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Opinión | CDL: El pleito de M&A más complejo y largo de la Historia: La compra de Autonomy por Hewlett-Packard (III)

Opinión | CDL: El pleito de M&A más complejo y largo de la Historia: La compra de Autonomy por Hewlett-Packard (III)
Josep Gálvez, abogado español y "barrister", relata el pleito que enfrentó a Hewlett-Packard con los antiguos dueños de Autonomy, que hacían contabilidad "creativa". Foto: JG.
09/4/2024 06:32
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Actualizado: 09/4/2024 10:47
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Aquellos que gustan de encontrar de ciertas analogías entre la estrategia militar y los pleitos mercantiles suelen acudir a los tratados clásicos en la materia castrense como los de Sun Tzu o Clausewitz.

Son sesudos estudios donde se describen con detalle hábiles maniobras en las que el general de turno suele sorprender al confiado enemigo atacándole a toque de corneta por algún flanco desprotegido.

Así, las hazañas de Aníbal, Escipión el Africano, Pompeyo el Grande o más modernamente Napoleón o incluso Rommel se agolpan en la imaginación de quien quisiera aplicarlas  a los asuntos presentados ante los tribunales.

El problema es que esto no es lo que sucede en la inmensa mayoría de las grandes disputas comerciales.

Para nada. En estos litigios no suele haber una carga de la Brigada Ligera que vaya a salvar el día, ni tan siquiera una acción relámpago que permita tomar un ‘café au lait’  en una coqueta terracita de París en unas pocas semanas.

Bien al contrario, el símil soldadesco más parecido a un pleito complejo lo encontraríamos probablemente en la Batalla de Verdún, Stanlingrado o durante la Guerra de Vietnam.

Es decir, una lenta lucha de posiciones, de trincheras embarradas hasta el pescuezo, donde el que levanta demasiado el melón seguramente acabará con un tiro en la frente.

Y es que lejos de ser una sucesión de rápidas acciones militares con brillantes golpes de efecto para resolver la disputa en tan sólo unos meses, los litigios mercantiles se extienden durante largos años de desesperación del personal que los han de sufrir.

En efecto, a base de codazos en las costillas, se van ganando y perdiendo muy pequeñas cotas de terreno: una excepción aquí, un recurso allá, todo ello hasta el desenlace final mediante una sentencia firme.

Esto es precisamente lo que sucedía a mediados de 2012 con el asunto de Hewlett-Packard contra el Dr. Lynch, que tiene nombre de villano de una película de James Bond, todo sea dicho de paso.

Como vimos, los de HP ya habían apostado sus tropas en varias jurisdicciones, coincidiendo todas en enarbolar la bandera roja que anuncia una  lucha sin cuartel. Es decir, no habrá ni clemencia ni piedad con el vencido.

O todo o nada.

Por su parte, lejos de huir de la contienda, el Dr. Lynch se mantuvo firme frente a las graves acusaciones venidas desde el otro lado del Atlántico, decidido a plantar cara y luchar contra un gigante como HP, algo que no sorprendió a algunos ya que conocían el temperamento del inglés.

Así que, viendo el percal que se avecinaba, los abogados de ambas partes empezaron a cavar zanjas,  parapetándose en sus alegaciones iniciales para la larga lucha de trincheras que estaba a punto de empezar.

Y es que pronto empezarían las tortas a un nivel nunca visto antes.

La primera sorpresa vendría de la  ‘Serious Fraud Office’, algo así como la “Oficina de Fraudes Graves”.

La investigacion de la “Serious Fraud Office” en la lucha entre HP y Lynch

Para quienes no lo sepan, la ‘Serious Fraud Office’, más conocida por sus siglas “SFO”,es un órgano dependiente del Gobierno del Reino Unido y del Fiscal General de Inglaterra y Gales que tiene por objeto perseguir a mangantes en los casos de corrupción más graves y complejos. También en el ámbito empresarial, donde a pesar de las corbatas y los trajes caros haberlos, haylos.

Así que siendo el caso de la venta de Autonomy un pifostio de tremenda magnitud, los miembros del SFO se frotaron las manos y se pusieron inmediatamente a ver qué diantres  había pasado con la dichosa transacción para, en su caso, llevar a los responsables ante la justicia penal del país.

Pero sucedió que, a las pocas horas de anunciar la investigación a bombo y platillo, en el SFO  tuvieron que echar mano al freno y parar en seco.

¿Se imaginan el motivo?

Pues resulta que alguien en la SFO se dio cuenta que tenían en un cajón un contrato firmado con Autonomy de nada menos que cuatro millones de libras para utilizar su software.

Lógicamente esto llevó a la agencia también conocida popularmente como la “Oficina de los Graves Defectos”, (‘Seriously Flawed Office’) a emitir un comunicado advirtiendo que podían tener un evidente conflicto de interés para investigar a la compañía ya que le proveía de un ‘software’ muy particular.

Y es que al parecer, el SFO utilizaba un curioso programa de Autonomy llamado ‘Introspection’.

El programa ‘Instrospection’, lejos de ser un curso de meditación a través del yoga tántrico, resultó ser una de las herramientas tecnológicas más empleadas por la policía británica para poder rastrear los datos a placer entre miles de correos electrónicos o grabaciones de voz.

Claro está,  si la investigación se debía dirigir precisamente a quién proporcionaba ese mismo ‘software’ de análisis, la SFO se vería obligada a retirarse, recayendo la instrucción del caso en la ‘Crown Prosecution Service’, el equivalente a la fiscalía española.

Así que de momento, las autoridades británicas pusieron pausa a sus actuaciones hasta mejor ver.

La demanda colectiva de PGGM Vermogensbeheer contra HP en los Estados Unidos

Como ya vimos, unos de los mayores dolores de cabeza para HP en los Estados Unidos estaba liderado por PGGM Vermogensbeheer, un durísimo fondo de pensiones holandés que había invertido en la compañía y que venía con muchísimas ganas de gresca.

Y como bien sabemos en España, a los holandeses, cuando se ponen chungos, no les gana nadie. Así que colocaron una demanda colectiva contra HP ante los tribunales californianos de San Francisco pidiendo pasar a los directivos por la picota como consecuencia de la desastrosa compra de Autonomy,

Así que los de HP, siguiendo el sabio principio que aconseja cerrar las hemorragias antes de que le dejen a uno tirado en un charco de sangre, antes de centrarse en el pleitón inglés contra el Dr. Lynch, empezaron a ronear a los holandeses a ver si caía la breva.

Y vaya si cayó.

Los del fondo de jubiletas accedieron y llegaron a un acuerdo transaccional por el que HP apoquinaría cien millones de vellón para compensar a quienes compraron acciones de la empresa durante el periodo comprendido entre el 19 de agosto de 2011 y el 20 de noviembre de 2012, que es cuando finalmente se ejecutó la compra de Autonomy.

Eso sí, con la típica parrafada de tres folios exonerando a HP y a sus directivos, consejeros y asesores actuales y anteriores, así como a sus primogénitos, de cualquier reclamación relacionada con la adquisición de la empresa británica, no fuera el caso que se lo pensaran dos veces.

La respuesta del Dr. Lynch a la demanda de HP en los tribunales de Inglaterra y Gales

Dice el refrán que la mejor defensa es un ataque, así que el Dr. Lynch no se quedó quietecito y leyendo poemas de Keats en su maravillosa mansión de seis millones de libras en la bonita población de Suffolk.

Estaba claro que iba a reaccionar y decidió que él también debía reclamar a HP.

En concreto, la mañana del 1 de octubre de 2015, el Dr. Lynch demandó a Hewlett-Packard por 150 millones de dólares (unos 98 millones de libras) en concepto de daños y perjuicios por las acusaciones que los yanquis habían vertido sobre su persona durante  la compra de Autonomy en 2011.

En efecto, el plan del académico de Cambridge estaba claro: HP había hecho unas declaraciones que eran muy, pero que muy perjudiciales para él y además engañosas para el mercado de valores, a sabiendas de que eran falsas e injuriosas.

La cosa se lió cuando, además, señaló en su reclamación a la nueva responsable de HP, Meg Whitman, como la auténtica responsable del desaguisado en la compañía, echándole el mochuelo de ser una incompetente y llevar la compra de Autonomy al traste. 

Es más, la demanda solicitó que Withman compareciera ante el tribunal para obligarle “a rendir cuentas, sobre el caos, la mala gestión y la guerra interna”.

Aunque aquella mañana ante el tribunal olía a napalm intensamente y para el Dr. Lynch era el aroma de la victoria.

En fin, seguiremos con el caso la semana que viene.

Hasta entonces, mis queridos anglófilos.

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