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[Opinión] Grande-Marlaska es marxista, pero de la tendencia Groucho

Grande-Marlaska, ministro del Interior, según el columnista, Carlos Berbell, comparte la misma ideología que Groucho Marx, al que se le atribuye la frase: "Éstos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros".
| | Actualizado: 02/04/2021 13:24

Hace tiempo que tengo esta certeza. Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior, magistrado en servicios especiales de la Audiencia Nacional, es marxista. Pero de la tendencia Groucho, el famoso cómico estadounidense, miembro de los «Hermanos Marx».

A Groucho Marx se le atribuye la frase «Éstos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros». No fue suya la autoría, ya lo avanzo. Se la atribuyeron erróneamente en un artículo del «Legal Times» de 1983, pero encajaba tan bien con lo que había sido su pensamiento que ha pasado públicamente a ser suya, porque le define a la perfección.

Una frase que le encaja también al ministro-juez como un guante a la medida. Porque todo lo que ha hecho en su carrera política tiene la consistencia del interés propio. Fue elegido por el PP para ser vocal del Consejo General del Poder Judicial y por el PSOE para ser ministro del Interior.

Hay que tener mucha cintura política para hacer creer a unos y a otros que es «su hombre». Y mucha habilidad para decirles exactamente lo que quieren escuchar.

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Aspiró a ser fiscal general del Estado; no le salió, y mira que lo deseaba y lo peleó. Pedro Sánchez le ofreció ser candidato a la Alcaldía de Madrid, pero lo rechazó, gestando a cambio, una relación que le ha llevado a donde está.

Algún teórico podría argumentar que Grande-Marlaska es hijo de estos «tiempos líquidos», un término que acuñó el sociólogo y ensayista polaco-británico, Zygmunt Bauman, para describir el periodo histórico actual en el que las ideologías han supuestamente perdido su sentido y en los que solo importa, desde el punto de vista de cualquier partido, la ocupación del poder el mayor tiempo posible. Y si es posible, para siempre.

Ni en sus mejores sueños, diez años atrás, a Grande-Marlaska se le hubiera pasado por la cabeza que podía llegar a ser ministro-juez del Interior.

Ya se sorprendió cuando el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) le nombró, en febrero, de 2012, presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, sustituyendo a Javier Gómez Bermúdez.

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Un cargo que muchos de sus compañeros de Sala pensaron después que le venía grande, a tenor de la forma tan deficiente de cómo dirigía los plenos de dicha Sala. Y no es una opinión mía. Recojo lo que he escuchado.

Grande-Marlaska se sorprendió, después, pero menos, cuando el PP lo propuso como vocal del CGPJ.

Desde la Presidencia de esa Sala de Lo Penal todo fue mucho más fácil.

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Ayudaron mucho las comidas, las cenas, los actos, los cócteles. Hay que reconocer que Grande-Marlaska es un hombre muy sociable, se mueve muy bien en esos saraos donde se hacen conocimientos, alianzas y promesas; y se gestan favores personales, de las que después no parece ser muy cumplidor.

Vuelvo a repetir lo que he escuchado.

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Groucho Marx también fue autor de otra famosa frase: «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados». 

Y eso es lo que le ha ocurrido con cuando ordenó el cese del coronel Diego Pérez de los Cobos, jefe de la comandancia de la Guardia Civil en Madrid.

Pérez de los Cobos, un gran servidor del país, un profesional con honor, se negó a informarle de las investigaciones que la Benemérita estaba haciendo en el caso abierto contra el entonces delegado del Gobierno en Madrid, y secretario general del Partido Socialista de Madrid, José Manuel Franco, en la investigación sobre la manifestación del 8-M.

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La magistrada del Juzgado de Instrucción 51, Carmen Rodríguez Medel, había impuesto a Pérez de los Cobos su deber de reserva. Traducido: Prohibido informar a nadie y menos al poder político.

Actuó como debía hacerlo, lo que no le gustó nada al ministro-juez del Interior; ordenó su cese.

SE LO BUSCÓ ÉL SOLITO

El ministro-juez se buscó, de esta forma, el problema él solito.

Entiendo que si desde «las alturas», le piden esa información y todo un ministro-juez no puede facilitarla pues se agarre un cabreo gordo.

Pero de ahí a perder el control y tomar esa decisión, en caliente….

Su «remedio» fue equivocado. Muy equivocado.

Pérez de los Cobos recurrió a la Justicia y ahora su compañero –de Grande-Marlaska, se entiende–, Celestino Salgado Carrero, magistrado titular del Juzgado Central de lo Contencioso-Administrativo 8 –juez decano de los Juzgados de ese órgano y compañero de promoción–, le ha propinado un revolcón público al ministro-juez, de esos que duelen.

Porque ha reconocido la ilegalidad del cese del coronel y ha ordenado su restitución.

«Lo que es indiscutible es que a pesar del deber legal de reserva y de la orden expresa de la Magistrada a la UOPJ, se cesó al recurrente por no informar del desarrollo de investigaciones y actuaciones de la Guardia Civil, en el marco operativo y de Policía Judicial, con fines de conocimiento. No constando en modo alguno qué información se consideraba que debería haber comunicado el recurrente en su condición de Jefe de la Comandancia de Madrid, no podemos concluir más que el motivo de la decisión discrecional de cese era ilegal«, dice la sentencia.

De aquellos polvos en caliente estos lodos en frío.

Ya sé que es una sentencia de primera instancia y que la Abogacía del Estado va a recurrirla.

Pero ahí queda.

Como un baldón en su currículum «político».

Es lógico que PP, Ciudadanos y Vox pidan, exijan ahora su dimisión.

No pasará a la historia como un gran ministro del Interior. No lo ha sido. No lo es.

Tendrá, eso sí, su cuadro colgado de los muros del Ministerio. Para una posteridad en la que nadie se acordará de lo que hizo.

SIN CRÉDITO

Doy fe que el respeto hacia Grande-Marlaska en las filas de las que procede –la carrera judicial– está bajo mínimos por esto y por mucha otras cosas. 

Y también por avalar –él, un magistrado, y en el mismo día– la patada en la puerta de los agentes de la Policía Nacional para acabar con las fiestas ilícitas en los pisos turísticos.

Argumentando que en esas viviendas no puede aplicarse el artículo 18 de la Constitución, que proclama la inviolabilidad del domicilio. 

De verdad que no he encontrado una explicación más peregrina y tan sin sentido que esa. Sobre todo de un magistrado que se supone que supuestamente conoce la ley -empiezo a tener serias dudas, lo confieso.

Especialmente porque la entrada de los seis policías nacionales del pasado 21 de marzo pasado tuvo lugar en un domicilio de un ciudadano de los Países Bajos. Nada de piso turístico. Ya lo contamos en Confilegal. 

Pero aunque hubiera sido así.

¿De verdad cree Grande-Marlaska que los turistas alquilan un piso para hacer una fiesta y otro piso distinto para irse a dormir cuando la fiesta acaba?

Y más aún, ¿quiere eso decir que la Policía va a saber, por ciencia infusa, cuando un piso es turístico?

Tal vez el ministro-juez quiere hacernos creer que no se tiene derecho a la intimidad si la morada es para pocos días.

En ese caso, que se echen a temblar los que arriendan pisos turísticos, los que van a hoteles, los que duermen en pensiones o los que van de camping.

Lo siento. Hay que llamar a las cosas por su nombre: eso sería propio de un estado policial. Seguro que el ministro-juez y el secretario de Estado-juez –números 1 y 2 del Ministerio del Interior– no han reflexionado lo suficiente sobre esta cuestión. Tiene que ser así.

Groucho Marx solía decir que «si eres capaz de hablar sin parar, al final te saldrá algo gracioso, brillante e inteligente».

No parece ser el caso de Grande-Marlaska. Y mira que lo intenta una y otra vez.

A las pruebas me remito.