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Cartas desde Londres: Guía para seguir la apelación del Rey Emérito ante la ‘Court of Appeal’ de Londres (II)

Cartas desde Londres: Guía para seguir la apelación del Rey Emérito ante la ‘Court of Appeal’ de Londres (II)
Lo que se dilucida en los tribunales londinenses, como bien explica Josep Gálvez, abogado y "barrister" español, es dinero. En la foto el Rey Emérito, don Juan Carlos I, y su ex amante, Corinna zu Sayn-Wittgenstein, o Larsen, a la que este "le regaló" 64 millones de euros. Foto: EP.
08/11/2022 06:48
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Actualizado: 21/2/2023 12:00
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Cuando Julio Romero de Torres pintó a la mujer morena, con los ojos de misterio y el alma llena de pena, estaba claro que no se había encontrado antes con Corinna zu Sayn-Wittgenstein, porque si no, seguramente, hubiera cambiado la letra de la copla y la hubiera pintado rubia y con los ojos verdes.

La cuestión es que la ‘Court of Appeal’ de Londres ha adelantado la vista y se celebrará hoy mismo, martes día 8 de noviembre, por lo que vale la pena que estén atentos a la audiencia que se retransmitirá por su canal de YouTube en directo a través de “streaming”.

En cualquier caso, como recordarán dejamos al ‘barrister’ con el traje de luces en plena faena, despachando al primer astado, un Mihura con muy mala leche llamado “Ceenei” [Centro Nacional de Inteligencia, CNI], y sobre el cual pesa la espinosa cuestión de determinar si cuando Don Juan Carlos I supuestamente mandaba a espiar y acosar a Doña Corinna ¿lo hacía como Rey de España o en su esfera privada?

Por tanto, es normal que esto se esté discutiendo ante el tribunal de apelaciones, porque de fácil no tiene nada y no hay muchos precedentes sobre el tema, como se imaginarán.

Cierto es, como me recuerda el profesor D. Alfonso Ybarra, que en un movimiento propio de ajedrez pastoril, los abogados de Corinna decidieron sacrificar un alfil y sacaron a “Ceeneí” de la ecuación mediante una nueva versión de los hechos en la que que curiosamente el cuerpo de espionaje español brillaba por su ausencia.

El sentido de tal jugada del pasado mes de agosto responde -ya se lo olerán- a que los abogados de Corinna tratan de quitar toda apariencia regia a dichas actuaciones de supuesto acoso, ya que de ser así estarían protegidas por la Ley de Inmunidad del Estado de 1978, (la ‘State Immunity Act 1978’) de la que hablábamos la semana pasada.

Como diría Ernesto Ekaizer, tratan de “desnudar al Rey” para que este responda ante los tribunales ingleses como cualquier hijo de vecino.

Pero claro, una cosa es que a mí no me guste ese tema de conversación y trate de evitarlo hablando de otra cosa. Y otra muy distinta es que los abogados del Rey emérito decidan no sacarle punta al asunto a la menor ocasión.

Y eso no creo que vaya a pasar, sinceramente.

UNA PARTIDA DE AJEDREZ EN DOS INSTANCIAS

En cualquier caso, es importante recordar que en esta fase en que nos encontramos no se ha resuelto aún si las alegaciones de Doña Corinna son ciertas, ya que eso será en el procedimiento de primera instancia

Ese procedimiento sigue su curso respecto a los hechos posteriores a la abdicación, aunque está pendiente de lo que se decida por la ‘Court of Appeal’.

Es decir, tenemos dos procedimientos distintos ante dos instancias distintas: la ‘High Court’ con el Juez Nicklin, que seguirá enjuiciando los hechos de la reclamación de Corinna.

Y lo que se está discutiendo en el Tribunal de Apelación (la ‘Court of Appeal’) que son cuestiones estrictamente jurídicas a los efectos de determinar si se puede seguir el procedimiento en primera instancia contra el Rey emérito también sobre hechos anteriores a la abdicación o, por el contrario, están protegidos por la inmunidad que otorga la legislación a los jefes de Estado.

De ahí que el tribunal que permitió el recurso aclarara con bastante gracia que, aunque se desestime finalmente la apelación, esto “no será fatal para la demanda de la actora”, ya que Corinna alega actos de acoso posteriores a la abdicación y sobre los cuales ya está claro que no hay inmunidad ninguna.

Pero como como dijeron en esa misma sentencia, son hechos que “mientras sigan formando parte de su caso, el demandado tiene derecho a continuar con su objeción”.

Por lo que estoy convencido que se trata de una importante víctoria para los intereses de Don Juan Carlos.

Y esto, ¿Por qué?

EL PROCESO  MUESTRA UNA LUCHA SIN CUARTEL POR EL TIEMPO

Como cualquier abogado que se dedica a los pleitos sabe, dominar los tiempos son fundamentales y para el demandado hay un elemento crucial para su defensa: poner palos a las ruedas con lo que sea.

Frenar la reclamación hoy, porque mañana Dios sabe lo que puede pasar.

Por tanto, la estrategia en la defensa de Don Juan Carlos pasa por montar auténticas barricadas con todo lo que se tiene a mano, ya sea el tresillo de la abuela, una excepción procesal o discutir sobre hechos que no tienen ninguna trascendencia para la resolución final. Así de claro.

Las jurisdicciones lentas, donde los tribunales tardan una eternidad en resolver cualquier incidente procesal suponen una ventaja importantísima para el demandado, ya que el tiempo juega a su favor y puede esperar tranquilo mientras ve caer las hojas del calendario sin ninguna novedad en el frente.

Pero, como ya habrán notado, los tiempos de la justicia civil en Inglaterra y Gales son particularmente ligeritos y se miran los asuntos con detenimiento, de tal manera que la defensa del Rey Emérito tiene que hacer uso de toda la munición disponible para frenar el proceso.

Así, al menos de momento, esa estrategia está evitando el autentico escándalo que puede haber si finalmente hay que entrar en el fondo y toca hablar en el juicio -retransmitido en directo, no lo olviden- de todos los actos concretos de acoso y derribo que se cuentan en la demanda.

Pero claro, al final la munición se acabará y habrá que afrontar la realidad de un juicio… si es que un acuerdo extrajudicial entre las partes a última hora no lo remedia (un “out-of-court settlement” en inglés).

Es decir, que el Rey emérito se marque un auténtico “Prince Andrew” en toda regla que evite todo el escándalo mediático.

Porque al final, todo esto sólo va de dinero, ¿o no?

Seguimos con el tema la semana que viene.

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