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¡Ave, nuevo Decano, algunos perdedores te saludan!

¡Ave, nuevo Decano, algunos perdedores te saludan!
Miguel Durán, cuya candidatura quedó tercera en las elecciones a la Junta de Gobierno del ICAM que tuvieron lugar el 20 de diciembre pasado, hace una serie de puntualizaciones al nuevo decano, Eugenio Ribón, sobre cómo va a encarar las asignaturas pendientes. Foto: Confilegal.
13/1/2023 06:50
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Actualizado: 13/1/2023 02:57
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Ayer tomó posesión de sus cargos la nueva Junta Directiva del ICAM con su Decano , Eugenio Ribón, al frente, inaugurando así lo que muchos -pero de los pocos que siguen la dinámica del colegio- tildan de continuismo.

Sobre si ese achaque que se le formula al nuevo Decano es cierto o no, el tiempo nos lo dirá y, en caso afirmativo, también sobre cuál sería el grado de intensidad de continuismo que se vaya a producir.

De todas formas, vayan por delante los clásicos cien días de confianza, de tregua, que el nuevo Equipo merece, tregua no exenta de atención a lo que se produzca, sino tregua en el terreno de la crítica política (de la política del microcosmos que, al fin y a la postre, es nuestro Colegio), pero con una salvedad, consistente en que se adopten medidas de gran calado sin el debido respeto a lo que representamos quienes hemos perdido las elecciones.

¡Porque de eso va este modesto artículo, de lo que significa ganar y perder unas elecciones en el ICAM!

Es cierto que el modelo político-institucional de la práctica totalidad de las Corporaciones de Derecho Público que representan (es un decir a juzgar por la escasísima participación que registran los procesos electorales), a las principales profesiones liberales, responde al clásico esquema del todo o nada, de tal forma que, con altísima frecuencia, quienes se presentan y pierden se borran del mapa (hay algunas excepciones), dejando al ganador con el santo y la limosna.

En mi opinión, este modelo es muy poco democrático.

Ya defendí en los debates de campaña que, si gozaba yo de la confianza mayoritaria de los electores, recogería en los nuevos Estatutos del ICAM (recuérdese que la Junta anterior los dejó en barbecho) los cambios necesarios para que quienes se presentasen a las elecciones, aunque no ganaran y siempre que obtuvieran unos mínimos razonables de representatividad, también dispusieran de un determinado y concreto status en el funcionamiento del Colegio.

Pero no la obtuve y no puedo llevarlo a cabo; y Eugenio Ribón no lo llevaba en su programa ni se comprometió a ello, por lo que no le es exigible, salvo en términos de puro y mero debate político sobre el modelo a seguir.

Los nuevos Estatutos: ¡Ay los nuevos Estatutos! Tiene ahí  la nueva Junta de Gobierno, el nuevo Decano, una formidable piedra de toque para que veamos de verdad si se quiere un marco legal colegial plural, democrático, participativo y realmente representativo, o si por el contrario, vamos a tener más de lo mismo, incluso aderezado con ribetes de hiper dominio total de la Institución al más puro estilo cesarista que practica el presidente Pedro Sánchez con la democracia y las instituciones españolas.

¿Se atreverá la nueva Junta, el nuevo Decano, a abrir, por ejemplo, un proceso de consultas a las bases sobre un borrador de nuevos Estatutos? ¿Se atreverán, si no hacen eso, a al menos a someter a referéndum los Estatutos que ellos aprueben para ajustarlos al Estatuto General de la Abogacía Española (EGAE)? por cierto: ¿recogerán esos nuevos Estatutos lo que dice el artículo 79.3 del EGAE, que el nuevo Decano incumplió y cuyas consecuencias están aún pendientes de sustanciarse en un Recurso Contencioso-electoral?

VOTO TELEMÁTICO

¿Recogerán esos nuevos Estatutos la regulación del voto telemático como una obligación institucional? ¿Regularán, en suma, los nuevos Estatutos el proceso electoral de forma que sea un proceso legítimo, lícito -además de sólo legal-, donde no quepan manipulaciones de voto por correo, donde la comisión electoral no padezca el “fumus mali iuris” que es propio de las designaciones a dedo ¡que ya tenemos bastante con el Tribunal Constitucional y otras instituciones!?

¿Se animará nuestro Colega Eugenio a decirnos qué quiere hacer con y/o en el CGAE? ¿Se confirmará, a este respecto, el insistente rumor de que está pactada con el Decano saliente la sustitución por él de Victoria Ortega?

Y en términos más concretos, ya sobre el programa electoral ganador: ¿Cuánto tardará el nuevo Equipo en poner en marcha la compensación de las cuotas con el monedero compensador anunciado por Eugenio Ribón?

Porque esperamos que no sea el monedero que lleva como honorable apellido el bueno de José Ignacio, su cualificado Compañero de Junta de Gobierno, el único que acabe mostrándonos Eugenio.

Son todas estas preguntas pertinentes, necesarias y útiles para ir conociendo un poco de lo que vaya a venir; pero en la mano del Decano entrante está ir despejando incógnitas.

En mi modesta opinión, las pasadas elecciones han marcado un cierto hito (eso, al menos, quiero pensar) en la dinámica del ICAM.

Si, efectivamente, se permite el voto telemático; si se habilitan distintas sedes electorales para poder ejercer el derecho de sufragio activo; si se eliminan los agujeros que oscurecen  o que casi anulan la transparencia democrática en nuestras elecciones… si todo eso se diera, el terreno de juego se ensancharía considerablemente y, además, sin árbitros parciales, con reglas del juego claras, es muy posible que mucha más gente, muchas más personas de nuestro Colegio se animaran a dirimir con otros/as (que no se me enfaden las del lenguaje inclusivo) quién tiene que gobernar el ICAM.

Muchas y muy variadas son las lecturas que yo he oído y algunas leído interpretando los resultados de las últimas elecciones, que politólogos y analistas nunca faltan para escudriñar en las vísceras del ya despiezado animal electoral.

Algunas de esas lecturas -las menos- ponen acertadamente el acento en la escasísima participación.

Sin embargo (y hablo desde mi punto de vista), en este último proceso electoral se han vertido para bien, en los distintos programas contendientes múltiples propuestas que, además de las que la candidatura ganadora llevaba en el suyo, marcan carencias muy importantes en el funcionamiento de nuestra profesión en general y del ICAM en particular.

¿Querrán el nuevo Equipo de Gobierno y el nuevo Decano hacer suyas estas propuestas o, por el contrario, como vienen de extramuros de ellos, nunca las acogerán?

¿Será el nuevo decano así de parcial y de sectario -con perdón-, o nos dará muestras de apertura de miras y de verdadero talante democrático?

En lo que a mí toca, como ya tuve oportunidad de publicar en este mismo medio de comunicación el pasado día 22 de diciembre, he aprendido muchas cosas en estas pasadas elecciones y, de ese aprendizaje, hay algo que ya no puedo evitar, que no es otra cosa que la de que, una vez ha entrado en mi organismo el “virus del ICAM”, no sólo no lo quiero combatir y expulsar, sino que estoy contento de que se haya transformado en una enfermedad crónica en mí, y estoy dispuesto a convivir con ella de manera muy activa y permanente, abierta a compartirla con quienes quieran que el ICAM funcione muy bien.

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