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Apariencia y realidad en Ucrania (I)

Fernando del Pino Calvo-Sotelo
Apariencia y realidad en Ucrania (I)
Paso fronterizo de Stanitsa a Luhansk (Ucrania). Fernando del Pino Calvo-Sotelo analiza en esta primera entrega la causa del conflicto origen de la invasión rusa. Foto: EP.
13/3/2022 06:47
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Actualizado: 12/3/2022 19:46
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Los lectores adultos que buscan la verdad y piensan por sí mismos y que pertenecen, por tanto, a una especie en vía de extinción, comprenderán enseguida que guerras locales como la que lamentablemente está teniendo lugar en Ucrania responden generalmente a complejos intereses geoestratégicos que eluden explicaciones simplistas.

Los lectores adultos que buscan la verdad y piensan por sí mismos y que pertenecen, por tanto, a una especie en vía de extinción, comprenderán enseguida que guerras locales como la que lamentablemente está teniendo lugar en Ucrania responden generalmente a complejos intereses geoestratégicos que eluden explicaciones simplistas.

Asimismo, el establecimiento de categorías maniqueas (buenos contra malos) no suele responder a la verdad sino a la propaganda de uno u otro bando, más aún en países lejanos que pocos españoles sabrían señalar en un mapa hace un mes.

¿Se trata de un enfrentamiento entre autoritarismo y democracia y libertad –que desde luego no son sinónimos– o nos encontramos, una vez más, ante una pugna de intereses globales más o menos espurios?

El escaso nivel de formación de nuestra clase periodística y su falta de apego a la verdad dificultan la obtención de información fiable para poder responder a esta pregunta.

La primera víctima de la guerra es la verdad, y el enfrentamiento indirecto entre Rusia y EEUU que ahora tiene lugar en Ucrania no es una excepción.

En efecto, en todo conflicto bélico la propaganda es un arma poderosísima para lograr la victoria independientemente de la superioridad numérica, pues contribuye con factores esenciales, como son “la moral de victoria, la disciplina y el orden, el espíritu de lucha y la voluntad de vencer”, por utilizar el lenguaje de nuestras Reales Ordenanzas.

Por ello siempre se debe prestar una “decidida y constante atención a la acción psicológica del enemigo”.

La propaganda bélica busca dos objetivos: despersonalizar y demonizar al adversario para que su destrucción sea considerada un bien moral (contrariamente a lo que dictaría la conciencia en circunstancias normales) y mantener siempre viva la esperanza en el triunfo final para sostener la moral alta, ocultando o minimizando las pérdidas propias y exagerando las victorias mientras se hace lo opuesto con las del enemigo (para desmoralizarlo).

Un ejemplo patente de propaganda es que en pocos días los medios han hecho pasar por bombardeos rusos imágenes de videojuegos y explosiones accidentales en China del 2015 y se han hecho eco, dándolo por bueno, de un extravagante diálogo por radio entre un supuesto navío ruso y un supuesto grupo de soldados ucranianos defensores de un islote que, negándose a la rendición, habrían sucumbido ante el bombardeo subsiguiente.

El propio presidente ucraniano anunció que concedería una medalla a título póstumo a dichos “héroes”. Pero había un problema: era un bulo.

Poco más tarde, tanto fuentes rusas[1] como ucranianas[2] confirmaron que los soldados no eran 13 sino 82, que se habían rendido, habían sido hecho prisioneros y serían devueltos a sus familias.

Contrariamente a lo que nos hacen creer, y sin perjuicio de la simpatía que evidentemente nos despierta el pueblo ucraniano y la natural compasión hacia quienes sufren cualquier conflicto bélico (decidido siempre por los yonquis del poder, sea en Ucrania o en Etiopía, Sudán o Yemen, es decir, no sólo donde los medios deciden poner el foco), una guerra en Ucrania debería sernos bastante ajena en todos los sentidos.

Sin embargo, la unánime e incendiaria campaña de propaganda desatada por los medios, rayana en el odio xenofóbico y carente de datos o análisis desapasionados, ha provocado en la opinión pública una histeria ruso-fóbica que está yendo demasiado lejos. Tras dos años de covid pareciera que el signo de los tiempos es arrastrar del ronzal al hombre aborregado, carente de pensamiento crítico, para mantenerlo en estado permanente de neurosis.

¿Cómo sustraerse a estas reacciones emocionales en un conflicto sobre el que existe una ignorancia calamitosa? No olvidemos que España es un país de sangre caliente, proclive a sentimientos nobles y quijotescos, que admira las resistencias numantinas y defiende por defecto al débil frente al fuerte, al agredido frente al agresor.

Asimismo, resulta fácil (aunque sea erróneo) identificar a la Rusia actual con la comunista Unión Soviética, cuyos tanques entraban tambour battant en Praga o Budapest para aplastar la libertad.

Que el gobierno conservador húngaro -tan sañudamente denostado – tenga buenas relaciones con la actual Rusia es un indicio de que no estamos ante la misma realidad.

Intentaré arrojar un poco de luz sobre lo que está ocurriendo en Ucrania desde una perspectiva diferente, esto es, con visión geoestratégica, puesto que es fácil enredarse en los detalles y perder el contexto.

La causa remota del conflicto

La causa remota de este conflicto es la pugna por la hegemonía mundial que se libra entre la unipolaridad que quiere retener un Occidente en franca decadencia (en particular, EEUU y el mundo anglosajón) y la multipolaridad emergente que reclama Oriente, más adecuada a la realidad del s. XXI. Si Europa fue hegemónica en el s. XIX y EEUU lo fue en el s. XX, Oriente quiere ocupar su lugar en el s. XXI.

En este sentido, resulta esclarecedor que en la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU que intentó condenar la agresión rusa, además del obvio veto ruso, China e India – casi el 40% de la población del planeta – se abstuvieron.

No debemos olvidar que Rusia no invadió Ucrania hasta la clausura de los Juegos Olímpicos de Pekín, lo que indiciaría un cierto entendimiento con China. En esa votación, por cierto, también se abstuvo Emiratos Árabes Unidos, pequeñísimo estado que dos meses antes había abandonado a EEUU por Francia en un suculento contrato de compra de 80 cazas[3], aparentemente por negarse a aceptar las “condiciones anexas” geoestratégicas exigidas por los norteamericanos[4].

Esta anécdota pone de manifiesto el declive de la hegemonía yanqui, especialmente después de la humillante retirada de Afganistán tras 20 costosos, destructivos y estériles años.

Los partidarios de la multipolaridad quieren modificar el statu quo de un mundo diseñado tras la Segunda Guerra Mundial por unos EEUU hegemónicos que entonces contaban con una vasta superioridad militar y económica: no sólo eran la única potencia nuclear, sino que contaban, por ejemplo, con 105 portaviones operativos para proyectar su fuerza en todo el mundo, 40 de los cuales eran grandes portaviones de ataque (hoy EEUU cuenta con 11 portaviones nucleares, diez de la clase Nimitz y uno de la nueva clase Gerald Ford).

Por otro lado, si bien el PIB de los EEUU era el 40% del PIB mundial en 1960 hoy es sólo el 24%.

Asimismo, los partidarios de la multipolaridad contemplan con estupor y creciente resentimiento el doble rasero de Occidente. Por ejemplo, los mismos que hoy se rasgan las vestiduras por la invasión rusa en Ucrania (que según Naciones Unidas ha causado hasta ahora al menos 227 civiles muertos[5]) causaron cerca de 70.000 muertes civiles en Afganistán[6] y 200.000 en Irak[7].

¿Acaso la vida humana tiene distinto valor en función del color de la piel, la religión o la nacionalidad? Fuentes ucranianas nos muestran una foto con escombros y un oportuno oso de peluche y, sin mayores verificaciones, se da por hecho que Rusia ha matado niños en un bombardeo, pero ¿dónde estaba la crítica de la prensa occidental cuando EEUU tuvo que reconocer haber matado con un misil a 7 niños y 3 civiles el último día de su retirada de Afganistán por confundir su coche con el de unos terroristas[8]?

De igual forma, quienes critican con toda razón que la temporal invasión rusa rompe flagrantemente con la legalidad internacional han violado tantas veces esa misma legalidad en las últimas décadas que el argumento produce sonrojo a cualquiera que posea un mínimo de objetividad.

Así, los rusos no olvidan el sistemático bombardeo en 1999 de su aliado Serbia por parte de la OTAN sin declaración de guerra ni mandato de Naciones Unidas.

Cayeron misiles y bombas durante 78 días seguidos, destruyendo la infraestructura del país y causando 500 civiles muertos[9]. ¿Qué hizo la prensa occidental sino aplaudir?

Este doble rasero, considerado por Oriente como un ejercicio de hipocresía y cinismo, desacredita y socava la autoridad moral de Occidente. ¿Dónde quedan los valores de los que un día fuimos cuna y valladar?

¿Cómo criticar a regímenes autoritarios cuando con la epidemia hemos aplicado en Europa políticas autoritarias y en ocasiones ilegales que no se distinguen en nada de las de aquéllos?

La política norteamericana defensora del “excepcionalismo”, base del doble rasero occidental, fue definida por las arrogantes palabras de la ex Secretaria de Estado de EEUU Madeleine Albright: “Si tenemos que usar la fuerza, es porque somos Estados Unidos: somos la nación indispensable, nos mantenemos orgullosos y vemos más allá que otros países[10]”.

Así, lo más inquietante es que, al romper con impudor las reglas internacionales cuyo cumplimiento escrupuloso exige a los demás, Occidente, liderado por EEUU, está fomentando un mundo sin reglas para nadie, y por tanto mucho más inseguro, como estamos viendo.

Ucrania

A Ucrania no le han tocado buenas cartas. Emparedada entre Rusia y Europa (como Mongolia lo está entre Rusia y China), es un peón en manos de EEUU, de Rusia y de su propia y corrupta clase dirigente, cuyos intereses muchas veces divergen de los del pueblo ucraniano.

Ucrania es un país pobre y corrupto: su PIB per cápita es inferior al de Botswana y Transparencia Internacional lo sitúa en el puesto 122 del mundo en su Corruption Index, cerca de México (España ocupa el puesto 34). Para que se hagan una idea, en 2021 el 23% de los ciudadanos tuvieron que pagar una “mordida” a funcionarios para acceder a servicios públicos[11].

La preocupación por la existencia de “deficiencias en el marco jurídico, corrupción generalizada y grandes partes de la economía dominadas por empresas estatales ineficientes o por oligarcas” (en palabras del propio Fondo Monetario Internacional) justifica las reticencias a su acceso a la UE y ha provocado que el FMI paralizara en el pasado el envío de ayudas financieras, entre otros motivos por las amistades peligrosas del actual presidente, como destacaba el Wall Street Journal[12] antes de que Zelensky fuera declarado santo subito por la prensa occidental.

Ucrania tiene realidades difíciles de comprender para un europeo. Un ejemplo anecdótico son las peleas a puñetazos entre parlamentarios (en el propio Parlamento), que el Washington Post calificaba de “tradición” [13]. Otro ejemplo es el modo surrealista en que Zelensky accedió al poder.

Actor protagonista de una serie cómica de enorme éxito en Ucrania, su personaje encarnaba a un profesor que era sorpresivamente elegido presidente del país para combatir la corrupción.

Pues bien, Zelensky supo aprovechar su popularidad, creó un partido con el mismo nombre que la serie (“Servidor del Pueblo”) y consiguió en tres meses de campaña virtual arrasar en las elecciones.

Los ucranianos votaron al actor creyendo que haría lo que hacía el personaje que encarnaba, más o menos como si el Servicio Secreto británico contratara como agente de campo a Roger Moore o a Daniel Craig (el actual 007) o como si la CIA contratara a Tom Cruise por Misión Imposible. En mi opinión, esto simboliza un país a la deriva y un pueblo desesperado por la corrupción imperante y deseoso de encontrar un mesías.

Pero ¿cómo hemos llegado a esta situación bélica? Cui prodest scelus, is fecit”, decía Séneca, esto es: “A quien un crimen aprovecha, ése lo cometió”. ¿Quién se beneficia de esta guerra?

En la segunda parte de este artículo analizaremos quiénes son los contendientes, cómo se llegó a esta situación y qué salida puede tener. Como comprobarán, el escenario es mucho más complejo de lo que parece.

1. Russia comments on capture of Black Sea island — RT Russia & Former Soviet Union
2. Ukraine soldiers on Snake Island who told off Russians may be alive (usatoday.com)
3. The UAE is buying the French Rafale. What does it mean for the F-35? – Breaking Defense Breaking Defense – Defense industry news, analysis and commentary
4. Was there a China factor in UAE’s scuttling of F-35 jet deal with US? | South China Morning Post (scmp.com)
5. (20) UN records 752 civilian casualties in Ukraine conflict (cnn.com)
6. Afghan Civilians | Costs of War (brown.edu)
7. Iraqi Civilians | Costs of War (brown.edu)
8. Afghanistan: Pentagon admits Aug. 29 drone strike in Kabul killed up to 7 children (cnbc.com)
9. Civilian Deaths in the NATO Air Campaign – The Crisis in Kosovo (hrw.org)
10. 2/19/98 Albright Interview on NBC-TV «The Today Show» (state.gov)
11. Ukraine – Transparency.org
12. Ukraine Corruption Concerns Stall IMF Bailout – WSJ
13. Yet again, a fistfight breaks out in Ukraine’s parliament – The Washington Post Descarga el artículo en PDF

Apariencia y realidad en Ucrania (I)

4 de marzo de 2022Los lectores adultos que buscan la verdad y piensan por sí mismos y que pertenecen, por tanto, a una especie en vía de extinción, comprenderán enseguida que guerras locales como la que lamentablemente está teniendo lugar en Ucrania responden generalmente a complejos intereses geoestratégicos que eluden explicaciones simplistas.Covid

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