La Iglesia Católica transformó las celebraciones paganas en lo que hoy es el Día de los Santos Difuntos
La tradición nació en Roma, en el siglo VII antes de nuestra era, para recordar a los que ya no están pero también para conjurar a los espectros vengativos, y se convirtió en lo que es hoy, con este día como eje, en el siglo IX de nuestra era.

La Iglesia Católica transformó las celebraciones paganas en lo que hoy es el Día de los Santos Difuntos

31 / 10 / 2021 06:48

En esta noticia se habla de:

El Día de los Santos Difuntos, que celebramos el 1 de noviembre de cada año, no fue inventado por la Iglesia Católica.

Como tantas otras celebraciones, fue adoptado, y adaptado, de una tradición anterior. En este caso, de la Lemuria de la antigua Roma. Los rituales dedicados a los muertos durane tres días de mayo: el 9, el 11 y el 13.

Los romanos eran un pueblo muy supersticioso que creía que los días pares traían mala suerte. De ahí que las celebraciones tuvieran lugar en días impares, por lo que en esos días se cerraban los templos y se dejaban de celebrar bodas. A ver quién eran los valientes que se atrevían a casarse en días de tan malos augurios.

Durante esas tres jornadas los romanos por supuesto que visitaban los cementerios y llevaban ofrendas a sus seres desaparecidos, como hacemos hoy.

Pero había más.

Porque uno de los objetivos principales de estas fiestas era el de apaciguar a las almas de los llamados «lémures»; parientes que habían muerto antes de completar su ciclo vital. De forma inesperada.

Los romanos creían firmemente que, en esas fechas, los espectros de sus antepasados salían de sus tumbas e iban a visitar las casas en las que habían habitado estando en vida. Las casas de los vivos.

Y porque habían muerto de esa forma, podían estar abrigando cierto resentimento hacia los vivos.

Hacia ellos.

Con el fin de prevenir mal alguno, precisamente, los llamados «pater familias», los cabeza de la familia, realizaban un ritual nocturno ciertamente llamativo y curioso cada una de esas tres noches.

Un ritual que el poeta Ovidio, en su obra, «Los fastos», escrita en el siglo VIII de nuestra era, describe con detalle.

Así, el «pater familias» se levantaba hacia la medianoche y caminaba descalzo, cerrando los dedos en un puño con el pulgar en el centro, en un gesto apotropaico –por el que trataba de conjurar o prevenir la mala suerte o las influencias malignas–, lo que pensaba que le servía para alejar la posibilidad de toparse inadvertidamente con un espectro.

Con este gesto apotropaico los romanos, un pueblo profundamente supersticioso, pensaban que conjurar la posiblidad de encontrarse con un espectro en su camino.

Después se lavaba las manos en una fuente, recogía unas habas negras que luego, caminando, arrojaba tras de sí, repitiendo nueve veces lo siguiente: «Yo tiro estos frijoles. Con estas judías me redimo a mí mismo y a mis familiares».

¿Por qué judías? Porque se creía que las almas de los fallecidos recogían las judías, que tenían el mismo poder de atracción para ellos que las almas de los vivos, y le seguían.

A continuación, volvía a lavarse las manos con agua, hacía resonar objetos de bronce -se creía que la percusión ahuntaba a los espíritus– y rogaba a los espectros que dejaran la casa, dirigiéndose hacia la puerta de la calle.

También solían hacer ruidos fuertes con ese mismo fin.

Y repetía la siguiente frase otras nueve veces: «Sal, manos de mis padres».

Luego miraba hacia atrás con lo que el ritual quedaba completado.

Los romanos pensaban que de esta forma conducían hacia la puerta de la calle a los espectros de sus antepasados, como si fueran flautistas de Hamelín, alejándolos de sus hogares y evitando, así, que pudieran arrastrar a la muerte a algún miembro de su familia.

Sobre estas líneas, reproducción gráfica del rito que solían celebrar los romanos para ahuyentar a los espíritus de parientes falleciedos inexperadamente.

El escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe se inspiró en los lémures romanos para convertirlos, en su celebérrima obra «Fausto», en esclavos de Mefistófeles, un diablo subordinado de Satanás cuya misión era la de capturar almas de los seres humanos.

Goethe los describe como criaturas infrahumanas, remendadas con huesos, ligamentos y tendones.

De acuerdo con la tradición, fue Rómulo, fundador de Roma y su primer Rey, el que creó la tradición de estas fiestas con el fin de apaciguar al alma de su hermano gemelo, Remo, al que asesinó.

El espíritu de Remo, sin embargo, no se desvaneció. Se apareció en forma de fantasma a los amigos de su hermano que hicieran que le honraran las generaciones, lo que cumplieron.

La tradición se remontaba, por lo tanto, al siglo VII antes de nuestra era.

Fue en el año 609 de nuestra era –13 siglos después– cuando el papa Bonifacio IV, habiendo triunfado la Iglesia sobre las antiguas religiones romanas y habiéndose convertido en la religión oficial, sustituyó la Lemuria por la fiesta de Todos los Santos, que conocemos y celebramos hoy día.

Pero concentrándola en un solo día: el 13 de mayo.

Un año antes el emperador de Oriente, Focas, donó a este Papa el templo del Panteón de Roma, que originalmente se dedicó al culto a los dioses de la ciudad.

El edificio cayó en desuso a finales del siglo IV. Bonifacio IV lo convirtió en la Iglesia bajo la advocación de Santa María la Rotonda.

Sin embargo, fue el Papa Gregorio III, más de doscientos años más tarde, en el año 835, el que cambió el día de celebración al 1 de noviembre.

¿Por qué ese día? Porque fue ese día cuando volvió a consagrar dicho templo con un nuevo nombre de Santa María ad Martyres, después de trasladar a su interior, previamente, un gran número de huesos de mártires que habían estado enterrados en las catacumbas.

La nueva consagración de esta iglesia, la de Santa María ad Martyres, el 1 de noviembre del año 835 de nuestra era, fijó desde entonces la celebración del Día de los Santos Inocentes en esta fecha.

Sumando entre Roma y nuestra era, la tradición, entre una modalidad y otra, se remonta ya a 28 siglos.

Casi nada.

Noticias relacionadas:

Only Fans, adicción a los videojuegos o relaciones abiertas: casos en los que se ha concedido la nulidad eclesiástica

Las clarisas de Belorado denuncian que el arzobispado de Burgos ha «usurpado» sus cuentas corrientes

Opinión | Claves para entender con claridad el conflicto legal entre el obispo de Barbastro y el Opus Dei sobre Torreciudad

El Supremo avala que una asociación religiosa de Tenerife no acepte mujeres como socias

Papa Francisco: Mucho ego y demasiada frivolidad

A la espera del juicio final: Así son las tradiciones en el día de los muertos en el mundo

Lo último en Política

consejero justicia madrid miguel ángel garcía martin Conferencia Sectorial

Miguel Ángel García Martín carga duramente contra las «leyes de la factoría Bolaños»: «Trata de atacar al Poder Judicial»

Bolaños

Bolaños desvincula al Ejecutivo de la semilibertad de ‘Anboto’ y recuerda al PP que «apoyó en privado» las negociaciones con ETA

Eva Alcón Soler

Los Registradores premian a la Universidad española con el Gumersindo de Azcárate 2026

Jesús González - 1

El Consejo de Transparencia de Madrid resolvió en 2025 más reclamaciones que su antecesor en cuatro años

Servicio de Criminalística

Una gota de sangre y un smartphone: dos pistas que sirvieron a la Benemérita para atrapar, 7 años después, a un asesino, que fue condenado