamiento civil y aumentaba las desigualdades.

Pero aún me enerva más el que tras los sucesos del 6 de enero, muchos españoles sigan poniendo en duda el resultado de las elecciones.

Es más, los comparo con muchos de los miles  manifestantes de ese día que creían firmemente que había habido fraude electoral a base de mucho leerlo en sus foros, en cierta prensa digital manipulada donde hay conspiraciones por todos lados, y por oírlo a Trump y a sus seguidores.

Han oído eso durante mucho tiempo y no creen lo que dice New York Times, Washington Post, Wall Street Journal, Chicago Tribune, Los Ángeles Times, CNN, CBS, NBC y ya hasta la FOX.

Parece que no han leído o ni siquiera conocen el libro “Siempre demasiado y nunca suficiente” de la sobrina carnal de Trump, Mary Trump, psicóloga, en el que describe perfectamente la conducta narcisista y egoísta de su tío desde joven.

Tampoco conocen o han leído algún extracto en la prensa del libro del exconsejero de Seguridad Nacional John Bolton “La habitación donde sucedió”, ni el libro de Michael Cohen, exabogado de Trump, en el que habla de sus propias mentiras y las de su cliente Trump comparándolo con “un jefe de la mafia”.

Los libros “Fuego y Furia” de Michael Wolff, “El enemigo del pueblo” del periodista Jim Acosta de la CNN, o “Miedo” y “Rabia” del Premio Pulitzer Woodward.

Yo sí puedo decir que los he leído estos años, en los que he seguido en las cadenas de TV americanas las acciones como presidente de Trump, y que he sentido vergüenza de ese gobierno en un país al que admiro y que ha sido durante muchos años un ejemplo de democracia.

Arnold Schwarzenegger, exgobernador republicano de California, acaba de publicar un video en el que describe su indignación por el comportamiento de Trump incitando al asalto del Capitolio y en el que critica su modo de hacer política, señalándolo como responsable.

Mitch Mc Connell, líder de la mayoría republicana en el Senado, lo dijo minutos antes de producirse el asalto: no podemos poner en duda el resultado de lo que ha votado el pueblo, si no aceptamos estos resultados que han certificado las autoridades administrativas de los Estados y respecto a los que los jueces han desestimado todas las demandas que denunciaban supuestas irregularidades y fraudes, crearíamos un grave precedente y se quebraría nuestro sistema electoral.

Algunos republicanos, muchos más tras los graves incidentes, han apoyado a Biden y han acusado a Trump de irresponsable.

otros, como el tejano Ted Cruz, siguen metiendo cizaña y han mantenido sus alegaciones en contra de los resultados electorales.

Vuelvo a repetirlo, me inquieta bastante que en nuestro país haya muchos que se crean las patrañas de Trump e incluso piensen que Biden es socialista o comunista, cuando es un demócrata moderado.

En Estados Unidos no hay partidos de izquierdas, en todo caso un ala del Partido Demócrata podría calificarse de socialdemócrata.

La explicación no puede ser otra que la desinformación que planea en muchas de las noticias publicadas en algunos medios digitales, en muchas ocasiones bien dirigidas y orquestadas por grupos y organizaciones nacionales que no respetan los valores democráticos y desean mermar nuestra democracia, otros que defienden ideas extremistas, otros de organizaciones y partidos separatistas, y otros  de países totalitarios o dictaduras que publican en medios disfrazados de una apariencia democrática.

Lo que ha dicho el exgobernador de California es una gran verdad: hay que tener cuidado con esos extremistas y delincuentes que no respetan nuestras libertades, según él:  ellos rompieron los cristales de las puertas y ventanas del Capitolio  y ese sería “El día de los cristales rotos en Estados Unidos” comparándolo él con “El Día de los Cristales Rotos” en la Alemania Nazi cuando los nazis rompieron los cristales de los comercios y las casas de los judíos y se llevaron detenidos a muchos o los mataron, incendiaron sus viviendas y negocios.

Y entonces, otros miraron para otro lado, mientras que los que atacaban las libertades y los derechos humanos con Hitler al frente seguían avanzando hacia el mal.

Al mismo tiempo que Joseph Goebbels desinformaba con su propaganda para que muchos alemanes siguiesen alabando el Tercer Reich.

Vuelvo a recordar lo que en mis días de Instituto oía en mis clases de boca de los que llevaban camisetas o insignias del Che Guevara, eran estudiantes y profesores que no querían reconocer que las dictaduras comunistas eran dictaduras.

Ellos creían en la revolución y la lucha de clases cuando ya vivían en una democracia y debían apreciarla.

En Estados Unidos, los que creen que Trump es un patriota y ha hecho mucho por la economía ignoran el peligro que supone para la democracia americana desde el primer día que fue elegido.

¿Cuántos miembros de sus gobiernos han dimitido? ¿Cuántos han sido cesados a las pocas semanas de llegar a sus cargos?

Sus más firmes defensores y los cargos más importantes de la Casa Blanca han cambiado hasta tres y cuatro veces en algunos casos, a Trump le han retirado ciertos documentos de su mesa porque si los firmaba podría poner en peligro la seguridad nacional.

LA JUSTICIA ESTADOUNIDENSE ESPERA A TRUMP

Al magnate le espera un juicio político pero también muchos juicios penales suspendidos por su Presidencia, como por ejemplo los que la Fiscalía de Nueva York tiene iniciados por fraude fiscal y corrupción en sus empresas y fundaciones.

También se reanudarán o iniciarán procesos en relación con actuaciones llevadas a cabo por su abogado Michael Cohen, que ha colaborado con la Fiscalía, o con procesos relacionados con colaboradores suyos en las turbias relaciones con Rusia, el llamado Rusiagate.

¿Y si nos referimos a la llamada que hizo Trump al secretario de Estado en Georgia para intentar coaccionarle para que “buscase” más de 11.000 votos?

¿Y si nos fijamos en las imágenes de la grabación donde se ve a Trump y su familia celebrar alegremente que las hordas estaban invadiendo el Parlamento?

Debería haber dado las órdenes precisas en esos momentos para que la guardia nacional acudiese en ayuda de los policías del Capitolio y preocuparse por todos los que estaban haciendo su trabajo en el edificio, pero estaba celebrando la gesta incitada por él junto a los suyos.

Es un presidente que nunca ha estado capacitado para ejercer el cargo.

Sin embargo, algunos no lo ven así ni ahora.

Escuchaba por la mañana a un periodista en la radio decir que a Trump le habían robado las elecciones y que no habían querido investigar a fondo el fraude electoral porque los jueces tenían miedo a ciertos poderes, eso después de afirmar que el asalto estaba muy mal.

Es un periodista al que suelo sintonizar y no comprendo cómo mantiene las mismas tesis que el expresidente y sus adeptos.

Espero que conforme avance el segundo «impeachment» a Trump por incitación a la insurrección los que todavía lo defienden se froten los ojos y vean la realidad.