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[Opinión] El desequilibrio económico, la última secuela del COVID para los sanitarios

El columnista, Álvaro Gutiérrez, es abogado experto en derecho sanitario en Ds Legal.
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Contra todo pronóstico, y a pesar del gran esfuerzo realizado por los profesionales de la salud durante la pandemia, la relación entre paciente y médico no parece vivir sus mejores momentos.

El colapso de algunos servicios como las urgencias, los problemas con la sobrecarga de atención telefónica y la interrupción de las citas en las consultas de especialista han situado al personal de hospitales y clínicas en la diana de las quejas.

En los últimos meses, con la presión añadida que supone la vacunación, vuelven a incrementarse las reclamaciones hacia estos profesionales.

Un médico recibe una media de tres siniestros a lo largo de su carrera profesional, circunstancia que puede suponer una grave merma en su prestigio laboral y el propio cuestionamiento de su vocación si no puede demostrar su inocencia.

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A este daño emocional hay que sumarle el impacto económico de una reclamación, que puede llegar a ser  aproximadamente el 10% de la cantidad solicitada si se quiere tener una buena defensa.

Por ejemplo, una reclamación de 3.000.000 euros podría suponer un coste de 300.000 euros para el demandado.

Así las cosas, el profesional de la salud puede ver cómo su nivel de vida y el de su familia quedan comprometidos en cualquier momento si no cuenta con la correcta protección.

La preocupación de los médicos ante el clima adverso bajo el que desarrollan hoy su labor está, pues, más que justificada, sobre todo si nos proyectamos en un futuro inmediato (o ya casi presente) del COVID-19 persistente y sus secuelas.

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En este escenario, el médico tendrá que enfrentarse a nuevos síntomas, diagnósticos y, sobre todo, a tratamientos cuya eficacia es aún una incógnita.

Todo ello, sumado a las responsabilidades que se vieron obligados a asumir, a las decisiones que tuvieron que tomar, solos, en situaciones límite, hace más necesaria que nunca una protección profesional adecuada.

En este sentido, es muy importante que el médico pueda trabajar confiado y tranquilo, bajo el paraguas de una cobertura suficiente, no sólo en cuanto a supuestos legales, sino también en su cantidad.

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No es raro que un  fallo judicial supere el capital contratado, lo que obliga al médico a hacer frente a indemnizaciones y gastos derivados.

Contar con las mejores herramientas en materia de prevención —equipos especialistas, peritos expertos y equipos legales especializados y con gran bagaje profesional— puede suponer la diferencia entre un futuro estable y la incertidumbre.

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