La justicia prescindible

Plazos en la instrucción: seguimos limitados

1 / 04 / 2021 06:47

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Hace ya un tiempo que escucho con frecuencia la misma pregunta. Y que, cuando respondo, veo caras de sorpresa, cuando no directamente de estupefacción.

¿Cuál es esa pregunta? Pues, ni más ni menos, la misma que se hacen todas las españolas y españoles respecto a sí mismos, que cuándo nos vacunan. La respuesta, un simple “cuando nos toque”, va acompañada de un evidente gesto de incomprensión.

Una incomprensión que comparto.

Vaya por delante que no estoy reclamando mi derecho a ser vacunada por delante de nadie.

No me gustaría acceder al ansiado pinchazo antes que personas de riesgo como grandes dependientes o personas con un grado importante de discapacidad, por poner un ejemplo.

Pero el ninguneo de quienes trabajamos en la Administración de Justicia, particularmente en las trincheras, me llena de pena. Porque no es sino el trasunto de lo que importa la Justicia. Nada.

Esto no es nuevo.

Quienes trabajamos en Justicia somos siempre los últimos.

Se trate de medios materiales, de medios personales o de reconocimiento de derechos, viajamos permanentemente en el furgón de cola.

Como muestra de ello recordaré que jueces y fiscales recuperamos los permisos que nos arrebataron con los recortes en último lugar, con la excusa de que la ley que nos regula, la Ley Orgánica del Poder Judicial, no podía ser modificada de un plumazo, aunque sí pudo serlo cuando de restricciones –innecesarias– se trataba.

O que el turno de oficio sigue luchando denodadamente por algo tan obvio como que les paguen sus honorarios a tiempo.

Así que, cuando llegó la pandemia, no habríamos debido esperar demasiado.

A pesar de que estuvimos y estamos al pie del cañón en todo momento, sobre todo quienes atendemos los juzgados de guardia -seamos fiscales, jueces, LAJs, turno de oficio o funcionarios- a nadie se le ocurrió ni siquiera mencionarnos en los agradecimientos.

Cada día, a las ocho de la tarde, aplaudíamos a sanitarios, y después a cualquier clase de trabajadores esenciales, pero a nosotros no nos aplaudía nadie.

¿Por qué este ninguneo?

Pues porque, cuando de Justicia se trata, como reza el dicho, entre todos la mataron y ella sola se murió.

De una parte, nuestra condición de hermanita pobre de las administraciones públicas se hace más evidente que nunca.

De otra, nuestra insignificancia política, apenas una gota en un océano de posibles votos, hace que se relegue cualquier acto que nos favorezca en pro de cualquier colectivo más numeroso.

A eso hay que sumar la debilidad para reclamar derechos de la que adolecemos jueces y fiscales al no poder sindicarnos.

Pero aún hay más.

A diferencia de otros colectivos, en Justicia parece que vivimos en la confrontación permanente o, al menos, los recelos de unos respecto de otros.

Sin ir más lejos, cada vez que alguien insinúa la posibilidad de vacunarnos, hay otro alguien que salta quejándose de que no se incluya a funcionarios, aunque nadie los haya excluido.

Y así, para todos. Jueces y juezas se quejarían de que vacunaran a fiscales y viceversa, y otro tanto sucedería con los LAjs mientras quienes mandan se frotan las manos viendo el espectáculo.

En definitiva, como los décimos de lotería, que se compran para que no le toque al otro y a mí no, no porque en realidad deseemos que nos toque.

Como de muestra vale un botón, aquí queda este.

Mientras que, en el caso de los docentes, se ha vacunado a quienes estaban haciendo las prácticas, en el de Justica se les ha dicho, simple y llanamente, que no podían hacer prácticas.

Y tan frescos.

LA JUSTICIA NO IMPORTA

A pesar de que estuviéramos al pie del cañón en su momento y ahí sigamos, como si nada hubiera pasado, tras recuperar con nuestro esfuerzo y pocos medios el tiempo perdido en el confinamiento.

Pero no somos esenciales.

Lo son quienes detienen a la persona que ponen a nuestra disposición, y quienes se la llevan. Pero el virus resbala con las togas. O eso deben creer.

En honor a la verdad, solo he oído una voz a favor de nuestra esencialidad, la de la consellera de Justicia valenciana, que para algo viene de la carrera fiscal.

Al César lo que es del César.

El resto, ni siquiera se lo plantean.

La Justicia no importa, y menos quienes nos dedicamos a impartirla desde las trincheras. Si así no fuera, no estarían dando el espectáculo que conocemos en orden a la renovación del Consejo General del Poder Judicial, que lleva dos años de prestado.

Ni existimos ni importamos. Ni para la vacuna, ni para nada. Como ha sido siempre.

Es lo que hay.

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