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La juez que presentó la denuncia contra Francisco Javier Lara evita utilizar su nombre y opta por llamarlo «él»

La juez que presentó la denuncia contra Francisco Javier Lara evita utilizar su nombre y opta por llamarlo «él»
El juicio, minutos antes de comenzar. A la izquierda, en primer término, el decano emérito del Colegio de Málaga, Francisco Javier Lara, y su abogado, José Javier Polo. En el centro, la magistrada. A la derecha el fiscal, Antonio Francisco Román Capeli. Foto: Twitter.
06/6/2023 06:31
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Actualizado: 06/6/2023 11:59
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Estela Gómez Giner, la titular del Juzgado de Instrucción 10 de Málaga que envió la denuncia contra el que era decano del Colegio de Abogados de Málaga –Francisco Javier Lara– cuando sucedieron los hechos, evitó ayer de forma expresa y ostensible utilizar el nombre del abogado durante los 30 minutos que duró su declaración como testigo.

Optó por utilizar el pronombre personal «él»; y lo tenía a pocos metros. Nada de señor letrado, o señor abogado, por ejemplo.

El decano emérito de ese Colegio, por contra, se refirió a ella como «Su Señoría» durante el interrogatorio previo que le hizo su abogado, José Javier Polo, minutos antes.

El detalle es muy significativo por lo que entraña. Por lo que sugiere.

Gómez Giner fue la magistrada que inició este proceso contra Lara después de que el 5 de mayo de 2020 la Junta de Gobierno de la organización colegial tomara la decisión de no enviar a cuatro abogados del turno de oficio a atender a otros tantos detenidos en los calabozos de la Ciudad de la Justicia de Málaga el 5 de mayo de 2020. En plena pandemia.

En esos precisos momentos ya había en España 229.325 casos diagnosticados. 122.439 personas habían sido hospitalizadas. 26.834 personas habían muerto a consecuencia del COVID; 1.334 solo en Andalucía. Nadie sabía cómo ni de qué forma se producían los contagios. Las vacunas estaban todavía muy lejos. La muerte rondaba a todo el mundo.

El contexto es esencial para entender este juicio. Ningún juez de los partidos judiciales de la provincia de Málaga convocó presencialmente a los letrados del turno de oficio a los calabozos.

Todos lo hacían a través de videoconferencia o por otros medios telemáticos.

Lara, como máximo responsable de ese Colegio, a la vista de que la pandemia se estaba cobrando cientos de vidas diariamente y considerando que los calabozos eran focos de contagio evidentes, suscribió el acuerdo de su Junta de no enviar a nadie de forma presencial.

Y de atenerse al Protocolo que en ese momento se estaba aplicando para estas asistencias, que comprendía el uso de videoconferencias.

«El contexto es esencial para entender este juicio. Ningún juez de los partidos judiciales de la provincia de Málaga convocó presencialmente a los letrados del turno de oficio a los calabozos. Todos lo hacían a través de videoconferencia o por otros medios telemáticos»

Desde el Colegio le enviaron por la tarde a la magistrada un escrito con mención al Protocolo, lo que parece que no encajó muy bien.

«El Colegio me dijo cómo tenía que organizar mi juzgado y mi guardia», explicó la magistrada Gómez Giner durante su deposición ante la magistrada del Juzgado de lo Penal 10 de Málaga, en el que Lara está siendo juzgado por un supuesto de delito de desobediencia a la autoridad judicial.

Y por lo que el fiscal Antonio Francisco Román Capeli solicita la imposición de una multa de 5.400 euros.

Una multa al decano pero no al resto de la Junta de Gobierno que suscribió dicho acuerdo.

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Francisco Javier Lara, en el centro, durante el interrogatorio al que fue sometido por su abogado, José Javier Polo, exfiscal jefe de Madrid y de Toledo y exfiscal de la Audiencia Nacional.

ESTE JUICIO CARECE DE LÓGICA

El mundo al revés. Porque no es lógico que esté teniendo lugar un juicio como este en Málaga, en el que la Fiscalía y la Justicia están dedicando tres días para resolver un conflicto que jamás tendría que haber llegado hasta aquí.

Ciertamente la sensación es que con la celebración de este juicio se ha perdido el norte «del to», que diría José Mota.

La magistrada Gómez Giner reconoció en su declaración como testigo que se enteró de la existencia del Protocolo a través de una página de Facebook.

La misma red social en la que tres días antes, el 2 de mayo, su marido Pedro Molero Gómez, también magistrado, destinado en la Sección Octava de la Audiencia Provincial de Málaga, había protagonizado un encontronazo con Lara.

«La sensación es que con la celebración de este juicio se ha perdido el norte «del to», que diría José Mota»

Y para botón, una muestra. La pregunta que le hizo el abogado del juez decano a la magistrada-testigo Gómez Giner:

– ¿Sabe usted quien pronunció la frase ‘Se acabaron las tonterías. Los abogados al calabozo que es donde deben de estar’?

La frase tenía su enjundia porque desde el comienzo del procedimiento contra el entonces decano siempre había flotado sobre ello, pero sin atribuírsele a nadie.

La magistrada negó ser la autora.

El decano emérito fue muy consistente en las preguntas que le hizo su abogado. Y razonable. Lo mismo que la magistrada-testigo, quien tuvo que ser buscada en su despacho porque pensaba que su declaración iba a ser el miércoles.

Los dos tenían sus razones. Lara, y su Junta de Gobierno -que la Fiscalía no ha imputado-, la defensa de la vida de su gente por encima de todo en aquellos tiempos, lo más parecido a los del cólera.

La magistrada, la de su fuero. Aquí mando yo porque soy la autoridad y se hace lo que yo digo sin atenerse a otras razones.

Y el fiscal, lo de probar un supuesto delito de desobediencia de forma obsesiva.

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El decano del Colegio de la Abogacía de Madrid, Eugenio Ribón, a la derecha, bajó expresamente desde Madrid para prestar su apoyo total a Francisco Javier Lara en su juicio.

A LA FISCALÍA NO LE ENCUENTRO EXPLICACIÓN

A lo de la Fiscalía, sinceramente, no le encuentro explicación. Porque el sentido común, que tendría que alumbrar su actuación, está ausente por completo.

Como tampoco es comprensible su ahínco, como si en ello le fuera más que la vida. La sensación es que para el fiscal no es un caso más. Es una cuestión personal.

¿Una prueba? Al negarse Lara a contestar a sus preguntas, solicitó a la magistrada del caso que le permitieran leer las preguntas que le iba a hacer. Algo que la propia jurisprudencia de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo prohíbe.

O la petición de interrogar al anterior juez decano de Málaga y a la secretaria judicial, testigos que había solicitado la defensa de Lara y a los que había renunciado. Una prueba que le admitió la magistrada del caso. Actitud que me recuerda a los del Manchester City en su último partido contra el Real Madrid.

Es evidente que la materialización de este juicio ha provocado una profunda división entre la abogacía, por una parte, y la judicatura y la fiscalía, por otra. Aunque es cierto que no todos.

Hay muchos jueces y fiscales –y doy fe de ello–que consideran que este juicio es absurdo y una mala forma de malgastar el dinero de los contribuyentes. Por no mencionar el espectáculo público que se está dando.

Entre la abogacía se ha producido una evidente polarización, a favor de Lara, en unos tiempos en los que se reivindica dignidad y respeto para la profesión a gritos. Muchos de sus componentes, y es comprensible, se ven identificados en Lara. Lo mismo que los testigos del Colegio. Uno miembro del turno de oficio de aquel día, y otro, una empleada del Colegio.

«Hay muchos jueces y fiscales –y doy fe de ello– que consideran que este juicio es absurdo y una mala forma de malgastar el dinero de los contribuyentes. Por no mencionar el espectáculo público que se está dando»

En la sala de vistas, en primera fila, estuvieron dos decanos muy relevantes en apoyo del decano emérito: el de la Abogacía de Málaga (como se llama ahora el Colegio de Abogados de Málaga), Salvador González y el decano del Colegio de la Abogacía de Madrid, Eugenio Ribón, que se desplazó expresamente desde Madrid para estar presente.

«Es una vergüenza que enjuicien a Francisco Javier Lara por no haber enviado abogados a la muerte en calabozos en plena pandemia cuando la asistencia de podía hacer telemáticamente. Los que hoy le procesan estaban en sus casas pasando vistas desde las pantallas o a más de 10 metros del detenido y con mamparas», declaró Ribón.

Otros 25 abogados más abarrotaron el lugar. Y más de 75 se quedaron fuera. Algunos de ellos con pancartas procedentes de Madrid, de Jaén y de otros lugares de España. Sobre todo Málaga.

Acompañando al decano madrileño estuvo el diputado del ICAM José Manuel Mayllo y los miembros de la Asociación de Letrados para un Turno de Oficio Digno (ALTODO), con su presidenta a la cabeza, Virginia de la Cruz, y sus compañeros Luis Álvarez, Isidro Moreno, Miguel Ángel Cortés y Eva Papadopulos. También estuvieron presentes miembros de AJATO Jaén.

ALTODO
Lara, en el centro, con los miembros de ALTODO. De izquierda a derecha, Luis Álvarez, Eva Papadopulos, José Manuel Mayllo, el decano emérito de Málaga, Virginia de la Cruz, Isidro Moreno y Miguel Ángel Cortes, todos llegados de Madrid.

UN PAPELÓN PARA LA MAGISTRADA DEL CASO

El miércoles continúa el juicio. El desenlace es incierto. Lo que tiene la magistrada del caso es un papelón, hay que reconocerlo.

Porque si absuelve al decano emérito se va a percibir como una victoria de la abogacía sobre la judicatura y la fiscalía. Y si lo condena, como una victoria de la judicatura y la fiscalía sobre la abogacía.

Haga lo que haga no va a contentar a nadie.

La verdad es que no se tendría que haber llegado hasta aquí.

Lo que demuestra es que algunos –algunos, subrayo– que visten togas con puñetas van por la vida como pollos sin cabeza, movidos por impulsos irreflexivos.

Y esta es la prueba más evidente.

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